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LA IDEOLOGÍA, SIEMPRE; LA GENTE, NUNCA

May 5, 2019

 

VOXPRESS.CL.- Carlos Ruiz, el ideólogo del Frente Amplio (FA) y quien se negó terminantemente a ser candidato del colectivo cuando aún  se hallaba en formación, ha afirmado que "la izquierda continuará estancada acaso no se convence de que tiene que generar una nueva política". Explica que "en la medida en que se mantenga únicamente como fiscalizador moral no llegará a ninguna parte.

Menos, cuando carece de moral.

 

Hoy, tanto la que él define como 'nueva izquierda' como la izquierda tradicional permanecen pegadas a los moldes de aferrarse a circunstancias más que a causas, a banalidades más que a trascendencias y a estupideces más que a inteligencias.

 

Una ex ministra de Salud de Michelle Bachelet, la doctora Helia Molina, reconoció públicamente que "la salud nunca estuvo en el foco de ninguna reforma" de la ex Presidenta. No obstante, sin haber existido una sola inquietud sobre dicha materia, sus ex socios de la Nueva Mayoría, y en particular el PC, el PS y el PPD, continúan empeñados en "hallar todo malo" lo que el actual Gobierno presenta y plantea para mejorar el sistema. No es de inteligentes defender lo malo, o lo inexistente,  y negarse sistemáticamente a mejorarlo.

 

Las chiquilinas de la CONFECH salieron a vociferar, en una modesta pero violenta marcha y en la que ninguna vocera pudo hacer uso de la palabra porque la violencia y los enfrentamientos se lo impidieron. Con una arrogancia que sonroja, le exigieron al Gobierno que "se haga cargo" de "nuestras demandas", entre las cuales figura el fin "inmediato" de la educación privada, la "extensión indefinida de la gratuidad" y el descarte del proyecto Aula Justa.

 

Coinciden esas muchachitas libertinas con el resto de la izquierda, la nueva y la tradicional, en  que "no vamos a aprobar siquiera la idea de legislar". Aquí surge un punto de inflexión que hace necesario que, al menos, un ser inteligente piense por la izquierda y la aterrice en la realidad.

 

En estos momentos, hay 5 mil niños y jóvenes chilenos, de educación básica y media, que no acuden a clases porque sus padres decidieron no matricularlos en los establecimientos sorteados por el sistema actual, vigente desde Bachelet, en el que la matrícula es la ley de la bicoca, "al que le toca, le toca". No hay personas más preocupadas que los padres respecto a una educación de calidad para sus hijos, y resulta que en pos de una utópica igualdad, en el Gobierno socialista se cortó el derecho a elección del establecimiento y la libertad de elección.

 

Para la izquierda, el mérito es una incomodidad, casi una arbitrariedad. Más de 27 mil alumnos han perdido la gratuidad por falta de méritos para recibirla y, lo inaudito, pese al  desfinanciamiento que le ha originado a las universidades, la izquierda presiona para que se prolongue en el tiempo.

La idea de la oposición parece estar en línea con los 400 mil escolares que estuvieron a un tris de repetir curso por inasistencia el 2018.

 

En cuanto a la reforma a las ISAPRES, a nadie caben dudas de que ése era un antiguo anhelo de los dos millones de afiliados a ellas. Sin embargo, conociendo sólo en términos generales  lo que el Gobierno pretende, la izquierda es renuente y reacia a la iniciativa, una materia de híper sensibilidad para la gran clase media y que, según como lo reconoce la ex ministra de Salud de Bachelet, "nunca estuvo en primer lugar del programa". ¿Cuál es la razón para ponerle la proa antes de que, incluso, se discuta?

 

Estamos llegando al segundo semestre de un año víspera de elecciones municipales y de gobernadores. Todas las estrategias de la oposición por cerrar algún tipo de pacto electoral han fracasado, y en el presente y futuro inmediato se energizará en este punto, restando cualquiera inquietud por legislar. Todo lo que la izquierda exprese en cuanto a interés en esta materia, es falso e hipócrita.

 

Lo que interesa al país, un conjunto de medidas y políticas públicas que permitan algún tipo de mejoría para la ciudadanía, la izquierda lo sigue afrontando con un escueto "no ha lugar", que es el reflejo de varias sensaciones: el no haberlo hecho antes con su autoría, el haberlo hecho pero falló por malo y le resulta un insulto que se le corrija lo realizado, por tratarse de la "obra", aunque defectuosa, que quedó patentada como legado de su último Gobierno. La oración del "no" la completa la más sincera de sus razones: impedir cualquiera conquista del Gobierno para utilizarla como "fracaso" en las próximas campañas electorales.

 

El oficialismo no parece interesado ni dispuesto a intensificar un indispensable trabajo de rectificación de mentiras y falsedades. Es indispensable penetrar el  conciente colectivo de la gente en cuanto a que todo lo que se aspira a hacer para beneficiarla, la izquierda opositora se encarga de torpedearlo.

 

Esta conducta refuerza el concepto que reveló el ideólogo del FA sobre la no existencia aún de una nueva izquierda. Tanto la surgida en los últimos tres años como la convencional de la (ex) Concertación y la Nueva Mayoría continúan sin poder desligarse de su histórica doctrina: primero, la ideología; después, la gente".

 

 

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