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AL PS, NI BANDERAS LE QUEDAN

June 10, 2019

 

 

 

VOXPRESS.CL.- El Partido Socialista (PS) se arroga el mejor derecho de la izquierda chilena por el hecho -y orgullo, dice- de ser de sus filas dos Presidentes de la República, Salvador Allende y Michelle Bachelet, ésta en dos oportunidades.

 

Es una contundente carta de presentación para plantarse frente a cualquiera coalición de izquierda e imponer este argumento como un  handicap. Pero ningún partido vive de su pasado, aunque sea reciente, y la historia republicana nacional está plagada de fuerzas que en su momento fueron poderosas y que hoy, simplemente, son apenas un recuerdo.

 

La evolución de la sociedad, el progreso de la gente y la modernización      -aunque lenta- en los ambientes laborales, fueron moliendo el nexo natural entre "los partidos del pueblo" y la clase trabajadora. El PS es una de las tantas víctima de esta descolocación de las colectividades en el universo político: muchas, o casi todas, se quedaron sin una representación popular real y genuina.

 

Los antiguamente "representados" fueron sustituidos por "clientes", esto es, militantes favorecidos con cargos de diferentes niveles, muchos de ellos muy bien remunerados. Se forjó, así, un nuevo modelo, conformándose una especie de sociedades cerradas de transacciones de intereses: puestos de trabajo a cambio de votos.

 

En el caso específico del PS, simultáneamente a ello se configuró una estructura interna de alternancia de grupos de poder, caracterizados por sus diferentes visiones del socialismo. Dejó de ser monolítico y a ello se sumó su doble shock por entregar en dos ocasiones el Gobierno a la derecha.  

 

Como si ello no fuera suficiente adversidad, subordinó toda posibilidad de renovación, cerrando sus caudillos el paso a cualquier intento personal emergente. Ejemplo de ello es la fuerte injerencia   en el Comité Central de quienes llevan rayando la cancha durante casi 30 años, como  Isabel Allende, José Miguel Insulza, Carlos Montes, Osvaldo Andrade, Juan Pablo Letelier, Camilo Escalona, y el propio Elizalde, que fue distinguido por el Foro de Sao Paulo con un cargo internacional en el socialismo, del cual todavía se cree propietario.

 

Allende se auto trasladó  de circunscripción, de Atacama a Valparaíso,  para evitar riegos de derrota ante la DC Yasna Provoste; Insulza exigió que le sacaran del lado a una candidata comunista para correr solo en Arica/Parinacota, y Elizalde hace un año se proclamó precandidato presidencial y eligió Maule para ser senador con 3 mil votos, superado por Andrés Velasco, quien no fue electo gracias al sistema proporcional.

 

El primero en desafiar a estos caciques mandones fue Marcelo Díaz: le impidieron el paso a una senaduría.

 

A su vez, la "clientela", ahora indiferente ante la injusticia social y sin importarle el mundo  sindical, sólo se dedica a cumplir con el deber del voto en favor de quien la puso en un trabajo fiscal, sin concursos ni evaluaciones previas.

 

El gran exponente como colocador de "clientes electorales" en los mejores cargos en la Región de O'Higgins es el experto en tráfico de influencia, Juan Pablo Letelier, confidente del inefable Álvaro Elizalde.

 

Las prioridades de este PS -que revuelcan en sus tumbas a genuinos luchadores sociales, como  Salomón Corbalán y Carmen Lazo- las dejó en evidencia en su negocio de inversiones en empresas privadas, algunas cuestionadas por el financiamiento irregular de la política, y otras a las que sus ministros de Estado de entonces estaban obligados a fiscalizar.

 

El 2009, el PS recibió $13.794 millones de indemnización fiscal por los bienes que le fueron incautados por el régimen militar. Hasta el 2015 disfrutó de los millonarios dividendos que le reportó invertir dicha suma en acciones de Soquimich, Pampa Calichera,  Autopista del Sol, Vespucio Norte, cajas de compensación, sanitarias y eléctricas, además de la brasileña Petrobras, financista del socialismo de ese país..

 

En este escenario de capitalismo puro, la militancia se desencantó y cualquier asomo de algún liderazgo se esfumó, tras la imposición del PC de llevar como candidato a Guillier, obligando a Elizalde a renunciar a una primaria del sector. Para agravar su existencia, el PS, al menos oficialmente hasta la fecha, es el único que, probadamente, tiene nexos directos con el narcotráfico, tras el descubrimiento en cuanto a que importantes dirigentes suyos de San Ramón eran, y son, líderes de bandas comercializadoras de droga.

 

El silenciado escándalo de Letelier, involucrado hasta  las raíces en la corrupción de los magistrados de la Corte de Apelaciones de Rancagua, fue el aperitivo que fraccionó aún más al partido ante una elección interna rica en irregularidades.

 

Cuatro de las siete corrientes que dicen convivir en el PS se organizaron para destronar a Elizalde. Hostigados por el presidente y, simultáneamente candidato a la reelección,     

no se les permitió acceso a las actas ni al recuento de votos, y solicitaron al Tribunal Supremo un nuevo escrutinio, pero se les negó.

 

El saldo de tan anómala elección fue la ruptura al interior de la bancada de diputados y la fractura en el Comité Central, donde, ahora, imperan dos fracciones duramente enemistadas. Ello, al margen de la formación de un movimiento que no tenga sensibilidades, sino agrupe a toda la disidencia.

 

Un dato que acerca al partido a su misa de réquiem, lo dice todo: de los 41 mil afiliados con derecho a voto en la elección, sólo lo hicieron 17 mil. Al tenor de todos estos antecedentes es de sordos creerle a Álvaro Elizalde que será el líder y  articulador de la oposición.

 

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