EL PROYECTO COMUNISTA ANTI-EMPLEO


VOXPRESS.CL.- Al menos en Chile, el Partido Comunista sigue, entusiastamente, remando contra la corriente, convencido de que su embarcación es capaz de remontar la alta caída de una cascada. En la XXV versión del Foro de Sao Paulo, la matriz de la izquierda latinoamericana, realizada en Caracas, el PC suscribió el documento final de la Cumbre en que los concurrentes solidarizan con la demanda marítima de Bolivia contra nuestro país.

También firmó la declaración anti-chilena el senador del PAIS, Alejandro Navarro, quien a su regreso fue acosado espontáneamente por una turba enardecida por su conducta.

A nadie puede extrañar actitudes de esta naturaleza por parte de la extrema izquierda –también estuvo representado el Frente Amplio-, porque la existencia de ésta, históricamente, es independiente a la soberanía de la residencia de sus partidos. Es una doctrina internacionalista, sin patria ni fronteras.

Un progresista como Jorge Bergoglio llegó a afirmar que “la izquierda habla en nombre del pueblo, pero no gobierna para el pueblo”, en tanto Hugo Chávez, el iniciador del desastre venezolano, aclaró que “al pueblo hay que seguir manteniéndolo pobre para que siempre nos necesite, porque si le mejoras su nivel se vuelve en tu contra”.

Una comunista new look como Camila Vallejo –la diputada llevó a su nana a una marcha para que condujera el coche de su hijita-, vio hecha realidad un proyecto de ley que presentó hace dos años: rebajar las horas de trabajo de 45 a 40 a la semana. Lo aprobó la Comisión de Trabajo de la Cámara…, con la abstención de parlamentarios oficialistas.

Ella adujo que su iniciativa es para “favorecer a los trabajadores” y que, así, “puedan tener más tiempo para compartir con sus familias” (?). Añadió una aclaración algo insólita: “al tener que ir menos a sus puestos laborales, las empresas tendrán que llenar esos espacios con nuevos contratados, lo que incentivará el empleo”…

Un inmediato análisis de la CPC concluyó que de aprobarse una ley así, en el acto y en forma automática se perderán 170 mil empleos.

Aludiendo a Bergoglio, la idea de esta anteojuda comunista no está destinada a favorecer al mundo trabajador, sino a ponerle un escollo al ámbito empresarial, ello inserto en la invariable política del PC de su negacionismo a las patronales, a excepción del Estado.

Hasta la conclusión más simplista arriba a que, de concretarse esta “humanista” iniciativa de Vallejo, los únicos perjudicados serían los trabajadores, porque, de acuerdo a las reglas salariales, en Chile se paga según las horas pactadas, ello independiente si es o no el método más inteligente.

En los países avanzados -no es el caso local- existe un sistema de salarios por metas, esto es, de acuerdo a los niveles de producción de cada trabajador. Eso es lo único que permite que un laborante esté menos horas en su puesto, y no una ley populista y sin base racional como es la propuesta por la parlamentaria comunista.

La OCDE, la organización de las economías emergentes, ubicó a Chile como el país en el cual más horas diarias se dedican al trabajo, pero en el que se da la menor productividad entre todos sus países miembros. Es en esta estadística de un ente neutral e internacional donde queda al descubierto la treta política de Vallejo, pues lo que pretende es que los trabajadores ganen lo mismo estando menos tiempo en sus puestos, sin importar el fruto de su rendimiento

El hecho de que el chileno sea el trabajador menos productivo entre todos los de países miembros de la OCDE, no requiere de mayores explicaciones, pues los propios asalariados lo han definido como flojo y sacador de vuelta, sellos que lo identifican desde hace varias décadas.

En esta óptica de humanizar el horario laboral sólo podría tener cabida la iniciativa del Gobierno que plantea regímenes flexibles y, de ser posibles, labores que pueden desempeñarse desde los hogares. Todo ello, eso sí, dependerá de los acuerdos y opciones consensuadas entre patrones y trabajadores.

No es ésa la idea del garrote comunista, y menos en estos momentos en que el panorama laboral se hace cada vez más complicado por el incremento de la automatización y de la robótica. Lo que el mercado requiere es especialización en diferentes áreas tecnológicas de la producción y no más manos que hagan más de lo mismo.

En estos momentos de debacle comercial mundial por la pugna entre Estados Unidos y China, se requiere, como nunca, prudencia, racionalidad y, en el caso específico de los trabajadores, abocarse a lograr un mejor rendimiento. El escenario económico del país es más que preocupante: el crecimiento fue de un impensado y pobrísimo 1.3, el comercio minorista descendió drásticamente en sus ventas, el precio del cobre sigue a la baja y el dólar continúa trepando.

Un conocido economista chileno, académico en Estados Unidos, ironizó acerca de la utópica propuesta comunista: “queremos trabajar poco como los franceses y crecer mucho como los chinos. Eso es imposible”.

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