CONSCRIPCIÓN, UN SERVICIO A LA PATRIA


VOXPRESS.CL.- Mientras sus dolientes familiares sepultaban, con honores, los restos de los dos suboficiales asesinados por un conscripto que, luego se quitó la vida, los parientes de éste no han cesado en su discurso crítico por la "crueldad" del servicio militar. La majadería ha inducido al Ministerio de Defensa y a la Comandancia en Jefe "a revisar todos los protocolos de admisión y de convivencia interna" al interior de los cuarteles.

Mientras tanto, en las unidades militares desde Putre a Porvenir, miles de conscriptos seguían, siguen y seguirán desarrollando sus actividades habituales y, por ende, de modo muy normal.

Por la morbosidad de continuar pasándole la cuenta por episodios ocurridos hace 50 años y que, así muy de pasó, salvó a Chile de ser hoy una dictadura comunista, al Ejército le pegan casi por entretención.

Subsisten ciertos sectores de la comunidad ensañados con el Ejército, partiendo por el periodismo, que apenas husmea algún conflictillo lo transforma en juzgamiento.

¿Qué fue lo que ocurrió ahora? En el regimiento de Caballería Blindada de Iquique, un conscripto con su arma de servicio, ingresó a la guardia y mató a un sargento y a un cabo, antes de auto eliminarse.

Horas después, y por la revelación de familiares, se conoció que el autor les había confesado que sufría acoso de parte de sus compañeros, que lo acusaron del robo de tres celulares, que estuvo internado por un intento de suicidio y que sufría depresión.

Vía prensa, el obvio mensaje que se transmitió a la población fue la desidia del Ejército en mantener en sus filas a un depresivo, su reaceptación luego de un tratamiento psiquiátrico por su intento de quitarse la vida, pasarle un arma de servicio a un desequilibrado y la falta de control de las malas relaciones entre conscriptos.

Apegados a la estúpida norma de hacer lo políticamente correcto, el ministro de Defensa, Alberto Espina, "tranquilizó a la población", advirtiéndole que se están revisando todos los protocolos.

Esta descomunal alharaca por un episodio netamente policial al interior de un regimiento, proporcionalmente no llega al 0,0001% en comparación a los años de historia del servicio militar en el país, ininterrumpidamente desde el siglo 19. Son millones los jóvenes chilenos que desde hace dos siglos llevan cumpliendo anualmente con su conscripción.

Al revés de lo que ocurría antes, la conscripción ahora es voluntaria para damas y varones, y sólo cuando no se cumple el cupo mínimo planificado para el año, se echa mano, a través de un sorteo, a quienes deben hacerlo en forma obligatoria.

La evolución social del país ha originado un cambio brutal en la composición humana del servicio militar. Hasta inicios del siglo XX, por ser únicamente obligatorio, en las filas de los conscriptos convivían exponentes de todos los grupos sociales, ricos, clase media y pobre: profesionales, estudiantes, universitarios, trabajadores, desempleados, funcionarios públicos, etc. Las dispensas, y muy pocas, beneficiaban sólo a personas con manifiestos déficits físicos.

Las reglas se flexibilizaron al interior del Ejército, estableciendo una excepción para quienes acreditan estar estudiando, son casados o con trabajo estable, y determinó la condición de 'voluntario'. Es la opción que eligen quienes, más tarde, acceder al cuadro permanente a través de una de las escuelas de suboficiales. Luego de que se abrieran cupos paras mujeres, éstos son los primeros en completarse.

Socialmente, el servicio militar es una alternativa de progreso, porque ofrece vestuario, comida y techo -que muchos no tienen-, además de acceso a la educación y a la continuidad de estudios, además de becas de postulación a viviendas del SERVIÚ. Todo ello en el marco de un aprendizaje de doctrinas y métodos militares, tácticas, maniobras en terreno y manejo de armamento, ya que quien lo cumple cabalmente egresa del servicio como reservista, el soldado chileno de segunda línea atento al llamado de la Patria para defenderla en caso de conflicto bélico.

Así como se equivocó fatalmente quien ordenó una marcha de conscriptos sin abrigo y bajo la nieve en Antuco, no fue un error militar permitir que este soldado iquiqueño siguiera en el servicio tras un intento de suicidio. ¿Fue, acaso, un oficial el que le dio el alta médica?

En especial quienes ingresa al servicio por obligación son jóvenes, aunque no todos, que ya han adquirido malas prácticas de convivencia, poseedores de conductas violentas, desafiantes y provocadores. Durante las jornadas de trabajo militar, les guste o no, cumplen disciplinadamente las órdenes, pero hallándose a discreción, en descanso o en el período de sueño, sienten el irremediable llamado de la selva.

Ignorante o mal intencionado es aquél que supone que el Ejército es un símil del SENAME destinado a enrrielar a descarrillados. Es una institución que tiene una misión y un objetivo algo más sagrado que velar el sueño de jóvenes descarriados: preparar a los futuros defensores de la Patria.

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