LA MARCHA DE LOS PICADOS


VOXPRESS.CL.- Clotario Blest, 'On Clota', legendario luchador sindical de los 50 y 60, solía comentar que "no hay que salir a la calle por cualquiera cosa". Avezado líder de los trabajadores, sabía que la única vía de sensibilizar a los demás era, y es, una buena causa.

En tiempos en que lo fabril, la producción y los servicios del país estaban en manos estatales, eran numerosas las Confederaciones de Trabajadores que, convocadas, adherían a marchas y concentraciones.

Fruto de las privatizaciones durante y después del régimen militar, la ex Central Única de Trabajadores, hoy Central Unitaria de Trabajadores (CUT), se atomizó y su representatividad es muy menor. Hace tiempo dividida, otra organización, menos dependiente del PC, le disputa el mejor derecho a ser la voz del "mundo asalariado".

Esta CUT, con manejos y elecciones turbias, llamó a un paro nacional (jueves 8) para protestar en contra del Gobierno por los niveles de desempleo, por las bajas rentas del profesorado y por la mantención del sistema previsional. Todas, motivaciones no coyunturales.

El 82% de los profesores de la educación municipalizada ha sido beneficiado con el reajuste de un 30% de sus sueldos; el Gobierno acaba de presentar un proyecto de mejoras -que no es definitivo- al sistema de jubilaciones y, paralelamente, está atacando los abusos de las Isapres, y en cuanto a empleo, si bien no se han cumplido las metas fijadas para este período, hay que aclarar que las cifras no se han disparado y que se mantienen casi en el mismo nivel de los cuatro años de la administración socialista, cuando la CUT jamás protestó por dicha realidad.

El llamado a paro nacional se redujo a una marcha que ni siquiera culminó con los desmanes habituales, de tal modo que la población casi no supo de ella, excepto por los cortes de tránsito y la consabida molestia para el transporte, automovilistas y transeúntes.

La CUT, en poder del PC, no se sumó a las gigantescas manifestaciones en contra de las AFP's en el Gobierno de Bachelet, por estar patrocinadas por el Frente Amplio, y menos solidarizó con los profesores municipalizados cuando a éstos, la ex alcaldesa Carolina Tohá (PPD) les quedó debiendo miles de millones por el no pago de sus cotizaciones previsionales.

El real pretexto de movilizarse fue hacer una demostración pública de que la izquierda "está viva", luego del desastre del socialismo en Brasil en las elecciones presidenciales: hasta su arruinado pueblo, le dio la espalda.

La izquierda en Sudamérica y en el mundo no lo está pasando bien. Recientemente, el ex pro comunista Presidente de Ecuador, Rafael Correa, huyó de su país para evitar la cárcel y solicitó asilo en Bélgica.

La CUT no logró su propósito de reivindicar a la izquierda decayente, pues la respuesta a su convocatoria fue mínima. El gremio más entusiasta en adherir fue el Colegio de Profesores -ausente en la defensa de sus afiliados agredidos- por su interés en echar abajo el proyecto Aula Segura que persigue a los alumnos extremistas: ese mismo día, la iniciativa fue aprobada en la Cámara de Diputados.

La oportunidad política de paralizar sus actividades la aprovechó Gendarmería, la que declaró una huelga ilegal, alegando la no solución a sus antiguas demandas, no solucionadas por el Gobierno socialista, sobre la carrera funcionaria. Vale recordar que en su último mes de Gobierno, Michelle Bachelet, ordenó la contratación de 2 mil funcionarios a dicho servicio, todos con la condición de que fueran ideológicamente afines.

El viejo manual de operaciones urbanas del PC especifica que una protesta sin amplificación no tiene sentido. Pero una manifestación masiva no sólo está dada por la puesta en escena y la virulencia de los participantes, sino por el número de sectores a los que se logra incorporar. Una vez más, la enana CUT fracasó en todos esos factores claves para cualquier tipo de movilización.

Dada la conformación del mapa laboral chileno, los asalariados del ámbito privado son el 80% de toda la fuerza. Así, es imposible que un paro nacional satisfaga las aspiraciones de sus organizadores. Antiguamente sí era posible paralizar a Chile, como hasta hoy ocurre en Argentina, pero no ahora, y parece increíble que los dirigentes de la CUT no evalúen preliminarmente ese antecedente antes de hacer el ridículo.

El jueves 8 resultó ser un día de completa normalidad, con ciudades funcionando sin problemas, al punto que hasta el periodismo comprometido casi ignoró la manifestación en sus noticieros. Tenía mucha razón Clotario Blest, y la sigue teniendo, en cuanto a que "no se puede salir a la calle por cualquiera lesera…".

Sin embargo, el escozor, la rabia y el aturdimiento que le originó a la izquierda el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil no podía quedar en silencio. Quedó muy picada y ello había que salir a expresarlo, aunque fuese con falsos pretextos laborales y sociales.

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