MENOS MINISTERIOS, MENOR BUROCRACIA Y MENOR CORRUPCIÓN


VOXPRESS.CL.- La explicación de Mauricio Macri, Presidente de Argentina, fue categórica: "al disminuir el número de ministerios, se reduce la burocracia, se disminuye el gasto fiscal y se aminora la corrupción".

En el marco de un angustioso mensaje a la nación, Macri anunció la reducción de 23 a 10 los ministerios, como parte de las medidas destinadas a amortiguar la grave crisis económica por la que atraviesa su país.

A propósito de ello, surgió espontáneo un debate acerca de la necesidad de tener más o menos ministerios en un Gobierno, una discusión de larga data que, se mal supone, va íntimamente ligada a una proporcionalidad con el número de habitantes.

El Gobierno de Chile, en estos momentos, está empeñado en materializar la modernización del Estado y sin duda que un capítulo central será un racional análisis de la real necesidad de tener 23 ministerios. Esta cifra se halla entre las más altas de los países sudamericanos.

La errónea asimetría entre el número de ministerios y la cantidad de habitantes, explica, de algún modo, por qué Estados 'pesados', excesivamente cargados, tienen serios problemas de despegue socio/económico.

La siguiente tabla sudamericana es aclaratoria de las realidades de algunos de los países sudamericanos:

País Ministerios Habitantes

Venezuela 31 31 millones

Brasil 24 202 millones

Chile 23 18 millones

Ecuador 23 16 millones

Bolivia 20 11 millones

Perú 19 32 millones

Colombia 16 50 millones

Uruguay 13 3 millones

Paraguay 12 7 millones

Argentina 10 43 millones

El país más racionalizado del mundo en esta relación es Argentina, con sólo 10 ministerios para sus 43 millones de habitantes. Dicha reducción, en todo caso, hay que atribuirla a una ineludible y urgente necesidad de rebajar el gasto fiscal más que a una decisión prevista en el programa Presidencial de Macri.

Algunos gobernantes consideran, erróneamente, que la mantención de un elevado número de ministerios puede solucionar problemas. No obstante, vale la pena preguntarse si es preciso crear más burocracia para alcanzar la “suprema felicidad social”. Es el caso de Venezuela, en la cual 31 ministerios -uno por cada millón de personas- sólo han empobrecido más a una hambrienta población que sufre una inflación cercana al 900%, todo un record mundial.

Hay naciones que adecuan sus ministerios a sus problemas específicos, como India, que requiere 57 para su gigantesca diversidad social, y Sudáfrica, que demanda 37 para administrar sus 11 lenguas oficiales.

Un Estado ágil, realizador y de gran ritmo de ejecución, no precisa de un número excesivo de ministerios, y la medida más acertada para lograrlo es la fusión, antes que la eliminación. Una descarga importante de funcionarios públicos activa la marcha y margina, por cierto, las concentraciones de burocracia.

Macri, el Presidente argentino, aunque en su caso ahogado por la voracidad de una crisis, puede transformarse en ejemplo para otros Gobiernos de la región que continúan marcando el paso como eventuales economías emergentes, sin lograrlo.

El Gobierno de Chile Vamos pasó a ser un líder subcontinental al crear el Ministerio de Ciencia y Tecnología, el cual nadie más lo tiene. Al ritmo en que avanza el mundo cada segundo, una instancia de este tipo es vital y clave, aunque cara, pues para el cumplimiento de su finalidad requerirá de una inyección anual equivalente al 1% del PIB. En caso contrario, de poco o nada servirá.

Desde 1990 en adelante, los Gobiernos de turno fueron creando ministerios más por razones políticas -puestos de trabajos para correligionarios- que por genuinas necesidades.

Una vocera o un vocero de Gobierno no tiene porqué tener cargo ministerial, como, asimismo, es cuestionable la misma categoría para un titular de la SEGPRES, teóricamente, la persona a cargo de tender puentes entre La Moneda y el Congreso, labor que, como tales, les cabe a todos los jefes de Cartera por igual. En el transcurso de las tensas negociaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo ha sido el titular del Interior, Andrés Chadwick el 'cocinero' de los acuerdos, precarios, pero acuerdos al fin.

De la misma sensibilidad, el Ministerio de Economía perfectamente podría integrarse a Hacienda, pero dado su gran número de Subsecretarías, se ve difícil.

Sin embargo, ésta, la de subsecretarías sectoriales específicas, es una buena solución y estimula las fusiones. Trabajo y Desarrollo Social, por ejemplo, podrían ser uno solo y en esa condición Energía podría anexarse a Economía o Infraestructura (OO.PP.). Vivienda, con un rol casi restringido a lo social, podría ser parte también del Ministerio de Desarrollo.

Chile no ha sido, ni es ni será un país deportista -lo prueban los descomunales índices de obesidad-, pero inexplicablemente elevó a ministerio una Subsecretaría del Deporte que, demás, satisfacía las demandas de un sector más recreativo que competitivo.

Bienes Nacionales, por ejemplo, perfectamente podría funcionar bajo otro alero e incluso fusionado con Cultura, más allá de que nadie comprende la existencia de este ministerio en virtud de la extinción de la cultura en Chile.

Por razones obvias, cada ministro defiende la indispensable razón de ser de su cargo, pero lo que hay que privilegiar es el interés general y no el sectorial, especialmente de áreas discutibles y secundarias.

Los grandes e ineludibles sostenes de un país son su Educación, su Salud, sus Finanzas, su Seguridad, su Infraestructura y su Desarrollo. Todo lo demás es perfectamente acomodable y reestructurable. Ello, además, irrogaría las ventajas que enumeró Mauricio Macri en su ajuste: "menos gasto fiscal menos burocracia y menos corrupción".

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