UNA CARAJADA

November 5, 2018

 

 

VOXPRESS.CL.- Parece dura e incalificable, pero dicha expresión es definida por la Real Academia Española de la Lengua como una "mala acción" y la amplía como sinónimo de "necedad" y de "sandez".

 

La hemos escogido porque en el lenguaje informal de la población chilena involucra un contenido mucho más fuerte que la denominación oficial: equivale a una persona "mala leche", a un "desalmado" a "un hijo de mala madre".

 

Una carajada, al menos en Chile, implica más que una mala acción o una necedad. Por ello, la hacemos coincidir con la deleznable maniobra de jóvenes de extrema izquierda, que al verse derrotados por la lista gremialista en las elecciones de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC), urdieron un canallesco plan para quitarle votos a su candidato.

 

José Ignacio Palma Arancibia, estudiante de Ciencias Políticas, originario de Talca, fue el blanco de esta artera encerrona de la izquierda de la FEUC en un vano  intento por impedir que su lista, la gremialista, pasara a la segunda vuelta, como finalmente ocurrió, y con la primera mayoría.

 

Sintiéndose erróneamente  depositarios del futuro del país, estos alumnos de mala calaña de la UC -que es Pontificia- subieron a la red de facebook una denuncia de una anónima joven alumna, obviamente sin rostro, quien acusaba a Palma Arancibia de acoso,  "al intentar darme un beso con lengua a la fuerza" cuando, supuestamente, ella se hallaba en primer año de la carrera.

 

Antes de 60 minutos, la 'denuncia' fue eliminada  de la red social, no quedando registro alguno que pudiera garantizar que se trataba de un hecho veraz. Dos horas después, los miembros y seguidores de la lista de extrema izquierda aparecieron en la universidad luciendo vistosas chapitas de campaña con la frase "te creemos". ¿A quien le creían? ¿A una imaginaria alumna sin rostro, sin nombre ni matrícula?

 

La carajada de estos 'universitarios' originó desconcierto, e incluso malestar, entre las integrantes de los movimientos feministas, por ser un golpe a su credibilidad. Audaces y desafiantes, las alumnas libertinas de dicha universidad protagonizaron un largo paro a raíz de la campaña populista contra el acoso.

 

Esas jóvenes siempre dieron la cara y se peleaban ser portavoces del movimiento. Por tanto, esta supuesta alumna sin identidad le hizo un flaco favor a las activistas.

 

Cuando Palma Arancibia concurrió a depositar su voto, lo aguardó una bulliciosa pandilla de extremistas, que, con bombos y tambores, le gritaron "encubridor" (?) y "acosador·, originándole un impacto emocional.

 

Líder estudiantil desde los tiempos de secundario en La Salle de Talca, José Ignacio Palma, apenas conoció la carajada anónima en facebook,  concurrió donde las autoridades de la UC para plantear lo ocurrido y, es más, para exigirles una  investigación acerca de la fantasmal protagonista. Además, concurrió al Ministerio Público, en el cual formalizó una denuncia con la finalidad de que indague a los autores del cyberdelito .

 

Lo acontecido en el seno de una federación de estudiantes puede parecer hasta secundario, pero no es indiferente para la izquierda que una lista de derecha se haya impuesto a todas las demás de diversas sensibilidades del extremismo político.

 

Este episodio, tan repugnante como todos los ataques anónimos, fue el preámbulo de un aumento en la temperatura de la intolerancia de la izquierda. Su grado de impotencia y la comprobación de sus fracasos a nivel internacional, la instan a actos destemplados que deslindan con la prepotencia y la trampa.

 

En un gesto de arrogancia infinita, la izquierda -en la cual se inserta la presidenta de la Comisión de Educación del Senado, Yasna Provoste- se arrogó el derecho de cambiarle el nombre a un proyecto de ley: al de Aula Segura lo rebautizó como Aula Democrática, contraviniendo la institucionalidad de la verticalidad de la autoridad y de la organización disciplinaria que han regido al sistema escolar.

 

En su desesperación por los escalonados reveses que sufre y por la pérdida de credibilidad en su ideología, la izquierda, vengativa y odiosa, perdió definitivamente el rubor y la vergüenza. Se ha hecho insensible a la corrección y a los mínimos buenos hábitos de mínima convivencia para humillar, sin asco, a  sus adversarios políticos.   

 

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