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EL AUTO ENGAÑO DEL PS

September 8, 2019

 

VOXPRESS.CL.- Es una escena que algunos pocos retienen en sus memorias y que refleja, en alguna medida, el estado de irritación permanente en que viven algunos políticos de la izquierda opositora.

 

Ocurrió en plena Unidad Popular, durante uno de los recordados programas de “A esta hora se improvisa”, cuyas ediciones semanales en blanco y negro capturaban a las audiencias, a esas alturas apasionadamente divididas.

A uno de los espacios, la producción invitó a participar como panelista ocasional a un joven egresado de Derecho y militante del MAPU. Furibundo defensor de Allende y de la UP, se enardeció con un comentario  del escritor y diplomático Enrique Campos Menéndez (QEPD), se levantó de su asiento y se dirigió donde éste con la intención de agredirlo. Ese exaltado joven se llama José Miguel Insulza, actual senador del PS.

 

Conocido por sus temperamentales reacciones, suele cambiar de estado de ánimo con facilidad. Es ‘polvorita’, y ante el menor contratiempo se sale de sus casillas: fue el primero en  atacar duramente a la disidencia del PS, tras las elecciones internas, y fue quien exigió que la ministra vocera ofreciera disculpas públicas por vincular a su partido con el narcotráfico y fue quien ideó el boicot a subsecretarios y asesores de Gobierno, impidiendo su presencia en las Comisiones de la Cámara y del Senado.

 

La suya fue una reacción visceral,  porque él, como el país entero, conoció en detalles  los nexos y la injerencia de pandillas de San Ramón en los asuntos del PS, revelados sin desmentido por un programa de televisión. La ciudadanía también se informó, por boca de un diputado socialista, que los militantes narcos expulsados participaron en las elecciones internas del 26 de mayo, y de las cuales, el tribunal supremo debió anular todos los votos de aquella comuna.

 

El desconocer la realidad parece haberse convertido en un hábito –malo, desde luego- para el PS. Se niega a dar crédito que, esta vez,  no tendrá salvadora, como lo fue Michelle Bachelet; se resiste a creer en que la izquierda tiene a una postulante disparada, Beatriz Sánchez, y como ya tomó conciencia de que el próximo Presidente no será de sus filas, actúa como un niño taimado.

 

En su incesante búsqueda de pactos electorales para robustecer a la izquierda frente a la derecha, ya fracasó en su intento de un gran bloque opositor, lo que ha sido recientemente reconocido por la diputada Maya Fernández, figura influyente de la disidencia. En su porfiada campaña de forzar alianzas, ha tenido la soberbia de imponer condiciones, una de las cuales es la defensa de “la obra” de Bachelet: omitirá alianzas de cualquier tipo con aquéllos que no reconozcan el “legado” de la ex Presidenta.

 

Su postura férreamente obstruccionista obedece al compromiso de que no se cambie una línea de todo cuanto proyecto presentó la ex Mandataria durante su administración. Los socialistas siguen haciendo alusión a Bachelet como “la Presidenta”, así, en el modo verbal presente.

 

En su apasionamiento, el PS parece no dimensionar el origen del triunfo de Chile Vamos: el desencanto y la desilusión por la gestión de Bachelet. Ésta no cumplió con muchas de sus promesas, sino logró, gracias a su mayoría parlamentaria, aprobar varias otras que significaron un gran retroceso al país.

 

Entidades financieras internacionales, como el FMI y el Banco Mundial, así como el Wall Street Journal,  vaticinaron que la reforma tributaria ideada por Alberto Arenas aniquilaría la inversión. Incluso, desde partidos afines a la (ex) Nueva Mayoría le pidieron al ministro de Hacienda que escuchara “otras opiniones”, pero no lo hizo. El Gobierno peruano anunció a sus ciudadanos que “frente a la inminente caída de Chile como líder económico latinoamericano, llegó el momento de ocupar nosotros ese lugar”. Así ocurre hoy.

