GRACIAS, ACOSO

July 14, 2018

VOXPRESS.CL.- Como si se tratase de un suceso de conmoción nacional,  las denuncias de actrices en contra de un director de TV y otro de cine por acoso y abuso sexual, han sido útiles para poner en sus respectivos lugares a los diferentes tipos de mujeres trabajadoras.

 

Herval Abreu, primero, y Nicolás López, después, fueron denunciados por mujeres que trabajaron con ellos de haberlas acosadas e incluso abusadas. Ninguna de las acusaciones es reciente y,  algunas, datan de años.

 

De partida, hay que aclarar porqué experiencias de esta naturaleza ocupan tantos minutos de difusión en TV y radio y centímetros de textos en los periódicos. Una razón, y la principal, obedece al estatus intelectual promedio de la población chilena: un 42% ignora los nombres de los ministros de Estado y desconoce casi todos los de los parlamentarios, pero recita casi de memoria los de quienes pertenecen a la  industria del espectáculo y la entretención.

 

Los llamados 'famosos' y 'famosas' de la TV invaden casi a diario los hogares y les resultan familiares a las audiencias. De ahí que cualquiera 'noticia' que provenga de ellos las impacta mucho más que acontecimientos que sí merecerían su atención.

 

Otro terreno abonado para este estallido concertado de denuncias, fue la irrupción desenfrenada de movimientos de mujeres libertinas en pos de una igualdad total con los hombres.

Es un legítimo orgullo para el libertinaje femenino que, como nunca antes, aparezcan mujeres con coraje para revelar públicamente sus relaciones íntimas con directores de TV y de cine como condición para obtener un trabajo.

 

El asombro originado por dichas confesiones causó, en algunos, un gran asombro, en la convicción de que no existían estas prácticas en el mundo laboral y, muy específicamente, en el mercado audiovisual.

Vivencias como éstas no son nuevas y han surgido, siempre, por el aprovechamiento masculino del apetito desbocado de celebridad por parte de mujeres ambiciosas.

 

Los hombres que, amparados en un circunstancial poder, estrujan sin moral las ansias de fama de frívolas jovencitas, son unos desalmados que, tras ser desenmascarados  y probadas sus acciones, merecen la condena popular y la de la justicia.

 

No es suficiente ni aceptable el sólo hecho de pedir perdón, como lo han expresado públicamente  Abreu y López.

Sin embargo, tampoco parece criterioso justificar a plenitud a las actrices  que si bien ahora mostraron gran valentía, en su momento carecieron de ella "por no perder el trabajo".

 

Esta antigua experiencia del 'peaje sexual' era hasta ahora un secreto a voces con nombres y apellidos, pero poco o nunca se ha escuchado de quienes en ámbitos  laborales selváticos se han abierto paso sin condición alguna y gracias exclusivamente a sus méritos.

 

Tiene que quedar clarísimo que este tipo de situaciones se dan en poquísimos ambientes, casi únicamente en aquéllos en que las aspirantes buscan un trabajo que les reditúe una popularidad rápida e ingresos atractivos.

 

Si se trazase una raya para la suma, estimativamente un 98% del mundo laboral femenino accede a un puesto sólo por sus antecedentes. Lo acontecido con esta oleada de denuncias tiene que ser el punto final para este modelo perverso de lograr una ocupación.

 

La alerta general provocada por estos dos puntuales episodios, debe constituirse en una alarma para este tipo de empleadores y también para este tipo de mujeres.

 

En adelante, tendrán que contenerse quienes ofrecen 'caramelos' a cambio de trabajo, porque el desenfado femenino actual los expondrá de inmediato al escrutinio público, como lo están sufriendo Herval Abreu y Nicolás López.

 

Dadas las consecuencias de ambos episodios, será  muy difícil que un oferente laboral corra ese riesgo, aunque enfrente suyo tenga el plato más delicioso para servirse. Con la actitud coordinada de estas jóvenes del espectáculo, nadie  -imaginamos- querrá correr un riesgo de tan severas consecuencias, más allá de un pacto de secreto o de confidencialidad, que termina rompiéndose.

 

Todo ello redunda en un objetivo positivo: la prevalencia del mérito en la concesión de cualquier trabajo, incluso para uno detrás de una cámara, que conduzca rápido a la popularidad. 

 

 

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