UNA EXTRADICIÓN SIN PERFUME A JUSTICIA

August 25, 2019

 

VOXPRESS.CL.- Otra evidencia de la falta de rubor del periodismo para demostrar su compromiso con la izquierda, fue la llegada a Chile, directamente a la Cárcel de Alta Seguridad, de uno de los asesinos del senador Jame Guzmán, fugado a Brasil y condenado allí por el secuestro de un empresario de la publicidad.

 

En una operación relámpago, seis agentes especializados de la PDI llegaron de madrugada con el criminal Mauricio Hernández Norambuena, participante de la muerte a tiros del senador, tras una clase dictada por éste en la Escuela de Derecho de la UC. El crimen fue ejecutado el 1 de abril de 1991, ya en pleno retorno a la democracia.

 

Cuando impulsado por Ricardo Lagos se armó la Concertación de Partidos por la Democracia, con la finalidad de derrotar en un plebiscito a Augusto Pinochet, el Frente Patriótico, brazo armado del PC, estaba recién iniciando sus operaciones “de recuperación”.

 

Lagos convocó a la unidad a todos los partidos existentes antes del 11 de Septiembre, y el único que se restó fue el Comunista. La justificación de su Comité Central en la clandestinidad fue que “la única forma de expulsar a Pinochet es por la vía armada”. La propuesta de aquél fue que “es perfectamente posible sacarlo del poder con un lápiz y un papel (voto)”. Así ocurrió.

 

El Frente, convencido de su método y con su actual presidente, Guillermo Teillier, con la chapa de “Guillermo Larraín” convertido en jefe de operaciones, se dio a la tarea de asesinar carabineros, secuestrar y robar, excediendo en mucho al fin del régimen militar para seguir actuando ya bien adentrada la institucionalidad.

Dos grandes “acciones propagandísticas” del Frente quedaron grabadas para siempre en el recuerdo de los chilenos: el asesinato a sangre fría del senador UDI y el largo secuestro de Cristián Edwards, sucesor en el mando del monopolio comunicacional El Mercurio. Un hecho olvidado: para que diera muestra pública de la notificación del rapto y de la consiguiente solicitud de indemnización, su padre debió salir fotografiado en la portada de su periódico junto al cura Renato Poblete.

 

Tras el pago de millones de dólares, el aún joven Edwards fue liberado con una frondosa barba, evidencia de su largo encierro. En tanto, capturados y juzgados a cadena perpetua por una Justicia en plena democracia, los autores del crimen de Guzmán fueron encerrados en la Cárcel de Alta Seguridad…hasta el 30 de diciembre de 1996. Ese día, un helicóptero pilotado por una extremista francesa –que hoy disfruta en Europa su plena libertad-- sacó del penal a punta de metrallazos a los asesinos, y gracias a las redes de protección del comunismo se dispersaron por el extranjero, ‘desapareciendo’.

 

Recién en el actual milenio surgieron rastros de ellos, ya sea porque se sintieron fuera de peligro, como el caso de Galvarino Apablaza en Argentina, o por la connotación de delitos, siendo su especialidad el secuestro: Mauricio Hernández fue encarcelado en Brasil, Raúl Escobar en México y Ricardo Palma Salamanca alcanzó a huir desde allí a Francia.

 

Apablaza se aferró a la protección de Cristina Fernández para evitar su extradición, el mismo camino que eligió Palma Salamanca para que  el Gobierno ‘amarillo’ de Emmanuel Macron le diera asilo político, en tanto Escobar continúa preso en México, con la garantía del Presidente socialista Andrés López Obrador de no enviarlo de vuelta a Chile.

 

Intencionalmente hemos consignados los nombres de Presidentes centro/izquierdistas involucrados en las negativas a las peticiones de extradición hechas por la Corte Suprema de Chile para que todos estos asesinos vuelvan a cumplir su condena a la cárcel desde la que se fugaron. El periodismo local jamás ha hecho alusión a que todos los frentistas autores del crimen han recibido, y reciben, protección política. Pero ahora, con gran mordacidad, salpican sus comentarios –o balbuceos de éstos- con la falacia de que el retorno de Hernández desde Brasil se debe a “la amistad” de los Presidentes Bolsonaro y Piñera.

 

Al margen de una mala intención, un juicio de esa naturaleza revela gran ignorancia, porque este terrorista no podrá cumplir la pena que le impuso,  en democracia,  el máximo tribunal de su propio país.  Su encarcelación  no excederá de los 30 años, condición establecida por la Corte Suprema de Brasil y aceptada, hace tiempo, por la propia UDI con tal de tener entre rejas por tiempo incierto a uno de quienes mataron a su fundador.

 

Que a todos les quede claro: Mauricio Hernández no está en una cárcel capitalina por una simetría política, como es el caso de quienes siguen fugados, en libertad y protegidos por la izquierda internacional. Aún más, hay que detenerse a meditar acerca de las condiciones en que el cerebro del crimen de Guzmán regresó al país: feliz de estar acá, lo primero que pidió fue una torta de lúcuma…

 

Hernández ingresó a prisión en 1993 a cumplir una condena a perpetuidad por asesinato y secuestro, y se fugó de ella cuando apenas llevaba tres años cumpliendo la sentencia. Siempre se supuso –nada más que eso, un supuesto- que de ser extraditado tendría que ser para pasar, al menos, cuatro décadas detrás de las rejas. Sin embargo, no será así, consecuencia de normas de Cortes de otros países y de acuerdos internacionales firmados mucho tiempo atrás.

 

El que el llamado “Comandante Ramiro” esté en Chile es apenas un premio de consuelo para la UDI, porque de ceñimiento a la justicia tiene muy poco.

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