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LOS NIÑOS AÚN PUEDEN TENER SALVACIÓN

July 6, 2019

 

 

VOXPRESS.CL.- Constituiría un despropósito y una desproporción calificar de "multitudinaria" la consulta vecinal que, simultáneamente, organizaron los alcaldes de ocho comunas con la finalidad de conocer el pensamiento de los mayores de edad   acerca de la regulación de horarios nocturnos para la circulación de menores en las calles.

 

Con algunos matices y de acuerdo a los problemas de cada comuna, la idea central de la consulta  fue disminuir los niveles de consumo de alcohol y drogas por parte de niños que, con o sin permiso paterno, se desplazan hasta la madrugada por lugares públicos. Desde su génesis, la iniciativa tuvo adherentes y detractores, por ser considerada  una violación a la libertad de desplazamiento y a los derechos del niño, planteamientos que las Juventudes Comunistas llevaron hasta los tribunales.

 

Días antes de esta votación comunitaria, el Colegio Médico de Chile se pronunció oficial definitivamente contra las plantaciones de marihuana con fines terapéuticos, por considerar que no hay certeza científica de que contribuye a un tratamiento. Años atrás, la misma entidad ya lo hacía hecho para condenar el consumo del estupefaciente por estar más que confirmado que genera daños neurológicos irreversibles.

 

Los 140 mil vecinos que concurrieron a los locales de votación son materia de discordia: para unos, dicha cifra es un éxito, en tanto  para otros, un fracaso. La cantidad es irrelevante, porque lo rescatable es que existe una fracción de padres que sí se hallan inquietos por la perniciosa situación por la que atraviesa la juventud, absorbida por el alcohol, las drogas y la tecnología.

 

El niño de hoy no sabe lo que es jugar, y si no tiene enfrente algún teclado y una pantalla, se aburre, y como consecuencia de ello sale a entretenerse a la calle, donde lo esperan las peores tentaciones  y riesgos de todo tipo.

 

De acuerdo a un estudio de la OCDE, Chile es número uno en Latinoamérica en niños secuestrados por las pantallas y es el último en rendimiento escolar.

 

Se trata de un gran problema -no particular de Chile-,  imposible de encarar y, menos, de solucionar con un par de medidas puntuales. Se argumenta que uno de los grandes problemas se origina en la venta de alcohol a menores, por lo cual hay que fiscalizar y penalizar a las botillerías. Los propietarios de estos locales, que pagan el permiso municipal y tributan por sus ventas, viven de su negocio, y tienen los mismos derechos que el comprador. No es rol de ellos exigir la presentación de cédulas de identidad, de calcular edades por las facciones ni de exponerse a una agresión física por negarse a un expendio. Además, no es novedad que jóvenes de más edad se prestan para adquirir licores para los menores.

 

Resultaría ridícula una ordenanza municipal de esta índole, porque la Corte de Apelaciones la anularía en un dos por tres, tal como lo hizo con la prohibición de fumar en plazas y parques decretada por el alcalde de Las Condes. Desde ya puede considerarse muy aventurada esa propuesta, dado que persiste la polémica política acaso la mismísima policía tiene algún derecho a exigir la identificación en controles preventivos.

 

Es en las calles donde los niños son inducidos al consumo de drogas por sus mayores para engrosar el más grande negocio ilegal que existe en el país, al punto de ser el primer consumidor de estupefacientes en Latinoamérica.

 

Hasta la fecha, todas las medidas de prevención han resultado estériles, y ello porque el niño de hoy se salta esa maravillosa etapa de ser niño. Por estos días,   prevalece la "choreza" de sentirse más que el del lado, protagonizando, casi como gracia, acciones que le son impropias a su edad.

 

Un sabio como Albert Einstein lo escribió que "doy gracias porque no estaré vivo cuando la tecnología se imponga a la humanidad de todo ser". Es esta tecnología que no está al servicio del hombre, sino ha puesto a aquél a su servicio, la que terminó con la sanidad mental de los menores del mundo. Pero sería poco ecuánime culpar de todos los males al avance de la ciencia y del conocimiento, porque es un fenómeno imparable que cada vez irá en aumento, y ello de modo vertiginoso.

 

Todo pudiera ser más tolerable, y hasta controlable, acaso los progenitores y las familias jugasen un rol activo y clave en la formación de sus hijos.

 

No son pocas las investigaciones que han redundado en conclusiones lamentables: la cantidad de padres que "no saben" o "no les importa" donde están sus hijos y con quiénes se juntan, supera por amplio margen a aquéllos que dicen tener un control sobre ellos, lo que algunos sectores políticos -obviamente de izquierda- definen como "represión".

 

Si la batalla contra los excesos de horas dedicadas al uso de la tecnología - 7 diarias, con sólo 16 minutos para el estudio- ya está perdida, dada la cantidad de móviles en el país -28 millones-,  todavía es tiempo de  presentarle combate al consumo de alcohol y drogas por parte de  menores de edad.

 

Fueron 140 mil vecinos que interrumpieron su descanso dominical para verter su pensamiento en un voto. Podría hasta considerarse una cifra poco relevante, pero es esperanzadora, porque significa que hay millares de padres  -sólo en ocho comunas- que están asustados y que sienten miedo que sus hijos hipotequen su presente y futuro por culpa de tan nefastas tentaciones. Ese temor es una luz, aunque tenue, en medio de un túnel, porque evidencia que aún no está todo perdido y que hay muchos dispuestos a dar una lucha por preservar los derechos de los niño a ser alegres, sanos, inteligentes y futuros aportes a una sociedad que, cada vez más, se resiste, precisamente, a aportarle sangre nueva. 

 

 

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