EVO Y SU CARTA TRAMPA


VOXPRESS.CL.- “Dando cumplimiento al fallo de la Corte, el Estado Plurinacional de Bolivia invita al Gobierno de la República de Chile a reiniciar el diálogo para atender los asuntos relativos a la situación de enclaustramiento de Bolivia y todos aquéllos referentes a una relación de buena vecindad y que han sido reconocidos por ambas partes como de interés mutuo”.

Con esta declaración, todo un himno a la hipocresía, Evo Morales anunció el envío de una carta diplomática al Gobierno de Chile con la finalidad, una vez más, de reivindicar su demanda marítima.

Acomodando a su amaño el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, el caudillo indígena boliviano dice que la Corte instó a ambos países "a que continúen su diálogo”, lo que, a su juicio, "representa una invocación a las partes a reanudar las conversaciones", las mismas que quedaron interrumpidas hace nueve años.

Con un cinismo que deslinda con la incredulidad, Morales expresa que “la atención por parte de Chile a la invocación que realiza la Corte y que Bolivia hace efectiva con esta nota, contribuirá a dar continuidad a los esfuerzos que ambos países realizamos para forjar soluciones adecuadas a nuestros temas pendientes”.

Acosado por la decepción de su pueblo, por la caída estrepitosa de su popularidad y con sus propósitos de ser Presidente por cuarta vez por los suelos, lo que hace Morales es dar un manotazo de ahogado que no lo salvará de morir por inmersión… Insiste, tozuda y erróneamente, en dos puntos: invita a Chile a "cumplir el fallo" y acentúa la existencia de "temas pendientes".

Sabe él, sus asesores, el pueblo boliviano y todo el mundo que la CIJ no acogió ningún argumento de su país que obligase a Chile a dialogar sobre el tema marítimo. Por tanto, nuestro país no tiene algún compromiso que cumplir ni, menos, una materia específica de qué conversar con Bolivia. Incluso, el río Silala salió del ámbito bilateral y está radicado en la justicia internacional.

El ex Presidente Ricardo Lagos Escobar recomendó que "dejémonos de hablar de Morales y de Bolivia, y dediquémonos a otros asuntos internacionales mucho más importantes". Ése parece ser el camino correcto hoy mismo y por un buen tiempo, dadas las réplicas, aún abundantes, del terremoto originado artificialmente por Evo Morales.

No hay que ser muy astuto para percibir que la suya no es más que una desesperada maniobra política para sustentar internamente su candidatura presidencial, hoy en picada. Él pretendió borrar su atropello a la Constitución -por desconocer un plebiscito adverso- y afianzar su postulación con un eventual "triunfo" en la CIJ, que, supuestamente, obligaría a Chile a conversar sobre la reivindicación marítima. Al no ocurrir ello, todo se le derrumbó.

Chile tiene un litigio pendiente con Bolivia, a la cual demandó por negar la internacionalidad del río Silala y no puede ser indiferente a la campaña de insultos y descalificaciones de Morales a sus anteriores y actuales autoridades.

Se confía que así también lo entienda el Presidente chileno, tan dado a las componendas. La ciudadanía espera que cumpla su palabra en cuanto a que "cualquiera conversación futura será a partir del respeto total al Tratado de 1904", esto es, cero reivindicación marítima.

Este Presidente, que encabezó el desalojo de la izquierda del poder, no puede, ni un segundo, prestarse para el juego político personal de un extremista socialista como Evo Morales. Es más, debe contribuir a que la izquierda no continúe a la cabeza del vecino país, y para ello, Morales no puede ni debe ser un interlocutor.

La conducta presidencial tiene que ser cuidadosa y prevenir que lo hagan pisar el palito, como ocurrió con la elección, casi garantizada, del próximo Presidente de Brasil.

Durante un foro en su visita reciente a España, Sebastián Piñera elogió el programa económico de Jair Bolsonaro para rescatar de la ruina a su país. El periodismo izquierdista invitado a la gira, le reprochó que respaldase a un "discriminador y anti-feminista", entre muchos otros adjetivos descalificadores. El Presidente cayó en la trampa.

En su obsesión por parecer progresista, respondió no estar de acuerdo con "la xenofobia, homofobia y no respeto a los derechos humanos" de Bolsonaro. Reconoció, eso sí, no conocerlo…

Cualquiera otro, con un criterio de estadista, hubiera respondido que como no lo conoce personalmente, esperará hasta una vez electo Presidente para imponerse de su propia boca de su pensamiento.

Omitió la mínima diplomacia que correspondía y, desde ya, no se prevé un buen vínculo personal con el futuro Presidente del gigante latinoamericano, tras calificarlo de lo peor sin siquiera saber de quién se trata.

Esta lamentable experiencia presidencial es la que induce a 'oler peligro' en esta hipócrita e interesada oferta de diálogo del desplomado Presidente boliviano.

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