LOS ENVALENTONADOS NEOFASCISTAS

October 20, 2018

VOXPRESS.CL.- La izquierda mundial, y naturalmente la chilena, están siendo víctimas de una 'represión política'.

Para mejor entender la definición, un ejemplo lo constituyen sus habituales acciones violentas en contra de la institucionalidad. El acto de ser contenidas para reponer el respeto al orden social, lo denuncian como "represión". El socialismo ha generado daños, pero no los reconoce y, lo que es peor, acusa y ataca a quien se opone a que haga más daño.

 

Esta introducción intenta explicar la desaforada desesperación que ha originado en la izquierda chilena el 'fenómeno Bolsonaro'. No termina de explicarse cómo un gigante como Brasil, con millones de pobres, con su economía por los suelos y dominado por el progresista PT, haya tenido un vuelco inmenso de la noche a la mañana. La justificación de tal fenómeno es simple: abuso de poder, corrupción de la autoridad y desatención de ésta al clamor de la población por la pobreza y por los niveles de criminalidad.

 

¿No fue, acaso, lo mismo que pasó en Chile con Michelle Bachelet y su Nueva Mayoría? Así como acá fueron decenas de miles los decepcionados de esa gestión, en Brasil resultaron ser millones los desengañados de Lula y Rousseff.

 

Como la izquierda jamás tiene respuestas ni soluciones por haber sido concebida para gobernar a la fuerza y a mazazos, esconde sus fracasos con la descalificación e  insultos a sus adversarios. La presidenta de la UDI, en una estrategia para ser reelecta en una elección interna impredecible, viajó a entrevistarse con Jair Bolsonaro: el comunista Guillermo Teillier calificó el encuentro de "atentado a la democracia"…

 

Todo quien piense u opine distinto ya ni siquiera es un derechista, siendo que en su mayoría ni siquiera profesan alguna tendencia. Ahora son "de extrema derecha", "ultraderechistas" y, más recientemente, retomó la definición que tanto le fascinó utilizar en el siglo XX, la de "fascista", siendo que tanto el fascismo de Benito Mussolini como el nazismo de Adolf Hitler fueron concepciones socialistas en estado puro.

 

En el zoológico político doméstico hay una mujer que ha desplazado a los más recalcitrantes  líderes de la extrema izquierda: Carmen Hertz Cádiz, ex militante mirista con instrucción en tiro, jefa de bancada del PC, cazadora de militares en retiro y cabecilla de la pasada acusación constitucional contra tres ministros de la Corte Suprema. A raíz del arrollador triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil y del contentamiento que ello produjo en sectores políticos que reprochan la falta de autoridad de este Gobierno, su lengua viperina se movió para denunciar que "están envalentonados estos neofascistas".

 

Vale, hoy, recordar que una emblemática comunista atribuyó la aplastante derrota electoral del 17 de diciembre a "los fachos (fascistas) pobres", en irrespetuosa alusión a la sacrificada clase media que, desilusionada, le dio la  espalda a la izquierda.

 

La abogada Hertz rehúsa  reconocer el creciente rechazo a la izquierda en el mundo, y lo atribuye a que "fue atrapada por el neoliberalismo"… Refiriéndose a la pérdida de dominio en Europa, explica: "junto con el surgimiento de grupos de extrema derecha…(?), la izquierda allá adoptó como propias todas las políticas neoliberales más extremas. Se hizo cómplice de políticas de austeridad que impusieron grandes organismos internacionales y  que dejaron desprotegidos a sectores que no fueron favorecidos por la globalización. En nuestro país, ese proceso es equivalente en el mismo sentido".

 

De esta censura a la "debilidad" de la izquierda europea, salta a la crítica a los "fachos pobres" de Chile: "adoptar las políticas neoliberales y la corrupción han hecho una mezcla, y la gente (los 'fachos pobres') dejó de creer y no distingue entre una cosa y otra. Y ese escenario es terreno fértil para que surja el discurso ultraderechista".

Esta reflexión de una influyente comunista podría ser decisiva para aclarar las negociaciones de la oposición destinadas a reponer la Nueva Mayoría con otro nombre: Convergencia Progresista. Cualquier bloque que plantee un antagonismo al "neofascismo" para quitarle su "envalentonamiento" tiene que pensar en contenidos  que atraigan y convenzan a la población de que podría llegar a ser la opción que está dejando de serlo en todo el mundo. Pero esta alianza en ciernes se estrella,  precisamente, con la teoría, y muy cierta, de Carmen Hertz: la gente dejó de creer en la izquierda.

 

Por ello, Convergencia Progresista se ha planteado -y así lo reconocen- sólo como un pacto netamente electoral para evitar la repulsa ciudadana en las próximas elecciones municipales. Sólo le interesa mantener aunque sea una parte de la cuota de poder y, para lograrlo, no defiende lo propio, porque nada tiene que defender, sino ataca vilmente a quienes, en el resto del mundo y en Chile, la gente ha empezado a creerles.  

 

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