EL FRACASO DE UNA OBRA INCONCLUSA

July 21, 2018

 

VOXPRESS.CL.- "Al fascismo hay que vencer y mil cadenas que romper" dice el himno de la Unidad Popular (UP) que algunos nostálgicos suelen escuchar.

Lo entonan, y con razón, porque sus nostalgias prácticamente desaparecieron del planeta, o están en vías de hacerlo, como la hoy convulsionada aventura sandinista del 'comandante' Daniel Ortega en Nicaragua y la  hambrienta utopía socialista de Nicolás Maduro en Venezuela.

 

Los regímenes totalitarios con casas de seguridad para sus Presidentes rigen sólo en ambos países, en Cuba y Corea del Norte, porque no se conocen de otros cuyos pueblos odian y detestan a quienes los someten. Salvador Allende fue uno de ellos, y cada noche dormía en un  lugar distinto, uno de los cuales fue el último piso de la torre Villavicencio, al lado del GAM.

 

Cuando ordenó construir el amplio recinto para acoger a la asamblea de la UNCTAD, pidió un duplex para hospedarse él y, así, rotar sus noches con el Cañaveral en El Arrayán y con la casona de Tomás Moro.

Traemos esto a colación porque una de esas nostálgicas de la UP fue, y sigue siendo, Verónica Michelle Bachelet Jeria, quien en los Mil Días fue activa miembro de las Juventudes Socialistas y participante no sólo de cuanta manifestación de apoyo a Allende hubo -tripulando el vistoso jeep de su novio Ennio Vivaldi-, sino como líder de la toma de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

 

Desde el techo de una fábrica vecina, con trabajadores armados para defender al Gobierno, presenció el bombardeo a la Moneda.

Se exilió en la Alemania   Comunista y fue la excepción en la segregación que Enrich Hoenecker hizo entre comunistas y socialistas chilenos: no lo pasó mal gracias a la afinidad política de su madre Ángela con el hermético dictador.

 

Allí no sintió nostalgias del totalitarismo, como lo experimentó desde su puesto de ayudista del Frente Manuel Rodríguez. Siempre quiso ser la continuadora de la obra allendista, pero sin el PC de por medio, la (ex) Concertación se lo impidió, coronando, así, el peor de los Gobiernos de dicho ciclo.

 

Considerada única salvadora  de la izquierda y con el PC liderando las acciones y su cronograma político, Bachelet se propuso -y así lo anunció- "terminar la obra inconclusa de Salvador Allende".

Con su fiel colaborador financiero a la cabeza, Alberto Arenas, un oscuro economista, se decidió a sustituir el modelo liberal ideado por Pinochet y mantenido por la Concertación. Para ello,  se propuso eliminar el derecho a la propiedad y darle exclusivo dominio al Estado.

 

Para ello, su primer gran anuncio fue una reforma estructural tributaria, de tal modo que despojando de su capital a "los ricos" se ayudaría a los pobres. Dijo: "un cambio radical impositivo permitirá financiar en su totalidad una educación gratuita para todos". Su gran anhelo fue replicar la frustrada Educación Nacional Unificada (ENU) de Allende.

La mayor carga tributaria posible a los privados tenía por finalidad financiar la educación de "todos por igual, ricos y pobres", originando con ello  la muerte  de la enseñanza particular. Gracias a esa reforma de Bachelet, todas las universidades tradicionales chilenas cayeron en el ranking de calidad en Latinoamérica.

 

Nada de ello ocurrió. La población chilena no estaba para aventuras totalitarias. Esta oposición espontánea, más las ineptitudes de sus colaboradores, la permanente actitud  amenazante del Gobierno, su corrupción  y los vaivenes poco favorables de la economía nacional, volvieron a dejar inconclusa la "obra de Allende", esta vez en manos de Bachelet,  y, al igual que en la UP, con una deuda fiscal casi impagable.

 

Su reforma tributaria, que prácticamente no se destinó a la educación, y  llave maestra para todos sus cambios, cumplió los vaticinios de que no serviría, más aún si fue concebida en apenas 11 hojas que Arena envió, como proyecto, al Congreso. Desde allí, corregida, salió con 120 páginas, pero igualmente inútil.

Hoy, el ex ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, recuerda que "a las reformas debí aplicarles racionalidad económica". Bachelet lo sacó del cargo.

 

Ya en régimen y hasta mayo pasado, las cifras de recaudación tributaria no minera muestran un aumento de solo 0,5% real, en comparación con un aumento del Imacec de 4,7%. Ello demuestra que la recaudación fiscal de la reforma del 2014 está por debajo de lo previsto.

Sin considerar la  recaudación de impuestos de la gran minería del cobre -que se vio afectada por la caída del precio del metal-, entre 2013 y 2017, la recaudación vía impuestos aumentó de 15,6% a 16,7% del PIB, es decir, algo más de un punto. La meta era un incremento de 2,3 puntos para ese año.

 

Fracaso es el verbo más conjugado durante la UP y también lo fue en el de la Nueva Mayoría, encabezado por Bachelet, pero con un aditivo en contra de ésta: la corrupción. OAS, la gigante brasileña de la construcción, económicamente quebrada y enjuiciada por pagar coimas a gobernantes, entre ellos Lula da Silva y Vilma Rousseff, tiene paralizada las faenas del puente sobre el canal Chacao. Se niega a vender su parte societaria con la coreana Hyundai para seguir adelante con el proyecto.

 

Por recibir un 'regalo' de OAS, Lula está preso y Bachelet acaba de encabezar un movimiento político progresista para respaldarlo y ayudarlo a que vuelva a ser Presidente de su país.

El Gobierno socialista fue incapaz de hacer efectiva la garantía a OAS, ello por expresa solicitud de Rousseff a su amiga y camarada Bachelet.

 

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