JAMÁS EL PAÍS VOLVERÁ A SER EL MISMO

December 29, 2019

 

VOXPRESS.CL.- A sólo horas de entrar a un nuevo año, los ciudadanos tendrán que hacerse definitivamente a la idea de que su país no volverá a ser, probablemente nunca más, como lo era hasta el 18 de octubre. La fatalidad de dicha fecha tendrá que ser recordada con un sentimiento similar al 4 de septiembre de 1970, cuando en un hecho inédito en la historia política mundial, Chile se transformó en la primera nación en elegir voluntaria y libremente a un Gobierno marxista.

 

Pero en el vínculo de ambas fechas existe una diferencia notable: de aquel régimen pro cubano y pro soviético, el país se salvó gracias a la intervención militar, en cambio de esta asonada extremista de izquierda, así como se están desarrollando los hechos, no parece haber salida.

 

Al no producirse una sola reacción del Gobierno y de sus partidos de la centroderecha al ataque insurreccional maquinado desde Venezuela, la izquierda quedó con todo el campo a su disposición, y desde aquel fatídico día sigue actuando con soberbia, violencia y con absoluta impunidad.

 

Como muchísimos incautos continúan creyendo que, efectivamente, se trató de un “estallido social” -como lo cuenta torcidamente el periodismo-, hay que aclararles que, incluso desde antes del 18/O, en el país se dejaron de respetar muchas leyes y quienes las violan no tienen sanciones: para el inhibido y poco corajudo Gobierno, hacerlo sería “incorrectamente político”.

 

Sin siquiera animarse a aventurar qué le espera a Chile después del plebiscito constitucional, tan sólo lo que ha ocurrido en un par de meses da cuenta de que la izquierda, cierta de su impotencia para volver a La Moneda, logró  “por secretaría” lo que no podría a través de  las urnas. El dantesco espectáculo del arrasamiento de ciudades, el saqueo de locales comerciales, la intencional interrupción violenta de la red distribuidora de insumos, el centenar y medio de incendios provocados y la utilización, ayer y hoy, de diferentes tipos de armas para oponerse a las policías, no se habían visto nunca antes en la historia de las manifestaciones públicas.

 

Durante la Unidad Popular hubo inusitada violencia por los enfrentamientos callejeros entre civiles y los ataques al “imperialismo” fueron sin destrucción ni incendios: se trató de tomas con despojo de propiedades rurales e industriales, expropiaciones por la fuerza, que hoy los comuneros comunistas de La Araucanía denominan “recuperaciones”. Con el ‘octubrazo’,  comparativamente la realidad es muy diferente: no hubo civiles que salieran a defender la democracia, ni menos a un Gobierno que no lo sienten propio, y los embates contra ‘el sistema’ fueron con odio, destruyendo y robando todo, con el consiguiente resultado del desempleo. Por cada supermercado arrasado y quemado, un promedio de 70 familias quedó sin sustento económico y la población aledaña quedó sin abastecimiento…hasta hoy.

 

Han pasados dos meses desde la sublevación ideada en Caracas y aún no hay ningún extranjero sospechoso de haber intervenido en ella, pese a la existencia de innumerables videos donde se aprecia a venezolanos chavistas instando “al combate” a grupos de jóvenes. Megáfono en mano e identificándose con su nombre y apellido, a un infiltrado enviado por Nicolás Maduro se le ve en acción  en la plaza de Talca y a otro, dando instrucciones a manifestantes vestidos de negro en el centro de Concepción. Habrá que darse con una piedra en el pecho que con el Servicio de Inteligencia del Ejecutivo todavía Chile no haya sido invadido…Al día siguiente de que el corrupto Evo Morales renunciara y huyera desde Bolivia, la policía arrestó a venezolanos chavistas ilegales y ordenó la salida de 80 cubanos, 60 médicos y 20 agentes secretos que se hallaban en el país prestando “cooperación”.

