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LOS ULTRA DE AQUÍ Y LOS ULTRA DE ALLÁ

June 17, 2019

 

 

VOXPRESS.CL.- Los chilenos con cierta cercanía con los aconteceres de la vida nacional, tendrán que ir habituándose a que los políticos, de izquierda, desde luego, incorporen a su lenguaje cotidiano la palabra "ultra" ("en grado extremo", según la RAE), pero aplicada sólo a la derecha.

 

Por la poderosa influencia de la izquierda internacional, la utilización de dicho vocablo se ha deformado a tal punto que, incluso, algunas enciclopedias hasta lo vinculan con el fascismo y el nazismo, ambos de raíces socialistas. Hay textos de consulta universal que llegan a afirmar que la "ultraderecha" es enemiga de la democracia y proclive a las dictaduras.

 

Se ha instalado su uso - más bien, lo instaló la izquierda- para golpear al Partido Republicano (PARE), reciente creación del ex diputado y ex UDI, José Antonio Kast. Sólo como una aclaración de pasada, éste ha tuiteado  en innumerables oportunidades que condena las violaciones durante el régimen de Pinochet, y nadie de la izquierda, de la ultra izquierda, ha hallado en sus archivos un solo mensaje suyo en que las justifica. De ser real, ya lo habrían divulgado profusamente.

 

Ciñéndose a la definición de la RAE, la "ultraderecha" chilena debería situarse en un  extremo de la derecha tradicional, y ello no es así por una razón muy simple: aquí se le atribuye ese sello a toda expresión que se oponga a la izquierda, sin evaluaciones de contenidos. No existen tipos de derecha, por mucho que se acentúe el distingo entre una económica y más potente que la política.

 

Un experimento algo excéntrico fracasó en el primer Gobierno de Sebastián Piñera, cuando le creyó la teoría de "una derecha diferente" a su entonces ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, poseedor de un marcado ancestro de izquierda. Luego lo desplazó de su lado, pero ya era muy tarde para corregir el error y conservar la fidelidad de gente con pensamiento auténticamente tradicional.

 

La derecha de perfil masivo, expresada a través de dos partidos de larga historia, el Liberal y el Conservador, se extinguió  con el derrumbe del Frente Democrático en 1964. De ahí en adelante, lo que mal se define como derecha no es más que una gran asociación anti-izquierdista, muy digna de destacarse e impulsarse para preservar las libertades individuales, la propiedad privada, el sistema neoliberal -el único que garantiza progreso- y el Estado de Derecho.

 

En esta gran asociación prodemocrática caben muchos y con una gigantesca variedad de visiones y pensamientos, característica definida como "diversidad", lo que se traduce en desencuentros internos y focos disímiles a la hora de votar, y es aquí donde cabe la diferenciación con una auténtica derecha. Los símbolos imperecederos de ésta  continúan siendo, fundamentalmente, valóricos y de respeto a la naturaleza humana, y ésa  es la impronta del PARE. No es menor el número de seres en el mundo que están sintiendo la necesidad de resistirse a la incontrolable ola de degradación de la sociedad, instrumentalizada por la izquierda para que la orientación de los Gobiernos sea afín a la anarquía desenfrenada de las masas.

 

Ésta es gente con valores insignes de la derecha de siempre, y que cautiva a muchos ya agobiados de tanta descomposición humana,   libertinaje descontrolado y de un escenario de vandalismo, atropellos, falta de respeto y desprecio a la autoridad.

 

Es una ignorancia y una imprudencia considerar "ultra" la sobreposición de valores por encima de los anti-valores, hoy desplegados a toda vela. Dirigentes de izquierda criticaron que con la subida de Kast al escenario, "el Gobierno se está derechizando", lo que no pasa de ser un pobre marketing político que lleve algo de agua a su molino. El propio fundador del PARE ha dicho que no se integrará a Chile Vamos ("eso se verá el 2020").

 

Queda claro que al no existir una genuina derecha, entendiéndose como tal su doctrina provalórica, no puede haber una ultra. Es un invento propagandístico de la izquierda, y punto. Lo que sí hay, y mucha, es "ultraizquierda", dada la infinidad de movimientos y colectivos, afines a ella,  que están extremando la convivencia nacional.

 

El profesorado, el gran responsable de la mala calidad de la educación, está en paro indefinido desatendiendo a millones de escolares -muchos de ellos, vulnerables. La huelga se debe a su rotunda negativa a ser recalificados, porque temen que se descubra su priorización ideológica por sobre la docencia, y le mienten a la población contándole que se hallan  movilizados por ratones en salas de clase o falta de aseo en los baños…Una marcha de carácter nacional en Valparaíso terminó como todas las de izquierda: piedras y bombas por doquier y alteración de la vida ciudadana.

 

Lo ocurrido en el Instituto Nacional dejó de ser motivo de estupefacción para convertirse en un espanto: adolescentes extremistas son los dueños del liceo y son ellos quienes deciden su rumbo, presente y futuro.

 

La izquierda no utiliza el vocablo "ultra" para referirse a sí misma, a sus violentos brazos armados urbanos y rurales. Son, siempre, "víctimas de la represión de la derecha", pero de una derecha que, en rigor, recién está apareciendo con Kast y su partido.

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