UN CAPRICHO POLÍTICO

November 13, 2018

 

VOXPRESS.CL.- Chile tiene urgencias dramáticas y problemas severos que, a estas alturas, parecen imposibles de resolver. Tres estudiantes del INBA, con apenas 13 años cada uno, atacaron con bombas Molotov a Carabineros y otro de 15 mató a fierrazos a su madre. Por primera vez en la historia policial hay tres escolares con arresto domiciliario preventivo durante 60 días y ya son varias las mujeres jóvenes desaparecidas, ignorándose qué les pasó, pese a las búsquedas e investigaciones. Como si todo ello es poco, Chile es líder latinoamericano en consumo de drogas y en portadores del SIDA, y tercero en ingestión de alcohol.

 

El Gobierno presentó al Congreso el paquete de medidas acordadas por una mesa transversal de trabajo a que convocó La Moneda para atenuar la descontrolada inseguridad ciudadana, la que no sólo arrecia en las grandes ciudades, sino se ha volcado con fuerza a los balnearios de la zona central.

 

Los problemas de ayer y de hoy de Chile son infinitos, y hablamos de problemas graves a los cuales hay que enfrentar y buscarles paliativos, cueste lo que cueste. Un conductor del transporte público de Coquimbo apareció trabajando con su esposa enferma de  Alzheimer a su lado, por no tener con quien dejarla.

 

Desde esta alarmante perspectiva cuesta entender que haya descriteriados -no se les puede llamar de otra forma- preocupados de presentar proyectos que no corresponden a situaciones de emergencia ni, mucho menos,  necesitan soluciones a corto plazo. En una edición anterior referimos la aprobación parlamentaria del Día Nacional del Rock y otro proyecto en curso para declarar deporte nacional al taca taca…Ahora, la diputada Camila Vallejo (PC) hizo pública su iniciativa de rebajar de 8 a 5 horas la jornada laboral.

 

Fuese el chileno responsable, consciente y disciplinado sería un proyecto digno de discutirse, pero conscientes todos de sus incontrolables vicios de 'sacar la vuelta' y dedicarse en su sitio de trabajo a menesteres particulares, la idea resulta ser un disparate. Si bien la OCDE criticó a Chile por ser uno de los países donde más tiempo un individuo permanece en su sitio laboral, simultáneamente aclaró que dentro de la organización, el nuestro es el de menor productividad.

 

Sólo el día en que los trabajadores produzcan al menos el doble de hoy -que se ve lejano-, podría discutirse una idea tan ridículamente populista,   como la de la comunista Vallejo.

Sin urgencia ni necesidad alguna, por enésima vez, la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, presidida por Marcelo Díaz (PS), aprobó un proyecto de ley para cambiarle el nombre al aeropuerto internacional de Santiago. La idea contenida en el documento plantea eliminar el de Comodoro Arturo Merino Benítez para reemplazarlo por el de Pablo Neruda. La decisión, por mayoría fue tomada el mismo día en que su hijo Arturo Merino Núñez asumía como Comandante en Jefe de la FACh.

 

El diputado Díaz justificó que "el poeta le daría una mayor identidad nacional al aeropuerto frente al mundo", dado el conocimiento que de éste existe en el extranjero. Si ése fuera el argumento real ¿por qué no Violeta Parra o Víctor Jara, ambos mucho más difundidos que el vate?

 

En un acto de notoria  discriminación, el diputado yerno del fallecido cantante Gervasio, insinuó que, también Premio Nobel, el nombre de Gabriela Mistral "podría llevarlo" el modesto aeródromo La Florida de La Serena.

El antimilitarismo de la izquierda la induce a este tipo de equivocaciones: Arturo Merino Benítez, ya jubilado de la Fuerza Aérea, organizó un acto de respaldo de la "familia militar" a Salvador Allende en la campaña  presidencial de 1964.

 

Frente al resto del mundo, Merino Benítez no tiene  poemas que exhibir, pero a ojos de los chilenos, el comodoro -hoy, correspondiente al grado de general-  fue un tremendo personaje que contribuyó notablemente a la conexión e intercomunicación del país, uniendo por el aire lugares apartados y llevando abastecimiento a poblados solitarios.

 

Ante la carencia y precariedad de rutas terrestres en la década del 30, siendo oficial de la naciente Fuerza Aérea -de la cual fue su primer Comandante en Jefe- en un rústico avión recorrió el país para detectar sitios donde instalar aeródromos, señales, estaciones meteorológicas  y radiofaros. Fue pionero en volar a Punta Arenas, en cuyo Estrecho de Magallanes capotó y estuvo a punto de perder la vida.

 

Reacio a la presencia de líneas comerciales extranjeras, bregó hasta que fundó la primera Línea Aérea Nacional (LAN) y más tarde el Club Aéreo de Chile. Creó el sistema de navegación aérea del país, el que más tarde dio vida a la actual Dirección de Aeronáutica Civil.

Con todo derecho, y hasta con honores, corresponde que el principal centro de tráfico aéreo de Chile lleve su nombre, y más todavía si en dicho recinto funciona una de las bases de la Fuerza Aérea que él se encargó de fundar.

 

Cualquiera otro recinto eminentemente cultural puede llevar el nombre de Neruda, y así poner fin a este antiguo capricho de la izquierda que no tiene más sentido que un uso político.

 

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