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EL EXTREMISMO ANIQUILA LAS TRADICIONES

November 19, 2018

VOXPRESS.CL.- En pleno proceso de postulaciones y admisiones al sistema de educación secundaria, para el señero Instituto Nacional casi no hubo lista de espera, como en decenas de  otros establecimientos no tan emblemáticos como éste. Se presentaron menos interesados que el año anterior y fueron 88 los alumnos que, por decisión de sus apoderados, se retiraron del liceo durante 2018. Con 200 años de existencia  -fundado por José Miguel Carrera-, está pagando el precio a doce años consecutivos de 'tomas', autorizadas o no, paralizaciones, acciones violentistas y de fabricación y acopio de bombas Molotov.

 

Hoy, refugio de subversivos urbanos y probeta de la contraeducación, el Instituto Nacional es una grotesca mueca de su glorioso pasado y de su notable aporte intelectual al país. Desde 1850, su sede permanece en el mismo lugar, desde que en 1850 abandonase su original ubicación en calle Compañía.

Los desalmados que hoy lo asolan ignoran que del  Instituto nacieron la Universidad de Chile -a la cual cobijó por algunos años en su antigua sede-   y el Seminario Pontificio.

 

Hasta en los libros más básico de la historia patria destacan los nombres de Manuel Montt y Antonio Varas, dos de sus rectores, y de Andrés Bello, que llegó como profesor a impulsar el derecho y las ciencias, y de Antonio Gorbea, también docente, que desarrolló las matemáticas.

 

El Instituto fue artífice de la Sociedad Literaria, primer movimiento intelectual de Chile, sobresaliendo entre sus miembros José Victorino Lastarria y los entonces alumnos Francisco Bilbao, Manuel Antonio Matta y Eusebio Lillo.

Luego, como rector, Diego Barros Arana impulsó los estudios científicos y creó la hoy célebre Biblioteca, una de las más completas de Latinoamérica.

 

Ese brillante pasado es,  hoy,  casi una anécdota para quienes se infiltran en el Instituto Nacional con la finalidad de instrumentalizarlo ideológicamente. Es la causa de que muchos  padres opten por otros establecimientos, dadas la inseguridad, la violencia, la confrontación y la pérdida de meses y hasta de años de aprendizaje a raíz de largas 'tomas' y paralizaciones en este emblemático liceo.

 

Para la admisión 2019, el Instituto tuvo menos interesados: para el año académico 2018 postularon 1.019 jóvenes y para el próximo, lo hicieron 809. Los seleccionados fueron 680 contra los 739 de  la temporada actual.

La lista de espera también se redujo a sólo 12, en contraste a los 42 del año pasado, lo que equivalía a casi un curso completo. 88 alumnos que iniciaron el 2018, se retiraron por causa del violento clima político.

 

Decepcionado, Mario Benavides, presidente del Centro de Exalumnos, evoca que hace 10 años, "había filas de postulantes por toda la cuadra", aduciendo que la razón de la baja de interesados es la Ley de Inclusión". Con dicha normativa, dice,  "se trató de emparejar a la educación pública y no destacar lo que significan las naves insignia".

 

La caída de éste y de otros liceos emblemáticos, de gran significado en la historia educacional del país, tiene un solo responsable: el extremismo de izquierda. Si su cruel doctrina no respeta el derecho de niños y jóvenes a recibir una enseñanza en paz y con normalidad, menos lo hace con las tradiciones chilenas, como es, en este caso particular, la del Instituto Nacional, todo un emblema que cada vez está más abajo en el mástil.

 

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