LA JUSTICIA Y EL 'PUEBLO'

VOXPRESS.CL.- "Durante la dictadura, al Poder Judicial le faltó estar más del lado del pueblo para investigar los casos de DD.HH.”.

Dicha expresión corresponde al (ex) ministro de la Corte Suprema, Carlos Cerda, que en días pasados se despidió de la magistratura, tras cumplir 74 años.

Junto a él, también se acogió a retiro Milton Juica, voceador de El Siglo (PC) en su época de estudiante de Derecho Ambos aplazaron su jubilación para poder votar por su camarada Haroldo Brito como presidente de la Suprema.

Brito, con sentidas palabras, valoró "su trayectoria, convicción e independencia", la misma que por años lo privó de un sillón en este tribunal".

Dicho 'congelamiento' lo sufrió Cerda por desobedecer instrucciones de sus superiores de entonces, y la "independencia" a que aludió Haroldo Brito explica el porqué, en un momento, se le haya frenado su carrera.

Carlos Cerda fue el único juez que desconoció una ley, la de Amnistía, y estableció por su cuenta un criterio de sentencia por detención indefinida y permanente de una persona, algo imposible desde la práctica jurídica y desde la lógica. Su 'imaginaria realidad' derivó en el perpetuo eslogan de los "detenidos/desparecidos" enarbolado por el Partido Comunista.

Al dejar la Suprema, Cerda reveló irse "dolido", porque "se continúan violando los derechos humanos de niños, menores, jóvenes vulnerables, inmigrantes y presos".

Por ser ícono de la rebelión judicial en contra del régimen militar, Cerda no pudo evitar referirse a dicha época: "al Poder Judicial le faltó estar al lado del pueblo".

Su afirmación da fe, con total precisión, de la arbitrariedad con que actúa la Justicia, que les 'hace justicia' sólo a quienes le interesa, en tanto frente al resto, demuestra indolencia.

Días atrás, el Presidente de la República tuvo que advertir que "no me importa que los tribunales se atochen con delincuentes", tras el reclamo de Brito de que "con tantos detenidos, no hay tiempo ni espacio para fallar", en alusión a las redadas masivas de malhechores en el país. Sólo en Santiago hay un incremento de un 27% en delitos con violencia.

Las expresiones del ex ministro Cerda reflejan en toda su magnitud la posición discriminatoria de la Justicia, al calificar de "pueblo" a una reducida fracción de los habitantes del país. No es que este abogado de la Universidad Católica ignore el real significado de la palabra, sino lo acomoda a la histórica conveniencia de la izquierda.

Como lo ha hecho siempre el PC, sustituye el concepto de pueblo por el de masa.

El pueblo es el conjunto de los habitantes de una región, nación o país, y comparten una cultura similar. Una definición tan categóricamente clara se contrapone a la visión política de Cerda, que se quedó detenido en los patricios y plebeyos de la Roma imperial.

Ese conjunto de personas se mueve con un mismo objetivo de vida y comparte los límites de un territorio, o sea, integra el Estado.

Si se repara en las expresiones de Cerda en su despedida, reduce el ámbito de los derechos humanos, a los hacinamientos en las cárceles, al trato a los inmigrantes, a los padecimientos de menores y jóvenes vulnerables, y tuvo el cuidado de no incluir a sus camaradas Según su reducida óptica, las víctimas de vejámenes, abusos, asaltos, robos y 'portonazos0 carecen de derechos humanos, al igual que los habitantes de poblaciones tomadas por bandas del narcotráfico.

Para entender la malintencionada interpretación del ex ministro de la Suprema, ni siquiera consideramos la definición que algunas democracias modernas tienen de pueblo: "personas que pueden votar y ser elegidas". Lo sustancial es aclarar la confusión que él hace con 'la masa', que es específicamente a lo que apunta.

Según el Diccionario de Definiciones "entre pueblo y masa existe una gran diferencia, pues el verdadero pueblo está compuesto por ciudadanos que son realmente conscientes de su responsabilidad, de sus deberes y de sus derechos". En cambio, la masa "está formada por aquellos individuos que no tienen ideales ni sienten responsabilidad alguna sobre su entorno".

Define al hombre/masa como "aquél que no se distingue del resto, a quien no le interesa labrarse un porvenir, que no tiene aspiraciones intelectuales ni espirituales y lo único que espera de la vida es que le den el 'producto terminado'. Aclara el texto que "este sector de la sociedad es completamente enemigo de la democracia y de todo tipo de gobierno donde el pueblo se represente a sí mismo, fundamentalmente porque las masas niegan la libertad".

Con esta indispensable aclaración de conceptos queda en evidencia la incalificable interpretación -intencional- con que Carlos Cerda hizo caer a la Justicia chilena en uno de sus más grandes errores, y horrores. Acomodar las leyes y las normas legales 'a su pinta' no fue sinónimo de independencia, como lo afirmó Brito, sino de ideologización de un magistrado políticamente comprometido que violó el orden jurídico.

En su momento, Cerda no pudo esquivar la tentación de actuar y proceder como se lo dictaba su adoctrinamiento político: defender a 'su pueblo'. Sólo al suyo. El genuino pueblo de Chile, en su conjunto, continúa clamando por justicia para la vulneración de sus innumerables derechos, diariamente ignorados por la magistratura.

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