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LA IZQUIERDA SE IZQUIERDIZA

December 22, 2018

 

 

VOXPRESS.CL.- Directa y concertada es la campaña del sector más duro de la oposición de agudizar sus acciones antigubernamentales con el pretexto de que La Moneda se está "derechizando". Muestra de ello es que desapareció del vocabulario de sus adherentes -entre ellos, el periodismo- el vocablo "derecha" para ser sustituido, con especial entonación, por el de "extrema derecha" o "derecha conservadora".

 

Tal  razonamiento sorprende por lo  elemental y ridículo, ya que quien triunfó en diciembre de 2017 fue la centroderecha. La gran noticia sería que se está "izquierdizando", y de momento ello no se ve posible.

 

Lo que realmente ocurre es que el ritmo de los acontecimientos, no sólo en Chile, han activado posturas más radicales de parte de estas dos grandes ideologías, en especial de la izquierda, la que se encuentra muy herida por una cadena de reveses, impensados pocos años atrás.

 

La izquierda, al menos en Occidente, ha perdido terreno y espacio, y las preferencias de las grandes poblaciones se han desplazado hacia opciones, si no categóricamente de derecha, más templadas y garantes de las libertades humanas. Este fenómeno es claramente perceptible en Europa, más cercanamente en Sudamérica -con Argentina, Chile y Brasil-  y, recientemente, quedó en evidencia con la firme determinación  de decirle "no" a la mismísima ONU,  en respuesta a su condición de paraíso socialista. El Premier belga debió renunciar porque el más importante partido de su coalición de Gobierno le quitó su apoyo, tras votar a favor del Pacto Global Migratorio.

 

Es engañoso creer que el mundo se está "derechizando". Lo veraz es que se está anti-izquierdizando, panorama frente al cual la izquierda ha respondido de modo inmediato, recurriendo a sus brazos de violencia callejera para dejar plena constancia de que sigue viva y que no se halla en retirada. No se ha cruzado de brazos ante estas expresiones de rechazo, y de ello da cuenta el simultáneo estallido  de manifestaciones.

 

El periodismo chileno ha sido entusiasta en perpetuar imágenes de "la resistencia" de los 'chalecos amarillos' franceses en contra de un Gobierno que derrotó ampliamente a la izquierda en la última elección presidencial. La revuelta callejera que se inició  exclusivamente en protesta por el alza de los combustibles terminó siendo una andanada de demandas sociales y económicas para desestabilizar al régimen de Macrón.

 

Acá en Chile, la izquierda se ha aferrado al 'caso Catrillanca' como un botín de guerra para continuar con sus destructivas manifestaciones, pero nunca ha planteado públicamente su parecer sobre el casi inverosímil operativo del GOPE en Temucuicui, con misteriosas apariciones y desapariciones de imágenes hechas llegar directamente a un medio afín a la ideología. Su único objetivo es amalgamar la responsabilidad de Carabineros al Gobierno para hacer saltar de su puesto al ministro del Interior. No logró ello, pero sí la solicitud de renuncia al Director General, Hermes Soto, quien se llevó con él a retiro a una decena de máximos oficiales del Alto Mando.

 

Su histeria por 'marcar presencia' la indujo a golpear cobardemente al presidente del Tribunal Constitucional, que salía de su oficina y se topó con una de sus tantas "marchas pacíficas".

 

La izquierda estuvo activamente detrás del artificioso y violento paro de los temporeros portuarios de Valparaíso  -que se tratan de "comandantes" y "compañeros"-, quienes  utilizaron hábiles estrategias subversivas para originar el caos en la ciudad y enfrentarse a Carabineros. Ante la esterilidad de un acuerdo, instruyó la solidaridad nacional de los estibadores para boicotear las cargas y descargas en todos los puertos del país, con lo cual torpedearon bajo la línea de flotación a "los empresarios capitalistas exportadores".

 

Peor aún, desvirtuó un acto de soberanía e independencia, como fue la abstención de firmar el Pacto Global Migratorio, calificación dicha decisión como "una derechización".

 

En una conducta de la peor calaña, el extremismo, incluso,  quiso vincular a este Gobierno con la antigua acusación contra el ex Director General de Carabineros, Bruno Villalobos, de cómplice en  la muerte de un universitario. Éste fue designado en el cargo por Michelle Bachelet y  amparado por su amiga Javiera Blanco, que logró que ni se le tocara  cuando estalló el millonario fraude institucional.

 

Lo que sí ha ocurrido en la escena política nacional es un cambio en la postura de La Moneda respecto al Gobierno socialista de Bachelet, y ello no es síntoma de "derechización" ni señales de un eventual monarquismo. Por casi un año, la Presidencia permitió que la oposición arrasara,   dejándole toda la cancha, y ésta, obviamente, actuó como dueña del partido.

 

Tenía que llegar la hora no sólo en recordar, sino en hacer valer, que Chile Vamos accedió al poder por una paliza electoral que le dio a la izquierda. Y lo que a ésta más le duele es que le refresquen, precisamente, esa derrota causada por su pésima gestión, por el descarado endeudamiento fiscal, por el descarado apitutamiento político, por la ineptitud generalizada y por la corrupción. El senador socialista Juan Pablo Letelier llegó a advertir que "de seguir con estas críticas, será muy difícil llegar a acuerdos futuros"…

 

La oposición ha intentado interpretar como "derechización" del Gobierno el triunfo en la presidencia de la UDI de Jacqueline Van Rysselberghe, introduciendo la vieja y consabida cuña de que se trata de "un retorno al pinochetismo". La psiquiatra sólo aspira a que su partido abandone la burguesía de las oficinas y retome la senda social y popular que le marcó el desaparecido Jaime Guzmán.

 

De "derechización" del Gobierno no hay señales, por estar más abocado a la evaluación y control de daños del "caso Catrillanca,"pero de "izquierdización" de la izquierda las hay, y muchas. Son cada vez mayores  los esfuerzos por pegar a la fuerza todas las sensibilidades opositoras, con increíbles diferencias doctrinarias, y es cada vez más fuerte la caprichosa y odiosa acción callejera para alterar la normalidad de ciudades, cuyos habitantes, ya agobiados por la congestión, no están con la derecha, con la izquierda ni con nadie.

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