 

Acá, en cambio, sólo el 20 de diciembre, el Gobierno entregó “antecedentes” al Ministerio Público, cuyos fiscales no han actuado “porque nadie nos ha dicho contra quién”, postura muy diferente a la que asumieron con carabineros, contra quienes procedieron de hecho.  De nada sirvió, pues la Fiscalía respondió que “no se puede utilizar datos secretos como pruebas”…Dentro del barullo originado por la masividad de las manifestaciones, saqueos y destrucciones, la policía puso en manos de la Justicia un total de 145 detenidos por desmanes y atentados a la propiedad privada: hay apenas 14 con medidas cautelares y el resto quedó libre.

 

Previo al 18 de octubre, los organizadores de cualquiera marcha que ocupase espacios públicos debían solicitar autorización a la Intendencia. Hoy ese procedimiento no existe y las hordas ocupan las calles y cortan el flujo vehicular a cualquiera hora y en cualquier lugar. Destruyeron una plaza símbolo de la capital, la Baquedano, y no hay un solo responsable. Días atrás, allí mismo y sin permiso, se montó un recital de música pop, progresista obviamente, y ni siquiera se cursó una infracción. Pero hay más: nunca antes, manifestantes se habían introducido hasta el mismo hemiciclo de la Cámara.

 

Un derecho consagrado en la Constitución, el de libre desplazamiento, desapareció definitivamente y nadie se los cautela al millar de personas que diariamente son obligadas a tomar rutas alternativas, y más demorosas, para llegar a sus trabajos o a sus hogares.

 

En este mundo al revés, los únicos culpables y acusados “de todo”, hasta con invenciones, como la del agua contaminada, son los carabineros, pese a que se les agrede y hiere con bombas Molotov, hondazos, piedras y fuegos artificiales, los que están prohibidos por ley…. Los encapuchados, ahora tácticamente adiestrados, les hacen encerronas bien planificadas, obligándolos a huir, al igual como a funcionarios de la PDI.

La calle está a libre disposición de la extrema izquierda.

 

Los responsables de poner en marcha este ‘nuevo orden’ están en el país y son generosamente entrevistados para que desplumen a un Gobierno con el moño abajo, y lo responsabilicen del excesivo uso de la fuerza en contra de “inocentes jóvenes que protestan pacíficamente”. Estos patrocinadores del caos están dentro del Congreso Nacional, para la foto firman acuerdos de paz pero alientan la insurrección y se hallan en plena campaña para imponer una nueva Constitución absoluta y definitivamente anti democrática, con la finalidad de atar de manos a cualquier Gobierno futuro, especialmente a uno de centroderecha. Los mismos que se pusieron rojos de ira al conocer la glosa de los senadores designados en la Constitución del 80, hoy pugnan para que haya parlamentarios que no sean elegidos por voto popular.

 

Nunca la ciudadanía había expresado la necesidad de una nueva Constitución entre sus demandas: no le interesa ni conoce el tema. Pero la izquierda se aprovechó de la debilidad del Gobierno para hacerlo a través de un engañoso y manipulado plebiscito.

 

Para mal de males, con una nueva Constitución, Chile cambiará de nombre: se llamará República Plurinacional en honor a los pueblos originarios, de los cuales, en algunos casos, no hay rastros. Al revés de Bolivia, que lleva esa denominación por su 80% de población aborigen, acá esa cifra no llega al 10%.

 

Sólo algo más de dos meses han  pasado desde que la izquierda pasó a tener el mando no habiendo sido electa en las urnas, y ya es fácilmente advertible el tremendo daño que causa cuando se apodera de un país. Chile fue un fenómeno mundial el 4 de septiembre de 1970 y ahora lo ha vuelto a ser, por constituirse,  también en el primero, en que un Gobierno democráticamente electo, y por amplia mayoría, le concede el dominio a la minoría derrotada para que haga lo que se le venga en ganas.

 

La evidencia de que jamás se ha atrevido a defender a quienes lo eligieron, lo demuestra el fantasioso argumento de uno de sus ministros para justificar lo inexplicable. El titular de Desarrollo Social manifestó que “la gente oprimida por el narcotráfico en sus barrios periféricos se cansó y salió hacia otros lugares a expresar su desahogo”…Y para rematarla, el jefe de Interior, en un informe, culpó de gran parte del vandalismo juvenil a la influencia del pop coreano.

 

¿Se da cuenta porqué Chile es otro, para mal y, probablemente, para siempre?

  

 

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