LA URGENCIA DE "DÍAS MEJORES"


VOXPRESS.CL. Dada la caída más o menos brusca de la valoración del Presidente de la República, comprobada en la última encuesta del CEP, hay quienes afirman que el Mandatario está perdiendo parte de sus electores de centroderecha.

Lo que está aconteciendo en la escena nacional es que, como tal le ocurrió a Bachelet y su (ex) Nueva Mayoría hasta el 2017, hay ciudadanos que se desencantan de sus gobernantes, porque sienten que no les han cumplido con sus promesas de campaña.

Este fenómeno de decepcionados que ponen sus ojos en la vereda del frente se ha dado claramente en los últimos tres Gobiernos que ha tenido el país.

Fueron concertacionistas desilusionados los que impidieron que Frei sucediera a Bachelet; esos mismos, después, insatisfechos por la gestión de Piñera, volvieron a optar por una Bachelet ideológicamente más comprometida por su alianza con el PC, y, finalmente, fue el calamitoso intento de la Nueva Mayoría y de su jefa por llevar a Chile a una segunda vía al socialismo, lo que detonó un temor generalizado de la gente por el riesgo de una involución en su estatus y de una pérdida de libertades y derechos. Fue eso lo que la llevó -el 2017- a confiar en "los días mejores" prometidos por el candidato de Chile Vamos.

¿Se repetirá esta rotativa? Ésta es la gran y trascendental duda con la que diseñan sus estrategias el oficialismo y la oposición. Por datos de la misma encuesta en referencia, la vieja Concertación es poco lo que podrá incidir en la próxima elección presidencial (2021), pareciendo el peor peligro para Piñera y su Gobierno la postura radicalizada del Frente Amplio y la activa acción de la juventud anarquista que le es fielmente incondicional.

No pertenecientes a un bando o al otro, quienes se decepcionan de los gobernantes son los segmentos sensibles a los vaivenes cotidianos de sus existencias por "razones externas", léase económicas.

El votante de izquierda, comprometido hasta la médula con esa ideología, jamás va a apoyar a quien no sea de su misma sensibilidad política. En los tiempos de la Unidad Popular, los trabajadores, con los bolsillos llenos de billetes pero sin algo que comprar, decían "malo será, pero en nuestro Gobierno".

Situación similar es la de la derecha: el afín a ésta, tampoco repara en las muchas o pocas cualidades de su candidato, privilegiando que tan sólo sea un freno eficaz al socialismo.

Dicho esto, la clave del futuro éxito electoral de unos y otros está en esa amplia gama de ciudadanos que viven al día, que sufren el rigor de las alzas y las enfermedades y que sus metas son un progreso constante, casi a gotas, pero permanente.

Miembros de esta gigantesca masa, y más mayoritaria que la izquierda y la derecha, no suelen estar comprometidos en conciencia ni en doctrina con ninguna de esas ideologías. No les interesan los partidos, sino su voto está condicionado a su bienestar, a su confort, a su tranquilidad social y económica. Son los "fachos pobres", como los definió la comunista Camila Vallejo.

Es, pues, en esta heterogénea y numerosa porción poblacional en la cual los Gobiernos se juegan el pellejo.

Por esto días, el problema mayor no lo tiene la izquierda, porque se ha encargado de pregonar todo lo que el Gobierno de derecha ha incumplido, trabajo comunicacional fácil y simple, que, por repetición, entra rápido en los oídos de los desencantados por no ver ni vivir "días mejores". La tarea pesada en este sentido es la del Gobierno, porque la ciudadanía no digiere las excusas, por reales y poderosas que sean, ni tiene paciencia para esperar la materialización de los anuncios.

Los calculistas financieros del equipo de Piñera no supieron prever que se estaba incubando una hecatombe mundial con la pugna comercial entre China y Estados Unidos, y mal confiaron en que el empresariado criollo, en gratitud al término de la pesadilla Bachelet, generaría muchos puestos de trabajo. Por el contrario, a raíz de un nunca imaginado bajísimo crecimiento económico y por el no cumplimiento de la promesa de rebaja de impuestos, ha permanecido en un statu quo y en alerta.

A ello hay que sumar las secuelas adversas por el enfervorizado hinchismo del Gobierno por el medio ambiente y el cambio climático. Por restricciones de este tipo, cerró una mina de carbón en la Isla Riesco (Magallanes), dejando, de una plumada, a 300 desempleados con cero posibilidad de reconversión.

El flamante ministros de Economía -por segunda vez en el cargo-, Juan Andrés Fontaine, pidió calma, al decir que los días mejores "están en construcción", agregando una frase para el bronce: "las construcciones son lentas".

Su colega de Hacienda, Felipe Larraín, parece un predicador, pronosticando que "el segundo semestre será distinto", y prometiendo un crecimiento superior al paupérrimo rendimiento del anterior. De urgencia, el titular de Vivienda, Cristián Monckeberg, tuvo que adelantar un gigantesco número de subsidios habitacionales, y Jaime Mañalich llegó a Salud para sumar seis enfermedades catastróficas al AUGE y para intervenir el COMPIN y regularizar el pago de licencias médicas atrasadas que tienen sin ingresos a millares de chilenos.

Al Ministerio de Obras Públicas se le adelantaron millonarios fondos fiscales para que eche a andar trabajos y genere empleos, aunque, de momento, sólo se sabe de arreglos en los peajes de autopistas para beneficio de…los conductores.

La gran diferencia para unos y otros radica en las estrategias: la izquierda sólo requiere palabras y críticas, en tanto la derecha -el Gobierno- necesita con urgencia satisfacer los requerimientos y necesidades de ese segmento masivo de la población que no vota por una ideología, sino para sí, por sus propios intereses, porque no quiere pasarlo mal, sino beneficiarse, como se le prometió, con "días mejores".

pasarlo mal, sino beneficiarse, como se le prometió, con "días mejores".

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