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LAS CONSECUENCIAS DEL OBSTRUCCIONISMO

June 24, 2019

 

 

VOXPRESS.CL.- Tras conocerse los resultados de la encuesta CEP, se ha puesto especial énfasis en el bajón del Gobierno y en la amplísima aprobación de Joaquín Lavín (58%). No obstante, la misma  consulta de opinión evaluó a la oposición y, dentro de ésta, la única que "salva la plata" es la ex Presidenta socialista, Michelle Bachelet, con un 38%.

 

Ambas cifras reflejan un fenómeno común en las encuestas, en las cuales, el factor "recordación" es clave. A quienes se les pregunta se les pide algún tipo de evaluación sobre opciones de nombres. Desde esta perspectiva, es digno de asombro que al interior de la izquierda no exista un personaje mencionado antes de una ex Mandataria que lleva más de un año fuera del país y que, para mal de ella, ejerce un cargo internacional que la expone permanentemente al escrutinio mundial.

 

Tanto  Joaquín Lavín por la derecha como Michelle Bachelet por la izquierda, ninguno está desempeñando un rol político en el país: al primero "se le recuerda" por la cantidad de cosas que hace en su comuna de Las Condes, con una cobertura televisiva inigualable,  y a la segunda se le sigue identificando, como siempre lo ha sido, como "una resiliente y buena mujer", a la que se le llegó a motejar como "madre de Chile".

 

En el ítem reconocimiento a políticos activos en la coyuntura nacional, ninguno está cerca del 20%, y, por lejos, en cuanto a menciones, el Frente Amplio supera a la (ex) Nueva Mayoría, cuyo nombre mejor considerado  sigue siendo, pero con bajo porcentaje, el ex canciller y presidente del PPD, Heraldo Muñoz.

 

José Miguel Insulza, senador, ex canciller, ex ministro del Interior y ex secretario general de la OEA y precandidato presidencial del PS, fue enfático en calificar de "un desastre" el resultado de la CEP para la izquierda. Él mismo ni siquiera figuró en las primeras mayorías de consejeros para el Comité Central de su partido.

 

La mirada catastrofista de Insulza tiene, además, mucho que ver con el deplorable estado del buque madre del progresismo, su partido. La hermana del expulsado dirigente PS Miguel Ángel Aguilera por su nexo con el narcotráfico, y alcalde de San Ramón, fue la cuarta más votada en la elección interna y aspira a ser vicepresidenta, pese a estar sancionada por la Contraloría General por malversación. Se estima en 25 el número de delegados regionales que incidieron en los comicios de la colectividad, estando expulsados, y que tienen sentencia judicial por tráfico de drogas.

 

El PS no está en condiciones éticas ni morales de liderar articulación alguna de la oposición, más ahora cuando sus eventuales socios lo miran con recelo y desconfianza. En el marco de cualquiera coalición que forme parte, no tendrá el mejor derecho al cual siempre apela. Para empeorar su situación, su presidente y senador Álvaro Elizalde es parte de los investigados por el robo de su auto, al tener que dar cuenta del origen de los $2 millones en billetes que le sustrajeron los asaltantes…

 

Elizalde debería ser casi automáticamente recordado por la gente, ya que ha sido, desde el primer día del Gobierno de Chile Vamos, un inagotable impulsor del  obstruccionismo, y casi no figura en la encuesta.

 

Diferente es el panorama en la vereda del Frente Amplio. Beatriz Sánchez, lejos de la trinchera cotidiana, continúa apareciendo como la mejor evaluada, y todo por  el recuerdo de ella en sus tiempos de precandidata presidencial el 2017.

 

Efectivamente, como lo afirma Insulza, la consulta del CEP fue "un desastre para la izquierda" y tiene que asumir -cosa que no ha hecho- que tal desenlace es consecuencia de dedicarse exclusivamente al negacionismo. Su espina es que ha despilfarrado su gran superioridad en el Parlamento, y esa sensación la desconcierta aún más. Atacando sin pausas  al rival se contribuye a frenarlo -eso es así-, pero no habrá triunfo sin plasmar en hechos positivos y convincentes dicha superioridad.

 

La gente, sin ser erudita, es sensible en la percepción de sus riesgos, y no consigue ver en la izquierda algún tipo de solución a sus problemas. Hipotéticamente en el poder, con ella ¿habrá más trabajo, más empleo, mejores salarios,  precios más baratos y acceso a buenas viviendas?

 

Si nadie de su sector se quema el lomo por un mejor "bienestar del pueblo", es una utopía creer que éste lo va a premiar con opiniones favorables en las encuestas. Al ser la CEP un sondeo sobre  "recordación", hay que asumir, también, que la gente memorizó que cuando los mismos personajes hoy mal evaluados tuvieron una hegemonía sin contrapesos, nada o muy poco hicieron por beneficiarla.

 

Su panorama actual es mucho más incierto que la abrupta caída en la aprobación al Gobierno, porque todavía le queda mucho tiempo para continuar obstruyendo, estrategia que ante la opinión pública no le ha resultado. Pero le resta poco para estructurar algún tipo de proyecto creíble, que logre conjugar su discurso y su praxis.

 

En el seno de la izquierda, el Frente Amplio la sigue llevando: es más atrevido y franco para revelar que su meta es el estatismo autoritario, privatizando y despojando para traspasar el capital de los ricos al Gobierno de los trabajadores, una añeja consigna que le sigue dando dividendos, al menos para las acciones de un puñado de antisistémicos, que disfrutan destruyendo lo ajeno.

 

 

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