LA ONU Y BACHELET TOMAN PALCO

February 10, 2019

 

VOXPRESS.CL.- La Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU está sumida en un silencio impropio de quien detenta un cargo mundial y, más aún, si éste dice relación con la cautela de las libertades individuales.

 

Michelle Bachelet (PS) está en la cresta de la ola, al ser acusada de parcialidad ideológica frente a la crisis política y humanitaria en Venezuela. A través de un vocero de su numeroso Consejo -con sede en Ginebra- hizo saber que poco o nada obtendría con visitar  Venezuela "si no se puede lograr algo". Hay que detenerse en esta expresión -original o atribuida a ella-, porque tiene algunas interpretaciones y en todas, lo dicho irroga una inconsecuencia.

 

Si el "no lograr algo" se asocia a su condición de protectora de los derechos humanos, significa un reconocimiento a que el dictador Nicolás Maduro no le mostrará lo que el mundo libre quiere conocer de primera mano. Si tal expresión se refiere a una percepción suya de que su visita no aportará a un avenimiento entre el Presidente legal y el usurpador, implica una intromisión política, a la que no la autoriza su cargo.

 

¿Cuándo cree ella que "podrá lograr algo"? En virtud de la arbitraria decisión del europeizante Grupo de Contacto, reunido en Montevideo, de darle un plazo a Maduro para que…dialogue -casi un chiste-, a Bachelet le cayó como 'anillo al dedo' este standby. Así, es posible que llegue a materializar su visita de inspección después que los presos políticos hayan abandonado las cárceles, que decenas de moribundos se hayan salvado por la llegada de medicamentos y que millones de hambrientos hayan saciado su hambruna. Se habrá evitado, de esa forma, un diagnóstico terrible para el socialismo, el suyo, y su informe no reflejará la realidad.

 

Bachelet, digámoslo, por sintonía ideológica con el chavismo no quiso actuar en su momento. En el primer semestre de 2018, el Secretario General de la ONU, el portugués Antonio Guterres, le solicitó expresamente que le presentara un informe de los dd.hh. en Venezuela, cuando aún Maduro no se apropiaba ilícitamente del poder. Ante dicha solicitud, ella respondió que "si no están las condiciones para investigar dentro del país, igual se puede hacer desde una nación fronteriza", en alusión expresa al torrente de emigrantes hacia los vecinos Colombia y Brasil. Pudo, incluso, haber actuado a distancia para esquivar  una comprometedora y engatusadora invitación del dictador: "la recibiremos con los brazos abiertos".

 

Siendo Presidenta, y en virtud del detallado conocimiento que tenía de la crisis política y humanitaria en Venezuela, pudo perfectamente, redactar su informe sin necesidad de viajar. Eran tan probatorios los antecedentes en su poder que se vio en la obligación de "llamar a informar" a su embajador en Caracas, Pedro Felipe Ramírez, quien no regresó a la sede diplomática.

 

Pese a su total conocimiento de las violaciones a los derechos humanos, como Presidenta se negó a recibir a las esposas de dos presos políticos y líderes de la oposición venezolana, en una actitud claramente parcial, típica de la "solidaridad internacional" del socialismo.

 

Acosada por la presión internacional de la disidencia venezolana, anuncio el envío de un equipo preliminar que le informara si se daban las condiciones para una posterior visita suya. En eso estaba  -en nada definitivo-, cuando fue sorprendida por el anuncio del Grupo de Cancilleres de Lima y de la OEA de no reconocer la segunda asunción al poder de Maduro. De ahí en adelante, la crisis dejó de ser bilateralmente interna y se externalizó, quedando bajo la influencia de las grandes potencias que se disputan su petróleo, y esto indujo a la ONU a declararse "neutral" y, por consecuencia, inmovilizó cualquier gestión de cualquier tipo que no fuese aprobada por su Consejo de Seguridad.

 

El Secretariado General, como es de conocimiento, carece de  independencia y autonomía, ya que depende de su Consejo de Seguridad, con miembros permanentes, como Estados Unidos, China y Rusia, que,  con su derecho a veto, son los dueños del mundo.

 

Tras el reventón venezolano por la ilegalidad de Maduro, dicho Consejo se dividió, al negarse a desconocerle su calidad de Presidente constitucional tres de sus miembros: China, Rusia y Francia.

 

Pese al apoyo contundente de gran parte de América y del Parlamento Europeo, el destino de la crisis venezolana quedó en manos de las grandes potencias, con lo cual, la ONU y, por tanto, su Alta Comisionada, ahora toman palco.  

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