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EL PAÍS HUELE MAL

May 19, 2019

VOXPRESS.CL.- México, después de Siria, fue catalogado por la ONU como "el país más peligroso para vivir", ello dado su gigantesco estado de corrupción y el dominio absoluto de las bandas de narcotraficantes. El Presidente Andrés Manuel López Obrador, un socialista que llegó al poder tras varios intentos, triunfó en gran medida gracias a sus promesas de que limpiaría a la descompuesta sociedad. Desde su ascenso ha adoptado una serie de acciones drásticas, pero de corte político y populistas, y la mugre continúa intacta.

 

Éste es un ejemplo de que la pérdida de valores, la anulación de las conciencias y el extravío de las mínimas normas de convivencia de la sociedad en su conjunto, son, simplemente, imposibles de remediar.

 

No existe una legislación en el mundo que ponga fin al estado de descomposición de las personas. La única y relevante incidencia de la política en la crisis moral de un país es su pésimo ejemplo.

 

En Chile, el ámbito político lleva por años siendo el peor evaluado por la ciudadanía. No ha cesado  en sus abusos, irregularidades y  prepotencia, en medio de un estatus de exorbitantes privilegios que contrastan con una población permanentemente afligida y urgida por sus problemas cotidianos.

 

En una investigación  reciente de la UDD, un 81% afirmó creer que "las instituciones están en crisis". Si los encuestadores hubiesen utilizado en sus entrevistas la pregunta "¿cree usted que las instituciones son corruptas?", sin duda alguna que hubieran respondido que sí.

 

Las instituciones están muy por arriba de una simple crisis.

Si a ello se suma que, fuera de las instituciones, esto es, en el resto de la sociedad, reinan la violencia, la agresividad, la falta de respeto, la indiferencia ante el delito y el ganar siempre a como dé lugar, el escenario se amplía: no sólo las instituciones son las descompuestas, sino el país en su generalidad huele mal.

 

En días pasados, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) se subió a la ola de descalabros, al detectarse un manipuleo de las cifras del IPC en dos oportunidades el año pasado. Cualquiera variación es gravísima, sólo comparable a una corrida bancaria, pues millones de contratos en el país se rigen por ese índice, al igual que la UF, el valor que se utiliza para todos los créditos.

 

Como si ello no fuera de suficiente gravedad, la Contraloría General de la República fue denunciada -y está siendo investigada- por fraude por la Fiscalía. Digno de no creerlo.

 

No se salva ningún Poder del Estado de esta contaminación, e instituciones tan llenas de símbolos como el Ejército y Carabineros continúan siendo juzgadas, y ex oficiales superiores -hasta un Director General- se hallan en prisión. Su rol ha degenerado al punto de que una gran caravana de carros policiales escoltó el funeral de un narcotraficante…

 

La PDI, que parecía haber superado un largo período tenebroso por falta de transparencia, volvió a caer de la mano de su mismísimo Director, por la adquisición sobrevalorada de su vehículo oficial, para favorecer a un amigo.

 

Gendarmería, a su vez, fue descubierta brindándole un estatus de reyes a reos narcotraficantes de Colina 2, permitiéndoseles que ellos mismos manejasen por dentro las cerraduras de sus celdas. El alcaide de Chillán abrió las puertas del penal al féretro de un narco para que su madre, recluida allí por traficante, pudiera despedirse de su hijo asesinado por una banda rival.

 

La descomposición del Estado es como una marejada: una ola supera a la otra. Por estos días no hay mar agitado peor al del Poder Justicia, responsable de desentenderse y guardar silencio ante hechos inauditos por su magnitud y gravedad, de capitán a paje. A partir de ahora, la Justicia le disputa el último lugar de percepción popular a los políticos.

 

La última marcha de los estudiantes ni siquiera llegó a término, a raíz del enfrentamiento con piedras y botellas entre  grupos rivales, y el Instituto Nacional tuvo que suspender sus clases dado el clima de violencia interior: encapuchados llegaron al colmo de utilizar el emblemático bus que moviliza a alumnos del liceo en bodega de bombas Molotov.

 

Los movimientos feminista y gay se apropian de una inexistente representación de toda la población, en tanto las dos Iglesias más grandes del país, la católica y la evangélica, son remecidas por acciones que tienen a sus fieles desconfiados y  sorprendidos. Abusos sexuales y apropiaciones indebidas de dineros pasaron a ser inherentes a instituciones que por siglos pasaron por  impolutas.

 

¿Cuándo se descompuso la sociedad chilena? Cuando entraron en violenta crisis los conceptos de familia y matrimonio, pequeños grupos humanos que antes, por su granítica unidad, eran cuna de formación humana e intelectual, y de valores intransables. Su fortaleza  se extinguió por causa de la revolución de los deseos, por la codicia, por el desprecio a la autoridad, por el arribo de la modernidad con todos sus influencias 'innovadoras' y por una progresiva perdida del respeto en términos generales. Sin respeto no hay convivencia posible.

 

Tener más y llegar primero son las consignas de hoy, donde competir y ganar es el eslogan que padres transmiten a sus hijos.  El costo y la vía para lograrlo, no importan.

 

Frente a esta trágica realidad general no hay mesa de diálogo, foro o legislación que pueda cambiarla. Se trata de una severa e irreversible alteración de conciencia y alma. La sociedad chilena, de la A a la Z, está moribunda, y huele mal, muy mal.

 

 

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