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LOS SOLDADOS DEL EXTREMISMO

November 9, 2019

VOXPRESS.CL.- De haber caído el Gobierno producto de la insurrección extremista, el panorama que se observa en las calles de ciudades del país, y que tiene a la población hastiada e histérica por la imposibilidad de hacer su rutina normal, habría sido otro.

 

Pero el escenario público desde antes del Golpe fallido hasta la fecha, al margen de merecer el repudio general, es la consecuencia lógica de una larga y progresiva degradación moral de nuestra sociedad y, muy particularmente, consecuencia de la incesante conquista de cerebros frágiles de nuestra juventud que, por años, ha hecho el comunismo, ahora complementado por el Frente Amplio.

 

Utilizar vagamente el concepto de “la gente” para graficar a esta masa amorfa de manifestantes es de mala fe. De los 12 millones de trabajadores –reales- que existen en el país, se calcula en un 0.5% el número de ellos –fundamentalmente, directivas sindicales con fuero- que adhieren a las manifestaciones planeadas y ejecutadas por el PC, el FA y la diversidad de movimientos antisistémicos que lo quieren destruir todo. Cifras de los propios convocantes a los siempre violentos y descontrolados desfiles callejeros apuntan a un promedio, máximo, de 500 mil individuos que continúan generando desórdenes en las más importantes ciudades del país. El 80% de esa cifra corresponde a jóvenes, ya sea en edad escolar, de enseñanza media y superior o, simplemente, que no estudian ni trabajan.

 

Esto es, una fracción mayoritaria de “la gente” está trabajando y sólo una minoría, que lo alborota todo, continúa en las marchas. La que permanece generando incomodidades a los demás está constituida por  los soldados del extremismo.

 

Fueron ellos los que aportillaron el primer Gobierno centroderechista tras el retorno a la democracia, forzando el regreso al poder de una socialista, y fueron ellos quienes dieron señales claras de lo que vendría con las tomas y asaltos a sus propios liceos, al punto de quemar a profesores y también sus propias aulas.

Ejemplo rotundo de ello es que en la otrora ‘cuna de la educación chilena’, el Instituto Nacional: 40 jornadas diarias de clases no pudieron realizarse y 400 de sus 4.000 alumnos abandonaron el liceo para buscar en otro lugar la paz para poder estudiar.

 

Fueron estudiantes extremistas del Instituto quienes recibieron la orden de iniciar la insurrección en el Metro con la evasión del pasaje escolar –sin alza para ellos- y, luego, con la destrucción a puntapiés y con herramientas de torniquetes y validadores.

 

Como el extremismo no logró su objetivo de derrocar al Presidente, específicamente el PC no pierde las esperanzas de ello mientras mantenga en vigencia su anunciada acusación constitucional contra el Mandatario. Con ese fin,  debe preservar el estado de caos en Santiago y, coincidentemente, en ciudades de alta población flotante estudiantil, como Concepción, Valparaíso y Temuco.

 

Hay que tener presente que el extremismo domina el 85% de los centros de alumnos secundarios y universitarios de la educación pública, y de los 10 consejeros nacionales del Colegio de Profesores, 8 son militantes del PC, PS y FA.

 

El gurú italiano del comunismo, Antonio Gramsci, instruyó a los marxistas del mundo infiltrarse en la educación y en la Iglesia Católica. El PC chileno lo siguió al pie de la letra y adoctrinó a los estudiantes de Pedagogías para que éstos, ya profesores, hicieran lo propio con sus alumnos.

 

Los resultados están a la vista: al recibir concientización en lugar de contenidos no sólo son unos ignorantes, sino unos iracundos irrefrenables capaces de la peor de las agresiones y el más deleznable de los actos.

Es duro decirlo, pero el estado del estudiantado público en Chile es una real y gran tragedia que tiene medio paralizado al país y en ruinas su economía, pero, peor aún, cuyo aporte al futuro de Chile es de menos cero. Alumnos de octavo básico aún no aprenden a leer y un 10% de quienes ingresan con gratuidad a las universidades deserta antes de concluir el primer año por no ser capaz de aprobar los ramos.

 

En lo estrictamente pedagógico, nada se puede esperar de un magisterio que predica la educación de calidad pero no la practican, y vive más preocupado de cumplir las directrices de sus partidos que de pasar materias y enseñar conocimientos: en prisión preventiva se halla un académico de matemáticas que fue el primero en iniciar la destrucción de la estación San Joaquín del Metro.

 

En cuanto a lo social, el panorama es conmovedor y sin salida, pues un gran número de jóvenes, imposible de cuantificar, está más dañado todavía a causa de un hogar desintegrado y violento, que no ofrece apego alguno, el cual intentan encontrarlo a través del alcohol y las drogas: un 60% del estudiantado reveló consumir algún tipo de estupefaciente.

 

Si escuelas, liceos, institutos y universidades públicas hubiesen decidido retomar sus clases, no habría marchas, ni violencia ni carabineros maltrechos. Es este fragmento de nuestra sociedad, irremediablemente insalvable, el cuadro permanente del extremismo llamado para ejecutar las peores de sus escenificaciones. Y seguirán allí, acentuando la anormalidad ciudadana, hasta que el PC no logre algún objetivo concreto. Hay que armarse de paciencia frente a esta tragedia nacional de una juventud que fue envenenada y que ahora transmite su veneno.

 

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