ABBOTT, UN CUESTIONADO INMUTABLE


VOOXPRESS.CL.- Tendrá que agregarse a la interminable nómina de chilenos de cierto rango que van por la vida sin rubor alguno, pese a ser protagonistas de capítulos poco limpios, cuestionables o derechamente sucios. Jorge Winston Abbott Charme (72) es uno de ellos.

El Fiscal Nacional fue literalmente barrido por un fallo del pleno de la Corte Suprema que lo menos que ameritaba era que presentase su renuncia en forma inmediata. Él, inmutable e inconmovible, se limitó a decir que “no hay que hacer olitas” y que “son cosas que pasan”…

Consecuencia de una antigua rencilla personal entre ambos, Abbott ofició a la Corte Suprema para que destituyera al Fiscal Regional de O’Higgins, Emiliano Arias, pero el pleno, por un categórico 11-3 votó en contra de la alegación del jefe del Ministerio Público. Los argumentos de los máximos magistrados dejaron por los suelos los suyos, llegándolos a calificar de “bagatela”. Es posible que habiéndose tratado de otra persona, con otros valores y con otro sentido de la vergüenza, hubiese presentado su inmediata dimisión.

En una sentencia de 51 páginas, los ministros estamparon sus argumentos, los cuales concluyeron que en su solicitud de remoción del Fiscal Regional, “Abbott cometió un error”, al sancionar a Arias con la suspensión de dos meses de sus funciones y con goce de media remuneración, para, luego, además de ello, solicitarle al máximo tribunal que aprobase su destitución.

Según el fallo, “al suspenderlo de sus funciones por dos meses con goce de media remuneración, ejerció su potestad sancionatoria, la que no puede ser desplegada en otro procedimiento distinto de aquel”. La Suprema concluye que “los hechos que fundamentaron las causales esgrimidas no son de tal envergadura para que su reproche merezca imponer su exoneración del Ministerio Público”.

Incluso, el magistrado Carlos Künsemüller, en la argumentación de su voto afirma que “del análisis de los antecedentes leídos y oídos, aparece que varios de los casos denunciados como de gravedad extrema y conducentes a la destitución del funcionario acusado, son más bien infracciones de menor entidad, de bagatela e, incluso, de índole meramente doméstica”.

Desde su nombramiento en 2015 por la (ex) Presidenta Bachelet, Abbott ha sido permanentemente cuestionado por su imparcialidad ideológica y por sus discutibles competencias para ocupar y desempeñar un cargo de esa envergadura. Toda su carrera la hizo en la Corporación de Asistencia Judicial y la única vez en que ejerció libremente su profesión de abogado fue, coincidentemente, durante los años del primer Gobierno de Sebastián Piñera.

Siendo alumno de Derecho de la Universidad Católica de Valparaíso ingresó a la democracia cristiana, pero, al igual que decenas de sus congéneres, abandonó el rebaño de la frustrada Patria Joven de Frei Montalva para adherir a Salvador Allende desde las filas del MAPU. Se tituló tardíamente en 1979, a los 32 años.

En medio de las negociaciones para heredar el cargo dejado por Sabas Chahuán, el saliente Fiscal Regional de Valparaíso y ya ratificado como nuevo titular del Ministerio Público, tuvo una reunión privada en casa del influyente senador (PPD) Guido Girardi, en la cual participaron también Marco Enríquez y el abogado Ciro Colombara, interviniente, en esos días, en los casos de SQM y Caval. Abbott declaró que se trató de “un encuentro de índole social”…De pasó, reveló que su prioridad iba a ser “el cierre rápido de todos los casos de corrupción”.

Antes de esta contundente derrota infligida por la Corte Suprema, Jorge Abbott estuvo involucrado en un entredicho por la designación en el Ministerio Público del hijo del senador socialista Carlos Montes. Después se tomó la libertad de llegar a un entendimiento con el Arzobispado para establecer un “convenio de regulación” para los casos de sacerdotes acusados de abusos sexuales. Ante la adversa reacción general y frente a la amenaza de la Cámara de Diputados de citarlo a declarar, comunicó haber anulado el insólito acuerdo.

Hizo vista gorda en un emblemático caso en la Fiscalía de O´Higgins en el cual se decidió un arbitrario e intencional cambio de persecutor para desformalizar a tres formalizados por contrato simulado.

En varias ocasiones, la Asociación Nacional de Fiscales lo ha criticado por sus “claras preferencias” en las designaciones. Se le imputa otorgar una protección especial a Sergio Moya, el segundo en la Fiscalía de O’Higgins y generador de las denuncias en contra de Alejandro Arias.

Raya para la suma, la máxima autoridad del Ministerio Público terminó derrotado en su pugna personal con Arias, pero lo más gravitante, y desgraciado para él, fue la demoledora sentencia de la Corte Suprema, que lo dejó en mal pie como administrador de su función y le puso un rojo en su condición de jurista.

Con una desvergüenza a prueba de todo, tras el fallo declaró que “ahora veré si Arias quiere seguir en el Ministerio”…, mientras el ‘acusado’ se jactaba, y con razón, que “con este gran respaldo de la Suprema retomaré a mi puesto de Fiscal Regional”. Así lo hizo, querellándose, incluso, contra quienes lo denostaron ¿Abbott?: de vacaciones en sus añoradas tierras de la Quinta Región.

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