EL FUTURO DE CHILE LO DEMANDA: ¡NO!

January 4, 2020

 

VOXPRESS.CL:- Las fechas catastróficas para el destino de Chile parecen tener un denominador común: el desinterés y la desinformación. Para la elección presidencial del 4 de septiembre de 1970, la ciudadanía nunca asumió la posibilidad  de una victoria marxista y, al final, debió aceptarla con lágrimas y resistirla durante mil días. Ahora, para el 26 de abril, más de 15 millones están convocados nuevamente a pronunciarse acaso quieren volver a ser sometidos por el yugo del socialismo. Así de directa y simple es la disyuntiva del plebiscito fijado para una eventual nueva Constitución Política.

 

Para evitar otra trágica aventura como la de la Unidad Popular, primero que todo hay que informarse adecuadamente, y para ello basta con aclarar una sola desinformación con la cual la izquierda quiere confundir a la población: una nueva Constitución no mejorará las pensiones, ni subirá los salarios ni abaratará el costo de los fármacos.

 

Todas las mejoras sociales que demanda el sector más vulnerable de la comunidad son posibles gracias a leyes y decretos responsabilidad compartida  del Ejecutivo y el Legislativo.

 

La Constitución se aboca a la institucionalidad y al funcionamiento estructural del Estado. Es ella la que establece las libertades y derechos individuales, como, por ejemplo, el de propiedad, de desplazamiento, de expresión y de pensamiento, los que funcionan espontáneamente en regímenes libres, como Chile. Si éstos son restringidos o anulados, como ocurre en Gobiernos totalitarios, es porque así lo establecen sus propias Constituciones, como en Cuba y en Venezuela, en los cuales las personas son sometidas casi como esclavos.

 

La Constitución no se ocupa de las listas de espera para una cirugía en hospitales públicos ni de los valores del transporte público. Creer ello es candidez e ignorancia, y confiar en quienes cuentan y divulgan tales falsedades puede resultar un error de inmedibles consecuencias.

 

El engaño de la izquierda llegó al extremo de intentar que votasen en el plebiscito menores de  entre 14 y 17 años para aprovechar sus cuadros adolescentes, adoctrinados en escuelas y liceos, y prematuros expertos en bombas y explosivos. La influencia de estos precoces extremistas en el resultado  del plebiscito no habría sido, precisamente, para contribuir a alguna ficticia demanda social…

 

De aprobarse, que fantástico sería que una nueva Constitución estableciera que todos los parlamentarios –los que hacen las leyes- deban ser profesionales con currículum top,  para garantizar una adecuada preparación intelectual,  y que todos los candidatos al Congreso tengan que someterse a un examen antidrogas. Pero como son los actuales diputados y senadores, privilegiados con un fuero injusto, corruptos, mediocres y explotadores del esfuerzo de los contribuyentes, quienes tienen en sus manos y manejan el plebiscito y todo lo oscuro y fraudulento que resulte de él, nada bueno se puede esperar.

 

Lo que pretende la izquierda es aprovecharse del desconocimiento de la gente, utilizarla a través de un voto desinformado, y, así, introducir el Caballo de Troya que ha preparado con tanta minuciosidad como el Golpe del 18/O.

 

Para ese fallido intento de derrocamiento presidencial y sepultar el modelo neoliberal, la izquierda argumentó, engañosamente, que se trató de un estallido a causa de reprimidas demandas sociales. Convenció a los incautos de que fue la explosión de rabia acumulada durante 30 años, la que “casualmente” coincidió con un Gobierno de centroderecha…

 

Para este planificado Golpe político, posterior a la renuncia del Presidente venía el reemplazo del modelo por uno ‘madurista’, tal como, desde Caracas, lo reveló el dictador socialista venezolano, y ello a través de una nueva Constitución “emanada directamente desde el pueblo”.

 

Esto es lo que se persigue ahora para Chile y nada más que esto: todo lo demás es música. En calles del centro de Santiago se está vendiendo con el mayor sigilo el proyecto de nueva Constitución redactada por el PC. Es un documento impecablemente escrito y empastado.

 

Ante un eventual triunfo del SÍ, cualquiera de las dos alternativas de convenciones para elaborar el texto no constituye garantía de transparencia ni menos de preservar la democracia. Ambas  son vías ideológicas para conducir a Chile hacia un sistema totalitario. En el evento de ganar el proceso mixto, parte sustancial de los elaboradores del texto serán los mismos odiosos congresistas opositores actuales y que persisten en la caída del Presidente.

 

Como, lógicamente, resulta estéril todo esfuerzo que se haga para demostrar a la izquierda que le miente y engatusa a la población, hay que poner énfasis en los independientes y neutrales que corren el  riesgo de ceder frente a falsas historias sobre una mejor calidad de vida de aprobar la nueva Constitución. Más empeño aún hay que enfatizar sobre quienes el 17 de diciembre de 2017 votaron por sacar a la izquierda del poder, porque están siendo víctima de una traición –sí, así de claro- de parte del que alguna vez consideraron ‘su’ Gobierno.

 

Una nueva Constitución jamás de los jamases estuvo en el programa de Chile Vamos. Como toda norma es perfectible y sujeta a mejoras, como lo hizo Ricardo Lagos el 2005, pero eliminarla para sustituirla por un modelo socialista, nunca figuró en los planes del oficialismo, sólo hasta ahora en que, para evitar una renuncia que heriría de muerte  su orgullo, el Presidente se acopló, sin quererlo ni desearlo, a la campaña de la izquierda, y ello con un entusiasta respaldo de un sector impensadamente progresista de Renovación Nacional.

 

Pese al perenne escenario de incertidumbre reinante en el país, e incluso más allá de las prepotentes amenazas izquierdistas de que el vandalismo aumentará en caso de que se imponga el NO, el chileno que se equivoque o escuche cantos de sirena puede cometer un error histórico del que se arrepentirá de por vida.

El 26 de abril no hay más que una alternativa: el NO. El futuro del país lo demanda así.

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