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EL GOBIERNO Y LA LÁPIDA QUE LE FALTABA

February 23, 2020

 

VOXPRESS.CL.- “Todos queremos un país mejor, todos queremos una mejor Constitución, todos queremos hacer cambios para que tengamos un país más inclusivo y mejor para todos los chilenos”.

 

Estas expresiones tan enfervorizadas no corresponden a nadie de la izquierda ni a ninguno de los partidarios del Apruebo en el plebiscito constituyente, sino, ni más ni menos, a la ministra Secretaria de Gobierno, Karla Rubilar. Incluso, fue más allá, al anunciar una campaña publicitaria y en terreno elaborada por La Moneda para “incentivar la asistencia a votar” el 26 de abril, “un día histórico para Chile”…

 

En su éxtasis de entusiasmo, la ministra Rubilar comentó que “queremos superar la altísima votación de un 49% obtenida por el Presidente Piñera en diciembre de 2017”.

 

Dicho anuncio, que bajo ningún motivo puede considerarse un pensamiento personal de la ministra, es la lápida que faltaba para sepultar por completo, y definitivamente, cualquiera sintonía del Presidente de la República con quienes el 17 de diciembre de 2017 hicieron posible su regreso a La Moneda. La centroderecha y la ciudadanía en general no eran partidarias, ni lo son, de forzar por intereses meramente ideológicos de la izquierda una nueva Constitución, y jamás un proyecto de esta naturaleza estuvo en el programa de campaña ni en los planes del Gobierno de Chile Vamos.

 

Del poco cuidadoso vocabulario de Rubilar –muy similar al de su jefe-  se desprende, casi por obviedad, que el Chile de hoy, presidido por Sebastián Piñera, no es un buen país ni inclusivo, y que ello será posible con una nueva Constitución, ideológica desde luego, para materializar esos objetivos. La conclusión de estas desventuradas  afirmaciones de la ministra es que La Moneda dejó de ser neutral y optó por una de las alternativas, la impulsada por la izquierda.

 

Su comentario es la prueba que faltaba para dejar en evidencia que el Gobierno está abiertamente jugado a favor de una nueva Constitución. Las palabras de la ministra exceden, por lejos, ser un simple llamado a la “participación” –lo que ya es incorrecto- porque instan derechamente a “hacer cambios para un Chile mejor”.

 

Luego de la trampa que le tendió la oposición con el Acuerdo de Paz, y que le permitió a Piñera aferrarse a duras penas al poder, el giro presidencial en materia constitucional fue escandaloso. Obligado por la oposición parlamentaria firmó el decreto oficializando un plebiscito inédito y, luego de presentar como suya la idea, llamó a todo el entorno del Gobierno a mantener “abstinencia total” y evitar opiniones en uno u otro sentido.

 

Sin embargo, y aquí viene su segunda vuelta de carnero, en un ampliado Consejo de Gabinete del 1 de febrero para fijar las prioridades del 2020, estableció que uno de sus tres pilares, “para el año”, sería “promover el normal desarrollo del proceso constituyente”, ello sin prevención alguna respecto de la incógnita de su realización en medio de un país estremecido por la violencia política y arrasado por el vandalismo.

 

Constitucionalmente, a los Gobiernos les está vedado un rol protagónico en los actos electorales, porque éstos son de exclusiva responsabilidad del SERVEL. Ignorando esta condicionante, La Moneda ha incurrido en dos errores políticos de la mayor gravedad: Una es ignorar a su sector, que todos los fines de semana marcha en favor del Rechazo, y omitir a los dos mayores partidos oficialistas contrarios a una nueva Constitución; y la otra, más infeliz aún, es violentar el concepto de voluntariedad del voto, instigando a hacerlo a gente que carece de conocimientos e interés en la materia.

 

Una reciente radiografía de las aspiraciones ciudadana reveló que la idea de una nueva Constitución no está entre los primeros diez requerimientos de la población.

 

Es humanamente admisible que individuos tan entreguistas, y que quieren salvar sus imágenes a cualquier precio, se antepongan al riesgo de otra derrota política y opten por entregar señales públicas asquerosamente populistas. No se puede tolerar la traición a un ideario histórico y sumarse irresponsablemente a una muy cierta amenaza a la institucionalidad y a la democracia. Un error tan feroz como haberse acobardado en hacer respetar la autoridad con un Estado de Emergencia permanente sólo para salvar el pellejo personal, es, ahora, consumado con esta hilera de acciones pro izquierda, anunciada por la ministra Rubilar.

 

Si ya ni siquiera parece importar el atropello a la abstinencia gubernamental proclamada, montar una campaña con fondos que escasean en el Fisco, propiciando que hasta los desinteresados concurran a votar y ensalzar como “histórico”  un plebiscito que siempre soñó exclusivamente la izquierda, es el preámbulo de una de las capitulaciones políticas más vergonzosas de que se tiene recuerdo y, consecuencialmente, marca el fin de los pocos vestigios de apoyo que le iban quedando al Gobierno.

 

 

 

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