LA INSPECCIÓN DE BACHELET A MADURO


VOXPRESS.CL.- El mundo libre, esto es, todos aquéllos que no viven bajo el garrote comunista, tendrá que estar muy atento a las formas de la visita que -se supone en breve- hará a Venezuela la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, la socialista chilena Michelle Bachelet.

Nicolás Maduro, el chupamedias de Hugo Chávez y ex conductor del transporte público en Caracas, acaba de asumir, ilegítimamente, por un segundo periodo como 'Presidente' de ese país y puede hacer gala de esa definición sólo porque hubo ciudadanos que votaron por él, ante el cierre de todos los partidos opositores por orden suya. El no ser un Mandatario etimológicamente de facto, lo salva de ser calificado de lo que, en rigor, es: un dictador. Aniquiló los otros Poderes del Estado y se los atribuyó, vulneró el derecho de propiedad, sepultó las libertades individuales y creó patrullas armadas para eliminar a balazos a sus opositores.

En su país hay presos políticos y sus ciudadanos huyen hacia donde encuentren algo de alimento y algún medicamento que alivie una enfermedad. El desabastecimiento es total, al punto que cada habitante ha bajado entre 9 y 11 kilos. Nunca en la historia otro país había llegado a una inflación de un millón por ciento.

Tras su ilegítima reelección, días atrás Maduro, en el marco de su peculiar democracia, apresó por algunas horas a la única autoridad institucionalmente válida, el presidente de la Asamblea Nacional que él clausuró.

Venezuela apenas se diferencia de Cuba y Corea del Norte porque, todavía, públicamente no asesina a los opositores. De los 194 países del planeta, su ilegitimo Gobierno sólo tiene el apoyo de 15.

Michelle Bachelet, amiga de Hugo Chávez -quien la coqueteaba-, ha sido renuente a condenar las violaciones en dicho país, lo que la enfrenta a una encrucijada que hubiera preferido evitar. Conoce bien la tenaz negativa de los regímenes totalitarios a ser "visitados" por veedores de derechos humanos. Hace poco, la capitalista China le respondió duramente cuando ella anunció su interés por viajar a conocer la situación de una población musulmana que habita una zona de ese país.

Nunca nadie de ninguna organización fiscalizadora de derechos humanos ha ingresado a Cuba, Corea del Norte, Laos, Camboya y Vietnam, y, en su momento, a la Unión Soviética y Alemania Comunista, en la certeza absoluta de que se les mentiría.

A los días de haber asumido como Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, el Secretario General, el portugués Antonio Guterres, le encomendó a Bachelet la entrega de un completo informe sobre la situación en Venezuela. Al tanto de ello, Nicolás Maduro se apresuró en invitarla, pero ella se limitó a responder que "esa información se puede obtener, incluso, desde los países vecinos"…, en un gesto evidente por eludir un encuentro incómodo y seguramente manipulado por el tirano Maduro.

No obstante, la persistente presión de los innumerables líderes de movimientos opositores venezolanos, las denuncias permanente de ocho cancilleres latinoamericanos (Grupo de Lima), de la OEA, de los millones de emigrantes y la constante alarma de Médicos sin Frontera, no le dejaron más salida a Bachelet que anunciar su visita a Venezuela. En innumerables países del mundo, entre ellos Chile, residen veedores permanentes que remiten a Suiza informes periódicos al Consejo Mundial de DD.HH. de la ONU. Gracias a éstos, carabineros han sido desafectados al ser grabados por estos representantes en actitudes de maltratos.

En Venezuela, la ONU no tiene veedores.

En un anuncio sorprendente, la Alta Comisionada comunicó que antes de su viaje enviará a un equipo del Consejo Mundial para "asegurarse de que las condiciones estén dadas" para su visita. Curiosa decisión la suya, que no apunta honestamente al aseguramiento de la información que se requerirá, sino al temor de que su encuentro con Maduro redunde en un fracaso y en un ridículo mundial.

La ONU, un ente clara y definitivamente politizado, no puede excluir de los derechos humanos el hecho de que la Asamblea Nacional, legalmente electa y constituida, fue cerrada y que los magistrados del Poder Judicial salen de él acaso no son afines a Maduro. Cinco de ellos buscaron asilo en Chile.

La comitiva inspectora preliminar no puede conformarse con la exhibición de celdas vacías, sino debe exigir reunirse con los presos políticos y con los cabecillas opositores para oficializar sus denuncias; recorrer libremente hospitales -con un alto índice de mortalidad por desatención-, farmacias y supermercados, y llegar hasta los escabrosos barrios periféricos. El morir de hambre es un derecho humano desatendido.

De no ver algo o mucho de esto la comisión preliminar, significará que Maduro cometió fraude, al adulterar la realidad de su país. El mundo tendrá que estar muy atento a esta visita a Venezuela, porque, además del factor ocultamiento y engaño, hay que sumar la sensibilidad política del equipo preliminar, lo que redundaría en un informe ideológicamente manejado.

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