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EL MUNDO AL REVÉS EN LA EDUCACIÓN

September 14, 2019

 

VOXPRESS.CL.- No fue muy advertido un hecho que refleja que la ‘modernidad social’ no va de la mano con la lógica social. Fruto de los “excesos de libertad”, a los que ya en el siglo IV aludía Sócrates, se ha modificado el orden natural de la existencia humana.

 

En un acto que para muchos pasó inadvertido, el sostenedor del Instituto Nacional (IN), el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, firmó un protocolo con su Centro de Alumnos, en el cual se compromete a realizar transformaciones en el establecimiento. La idea del jefe comunal, estimulada por la Intendenta Metropolitana, Karla Rubilar, es terminar con la ola de violencia y saqueos en el establecimiento en protesta por la “mala educación” que está impartiendo...

 

La situación del IN llegó a ser insostenible por la actuación irracional de los ‘overoles blancos’, agitadores anarquistas y extremistas,  internos y externos, que obligaron, primero, a anticipar las vacaciones de invierno y, luego, a ubicar policías incluso en los techos del emblemático liceo, transformado en cuna de violencia juvenil.

La primera etapa de esta “transformación largoplacista” incluye la reparación de salas, las que el presidente de los alumnos, Rodrigo Pérez, calificó de “inadmisibles”. Cuando a éste se le consultó acaso el acuerdo con la municipalidad contemplaba su compromiso de impedir la acción de encapuchados con bombas Molotov en el recinto, respondió que “el que no siga habiendo violencia no lo pueden garantizar ni la rectora del liceo ni el Presidente Piñera”…

 

De este singular protocolo se pueden concluir claramente las cusas por las cuales la educación pública está irremediablemente infectada por una confusión de roles.

En el caso específico del IN, quedó demostrado que, hoy, el estudiantado es el que manda e impone sus reglas, y que dejó de existir la histórica pirámide que por más de un siglo  permitió el egreso, y la existencia, de verdaderos genios en innumerables disciplinas del conocimiento.

 

Así como el rol de un niño es el juego y el de un adulto, el trabajo, el de los estudiantes era –porque ya no lo es- el estudiar, nada más que eso. Sobre ellos, tenían a dos grupos vigilantes  que cautelaban que efectivamente lo hicieran: los profesores, liderados por un rector de excelencia y representativo, y los apoderados. El poco pero evidente progreso del país y la admiración, incluso internacional,  hacia varios exponentes de diferentes áreas del saber y de las artes, se debe a esa ‘disciplina del estudio’, que, gustara o no, se asumía como un deber en  escuelas, liceos y colegios.

 

Se trataba de una triangulación producto del orden natural de la enseñanza: si un profesor –en tiempos de genuinos maestros, no ideologizados- percibía un bajo rendimiento en un alumno se lo hacía saber al apoderado, porque era éste el primer empeñado en que a su pupilo le fuese bien para que derivase, posteriormente, en un adulto preparado y responsable de su trabajo.

 

No deja de ser revelador, y desalentador, que el protocolo de acuerdo en el IN se haya firmado entre el ‘dueño’ del liceo y los alumnos. La rectora –recién asumida- y su plantel de profesores son hoy tan irrelevantes como los primeros responsables de la educación de niños y jóvenes, sus padres.

 

El abismante deterioro en la formación de los profesores  -con más baños de ideología que de academia-, y la progresiva descomposición de las familias, condujeron al escenario actual. Hijos en estado de abandono, sin padre o madre y con los peores ejemplos al interior de sus propios hogares, carecen del estímulo más básico de todos,  hallándose en edades casi de vida o muerte para su futuro.

 

El negro porvenir no lo mejora un protocolo para reparar las salas de clases ni sumas, ni restas de ramos obligatorios u optativos  permitirán transformar a ignorantes en sabios.

Recomponer el orden familiar, para que de allí provenga la orientación y fiscalización de los hijos estudiantes, a estas alturas ya es imposible.

Es más, la decadencia en el ámbito del hogar cobra cada día más volumen. En cuanto a los profesores, éstos, de modo galopante, son cada vez menos preparados y más ideologizados, incapaces, siquiera, de avizorar que dentro de muy poco serán sustituidos por máquinas animadas y entretenidas que transmitirán de modo más relajado y convincente los contenidos a los alumnos, y, lo más radical, preparándolos en materias del día, y no como ahora que se les entregan a sabiendas de que a breve plazo no les significarán rédito alguno.

 

Debe ser desesperante la sensación de quienes han investigado y saben qué tipo de educación debe impartirse para ir adecuando, desde ya, a niños y jóvenes al ‘mundo inteligente’ que se viene encima con inusitada rapidez. Deben sentir una gran impotencia quienes han alertado, alertan y seguirán alertando respecto al mañana, en tanto el país continúa sin solucionar la violencia de los estudiantes agitadores, preocupado más de un vidrio roto que de una enseñanza futurista, con profesores alineados con la política y no con el conocimiento y con apoderados que rechazan que sus hijos asistan a clases custodiados para evitar que les caigan bombas incendiarias.

 

Como en muchas otras áreas capturadas por las precariedades y limitaciones de nuestros paupérrimos políticos, la educación, tan sensible y significativa, va mal, muy mal, y mañana seguirá peor.

 

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