AUTOGOLAZO DE LA MONEDA

December 15, 2018

OXPRESS.CL.- Durante sus primeras semanas de instalación fueron varios los 'errores no forzados' en que incurrió el Gobierno, pero ésta, la inaudita precipitación sobre el moribundo Plan Araucanía, fue un gran autogolazo, porque, sin diálogo de por medio, le regaló un triunfo a la izquierda.

 

No estamos hablando de cualquier plan: desde su campaña electoral, el candidato Piñera prometió hincarle fuerte el diente a La Araucanía para terminar, allí, con la violencia terrorista y recuperar social y económicamente a la zona.

Fue -porque ya no lo es- uno de sus proyectos estrellas porque significaba  hacer lo que su antecesora socialista no quiso ni pudo.

 

No obstante, ha sido gente de su entorno y de los partidos que lo llevaron a La Moneda los que criticaron ásperamente al Presidente por el retiro de los comando del GOPE de Carabineros desde la zona  y sustituirlos por funcionarios de Fuerzas Especiales, que son, en todo el país, las destinadas a mantener el orden público. La guinda de la torta la puso el anuncio de que éstas serán "capacitadas" por el Instituto Nacional de Derechos Humanos, hoy felizmente en manos templadas y criteriosas, pero habrá que encomendarse a todos los santos si es que la izquierda vuelve al poder: la policía terminará marchando "en contra de la represión".

 

Ésta, la de la capacitación sobre derechos humanos a las Fuerzas Especiales es la mejor noticia recibida últimamente por los comuneros extremistas y, particularmente, por el PC. Es una notificación pública  de la indolencia con que actuarán quienes para la ciudadanía son  los encargados de disuadir la violencia y alteración pública, sea en el campo o la ciudad.

A los comandos del GOPE, ahora en retirada, los adiestraron militares colombianos expertos en combatir a los subversivos narcocomunistas en la selva, se les dotó de equipos de última generación y de medios modernos para la detección y captura de los comuneros terroristas, todo ello con un costo significativo para la caja fiscal.

 

La decisión presidencial fue celebrada como triunfo por la extrema izquierda y por la oposición, quienes siempre consideraron un acto propio del fascismo "militarizar" La Araucanía.

 

El tremendo autogol es fruto del irresistible atractivo que le resulta al Presidente hacer "lo correctamente político", aunque ello, como en este caso, le significarán  tragarse sus propias palabras y, prácticamente, el fin de un proyecto en el cual involucró personalmente su prestigio. Empresarios forestales, agricultores, trabajadores mapuches, eventuales inversionistas y la ciudadanía pacífica dejaron de confiar en su palabra.

 

Si bien el comienzo del fin lo originó un trío de carabineros del GOPE, de cuyo actuar hay muchas interrogantes pendientes y un cúmulo de sospechas, el responsable de tan tamaña estupidez no fue el Gobierno, sino las jefaturas de la policía uniformada, las que están pagando muy caro, al punto que hasta   recibieron un manchón histórico, al anunciarse que su Director General será "intervenido" por la autoridad civil con una fiscalización permanente sobre sus decisiones. Este monumental menoscabo a la jerarquía de Carabineros es la última de las causas que extinguen las mínimas posibilidades de pacificar a La Araucanía, poniendo fin al terrorismo. En ninguna parte del mundo se dialoga sin antes asegurarse de que el sector en conflicto no lo haga con las metralletas arriba de la mesa.

 

Parece ser muy cierto el diagnóstico  de algunos comuneros no violentos en cuanto a que "el Gobierno preparó carabineros para cuidar las vacas de los patrones". Ése fue el primer error de planificación: los aleccionados comando del GOPE debieron dedicarse a una labor de inteligencia, infiltrar a las comunidades terroristas, quitarles las capuchas y apresar a sus guerrilleros en plena acción criminal. La contundente prueba de la ausencia de una  estrategia preventiva fue que, tras la muerte de Camilo Catrillanca, se produjo un organizado estallido de violencia, con saqueos y asaltos por parte de las bien organizadas y armadas comunidades extremistas, que, dicho sea de paso, son una minoría. Los comandos nada hicieron para lo que, supuestamente,  se les preparó.

 

Este fracaso estrepitoso de darle un gusto a la izquierda y entregarle, sin algo a cambio, un trofeo, puede tener un alto costo frente a lo que viene en la agenda del Ejecutivo. Si La Moneda quiso dar una señal "correctamente política", debió, al menos, intentar una transacción con la izquierda y exigirle, a cambio,' que dejara de proteger y entregara a la Justicia a los dos terroristas prófugos por el asesinato del matrimonio Luchsinger/McKay y discutir y corregir la Ley Indígena -obra de la ex Concertación-, la que  fomenta la usurpación de tierras  y las demandas de gente que no es  mapuche.

 

Lo sucedido es increíble. Sabe el Gobierno que carece de interlocutores pacíficos en el indigenismo de La Araucanía, porque éstos se hallan intimidados, y hasta amenazados de muerte, por los comuneros extremistas. No existe otro camino que 'limpiar' la zona de delincuentes políticos y, luego, en paz y normalidad, tender redes de negociación para satisfacer las ancestrales reivindicaciones. Sin ese ineludible primer paso, que guste o no, incluye el exterminio del terrorismo, todo continuará tal cual en La Araucanía.

 

Un cambio al escenario presente  no se logra con gestos y guiños a la izquierda ni con más humillaciones a Carabineros.

 

 

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