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FUEGO AMIGO EN EL RÉGIMEN MILITAR

September 1, 2019

 

VOXPRESS.CL.- A sólo días de una fecha –11 de septiembre- que cada vez menos ponen acento en recordarla, excepto quienes juraron “ni perdón ni olvido”, un familiar del general de Ejército  Óscar Bonilla Bradanovic (QEPD) anunció que llevará ante la Justicia la muerte de su padre, quien pereció a los 56 años,  tras precipitarse a tierra  el helicóptero militar que lo trasladaría desde un campo de su propiedad en Lolol (Colchagua)  hasta la capital.

Luego del accidente, se conjeturó acerca de la causa de la tragedia aérea del 3 de marzo de 1975, siendo ministro de Defensa de la primera Junta de Gobierno. Incluso, circularon versiones por ser conocido su rechazo  al maltrato a los presos políticos.

 

De sensibilidad democratacristiana, fue edecán del Presidente Frei Montalva y agregado militar en España. Estudió en Fort Benning, Estados Unidos, antes de asumir como oficial del Estado Mayor y profesor militar. Para el Once era jefe de Logística del Ejército y hay testimonios contradictorios respecto a que se negó a renunciarle a Augusto Pinochet cuando éste fue designado Comandante en Jefe  por Salvador Allende, siendo que muchos le atribuyeron ser factor clave en la planificación y ejecución del Golpe. La Junta lo designó ministro de Interior y, luego, de Defensa (1974). En esta instancia, se comenta, habría solicitado el arresto del comandante de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verde, luego de observar in situ el estado de algunos prisioneros políticos, lo que, en el acto, le significó caer en desgracia ante el director de la DINA, Manuel Contreras.

 

Este sumario relato de los hechos es una de las tantas pruebas de que el que tuvo Chile entre 1973 y 1999 debe haber sido –si es que no lo es-- el régimen militar menos hermético de todos cuantos se conocen en la historia moderna. Sólo una vez que se derrumbaron,  se conocieron espeluznantes realidades​ vividas al interior de la Cortina de Hierro, en el seno del nazismo y las fechorías del sanguinario Pol Pol en Camboya, y todavía resulta imposible, por ejemplo, desentrañar en toda su magnitud las barbaridades en Corea del Norte y en Cuba.

 

Parece increíble, pero es así: los autoritarismos son tremendamente herméticos, pero el chileno encabezado por Pinochet, no lo fue. A través de distintas vías siempre se conocieron los desencuentros y desavenencias, especialmente en el Alto Mando, e incluso,  con algún grado de certeza, hasta se supieron avatares de la vida privada de algunas autoridades.

 

Sin duda que los hechos que más convulsionaron al régimen, y que más trascendencia pública tuvieron fueron la ruptura con el general Gustavo Leigh y después con Fernando Matthei, ambos Comandante en Jefe de la FACh. Las aventuras poco felices del hijo mayor del matrimonio Pinochet/Hiriart, los suntuosos matrimonios de la hija menor y los conflictos por el gigantesco palacio jamás habitado de Lo Curro, fueron comentarios favoritos en las tertulias hasta de los más linajudos partidarios del régimen.

 

Muy comentados  fueron los encuentros y desencantos con sectores políticos que adoraron lo que ahora queman en la hoguera. Menos enceguecido por su auto empoderamiento, Augusto Pinochet, bien aconsejado, pudo haberse evitado  su final tan amargo: la sarta de ‘pateros’ que lo rodearon, prometiéndole fidelidad, le hicieron creer y ver un país totalmente favorable a él para el decisivo plebiscito de 1988. Consecuencia de la profunda crisis económica de 1982, nunca logró recuperar la real adhesión popular que tuvo desde 1973 hasta esa fecha: millares de sus adherentes quedaron cesantes, entre ellos muchísimos profesionales. Su plataforma se redujo a la mitad.

 

El secretismo ni el ocultamiento fueron características sobresalientes del régimen, al punto de que era común conocer el destino de no pocos opositores.

No es sorprendente ni menos una novedad el que, ahora, un descendiente quiera llevar a la Justicia la muerte del general Bonilla Bradanovic, porque desde las primeras horas de su trágico deceso hubo sospechas, al extremo de que, según trascendió en su oportunidad, nunca se supo del “informe” de los técnicos franceses que viajaron a inspeccionar los restos del helicóptero siniestrado.

 

Respecto a tan amplio período de nuestra historia se ha escrito, y mucho, para mantener vivos únicamente los episodios censurables. Sin embargo, intencionadamente se ha omitido este sello tan sincrónico con la politiquería de hoy, en cuanto a disidencias, desencuentros y hasta enfrentamientos en el seno del poder, porque ello jamás ha sido un síntoma característico de las dictaduras clásicas, como varias de las que aún quedan en el mundo socialista.

 

Podría decirse que la única novedad que presenta la judicialización del sospechoso accidente del general Bonilla es que se trataría de uno más en la hoy moda reinante de denunciar a muertos ante los tribunales.

 

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