 

El argumento de Bachelet para justificar lo injustificable fue la “igualdad”, pero resulta que todos los informes al respecto prueban que desde 1990 a la fecha, en los períodos en que hubo menos igualdad en Chile fueron precisamente sus dos presidencias.

 

La gratuidad estudiantil ha arruinado a sostenedores y a universidades públicas, y terminó por incrementar severamente la deserción de alumnos primerizos. Directores de Media y Rectores de la educación superior se han reunido para ver la forma de racionalizar el sistema de no pago, para poder seguir sobreviviendo.

Bachelet se negó a combatir el terrorismo y las consecuencias están hoy a la vista, y se limitó a afianzar la seguridad ciudadana adquiriendo más radiopatrullas. Al fracasar en la meta de construcciones de hospitales, reconoció haberse equivocado al desechar el modelo de concesiones, y las listas de espera para atenciones y urgencias se triplicaron. Se hizo la desentendida con el tráfico ilegal de haitianos y nunca, formalmente, reconoció las violaciones a los derechos humanos en Venezuela, como sí lo hizo, ahora, desde su puesto de Alta Comisionada de la ONU.

 

Se comprometió a cambiar la Constitución “por ser gen de la dictadura”, pero no le resultó, y ahora, un estudio del Senado sugiere mantener la actual y mejorarla sólo en cinco puntos. Por mal hechas, han tenido que demolerse cientos de viviendas sociales levantadas, y prometidas, en su Gobierno, en tanto el gasto fiscal lo disparó sin límites, entregándole a la administración sucesora un país endeudado mucho más allá de lo pensable.

 

¿Es defendible un legado así? Consciente de que el chileno es desmemoriado, la cadena de fracasos de Bachelet está aún muy fresca como para que la ciudadanía la haya olvidado. De ahí que resulte incomprensible la tozudez socialista de hipotecar su futuro, condicionando eventuales pactos y alianzas al reconocimiento por parte de otros de algo que nunca fue.

 

Si se repara en ello, esta postura es idéntica a la que el PS tuvo y tiene frente a sus nexos con los narcotraficantes de San Ramón. Lo niega y pide explicaciones, siendo que millares de telespectadores escucharon de boca de los propios protagonistas que el mismísimo ‘capo’ de la banda, ex miembro del Comité Central del partido, ponía como condición a sus beneficiarios sociales firmar los registros de la colectividad. Eso está guardado en los archivos del canal y no sería mala idea repetir el programa por estos días.

 

Es tan grande el desconcierto que por estos días vive el PS que le exigió al Presidente de la República que condenase públicamente a Jair Bolsonaro por calificar a Bachelet de “cómplice de la Unidad Popular”, pero no le solicitó que se pronunciara en su favor cuando el dictador socialista Nicolás Maduro prácticamente barrió con la ex Mandataria en su condición de Alta Comisionada.

 

En su descontrol por la impotencia de no tener ´posicionado a ninguno de los suyos en la carrera presidencial, decidió dar un discutible paso para ganar una guerra a lo Pirro: acusar constitucionalmente a la ministra de Educación. Por semanas mendigó apoyos para hacer saltar a Marcela Cubillos, quien cometió el ¡delito” de  combatir la admisión escolar por sorteo, herencia de Bachelet-, pelear por aulas seguras y no darle boda a una huelga ilegal de profesores que salieron a las calles para nada y por nada.

 

Cubillos fue la víctima elegida para descargar en ella toda la odiosidad ideológica, por ser una ministra, al revés de sus colegas, directa, contestaría y muy valiente, fuerte como la caña y no se dobla como el junco. Es tan sin razón la acusación del PS que le impugnan haber “violado la Constitución y las leyes”, lo que, de ser así, ´ya la tendría poco menos que en prisión.

 

Un dato revelador de la acusación es que el PS se propuso juntar las firmas -11 del mínimo de 10 exigidas- justo el martes 4 de septiembre, fecha que conmemora el triunfo electoral de Allende para llegar a La Moneda en 1970.

 

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