PROTECTORA DE LOS DD.HH. DE LA IZQUIERDA

August 20, 2018

VOXPRESS.CL.- Un balón de oxígeno para la izquierda -especialmente latinoamericana- es el nombramiento de Michelle Bachelet como Alto Comisionado para los  DD.HH. de la ONU. El progresivo derrumbe del plan de conquista territorial del subcontinente, acordado en el Foro de Sao Paulo, la obliga, más que nunca, a ejercer presión para mantener en alto sus banderas ante el mundo.

 

Su última bandera fue imponer a Michelle Bachelet (PS) en el máximo cargo ideológico de la ONU. No quedó satisfecha la izquierda con el premio de consuelo para ella de dirigir un programa de salud infantil mundial, labor que ya la había llevado a varios países del hemisferio norte.

 

Al progresismo latinoamericano le era de urgencia tener a uno de los suyos en un rol de más exposición y con injerencia en los pocos países socialistas que van quedando, pero amagados por resistencias masivas de opositores.

 

La ONU, como se sabe, es financiada en gran medida por potencias capitalistas que combaten al extremismo, pero todos sus organismos dependientes repartidos por el mundo son dirigidos por funcionarios de izquierda. En Chile, por ejemplo, la CEPAL está en manos de una comunista mexicana.

 

Esta contradicción histórica es la que tiene a la Organización en una permanente actitud ambigua, vaga y de cuestionada autoridad, al no poder resolver cruentos conflictos que llevan años de duración. Todo lo que prevalece en la ONU es exclusivamente lo que incida en los intereses del puñado de países (5) de su Consejo Permanente de Seguridad. Lo demás es música.

 

El nombramiento de Bachelet como Alto Comisionado no origina ni frío ni calor a las tres súper potencias, porque los derechos humanos no están entre sus prioridades. Es más, Estados Unidos, Rusia y China no han firmado jamás un protocolo al respecto que los obligue a respetarlos.

 

Si a quienes manejan y financian en gran porcentaje el organismo poco les interesa el tema, a su Secretario General, el portugués Antonio Guterres, tampoco. De no ser así ya hubiese terminado con las terribles violaciones en la guerra  en Siria, en el exterminio kurdo por parte de Turquía, en el conflicto en Afganistán, en la expansión israelí en el Medio Oriente y en el fratricidio  en Yemen.

 

Dicho en términos directos, la ONU tampoco saca algo en limpio con sus humanitarias Fuerzas de Paz repartidas en el mundo.

 

Desde esta perspectiva, se refuerza más aún la convicción de que quienes más lucen en la ONU son sus agentes políticos, ubicados estratégicamente en cargos de gran autonomía, poder y visibilidad, como es el caso de Bachelet. Con asiento en Ginebra, sus acciones estarán enfocadas en todos los países -ninguna potencia, entre ellos- en que no la ONU sino la izquierda, supone que corren riesgos  sus derechos…humanos.

 

Se ocupará, sin duda, del bienestar de Lula, candidato presidencial desde la cárcel en Brasil; de que no sea acosada Cristina Fernández en Argentina; de que se respete la elección democrática del dictador  Daniel Ortega en Nicaragua y de que el derechista Iván Duque, el flamante Presidente colombiano, no vaya a emprenderlas contra los disidentes de las FARC que continúan en la lucha terrorista.

 

Que nadie imagine, ni sueñe siquiera, que Bachelet  asumirá conductas contrarias a los mismos grupos que hicieron lobby para introducirla como Alto Comisionado. Es una utopía creer que, después de correr a los brazos de Fidel Castro, vaya a pedir una rendición de cuenta de los derechos humanos en la isla, donde aún el silencio continúa siendo el salvoconducto para seguir con vida o que le exija a Nicolás Maduro que no continué manejando personalmente los tres Poderes del Estado o que informe sobre las cuadrillas armadas bolivarianas dedicadas a asesinar opositores o que le aconseje al ex guerrillero Daniel Ortega que cese en sus matanzas en Nicaragua.

 

Criticada por el PC chileno por "mano blanda", seguro que seguirá de muy cerca la situación judicial de los comuneros subversivos y podrá ojo en las acciones del Comando Jungla de Carabineros en La Araucanía.

 

La izquierda latinoamericana no colocó a Bachelet para que sólo se luciera internacionalmente en su puesto. Los derechos humanos son un instrumento de gran valor para la izquierda, ya sea utilizándolos como ataque  a sus adversarios o como defensa de sus abusos.

 

Que se sepa desde ya: una chilena, que no es la más importante de la historia patria, como dijo la actual ministra de la Mujer (?), es quien está manejando los hilos de los ideologizados derechos humanos, sea en contra de sus enemigos políticos o en favor de los 'inocentes' socialistas del mundo.

 

 

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