A EVO SE LE ACABÓ LA FUNCIÓN


VOXPRESS.CL.- Pasó casi inadvertida, pero se trata de una gran noticia: por primera vez, en su afiebrada relación con Chile, el Presidente boliviano Evo Morales consagra la validez y prevalencia del Derecho Internacional. Lo acaba de hacer, al abdicar en el juicio por el derecho a las aguas del río Silala.

Desde que se empantanó en una campaña mundial anti-chilena para obtener, a cualquier precio, una porción soberana de Océano Pacífico, el Mandatario jamás, ni bajo los efectos de la coca o el alcohol, había reconocido que los vínculos entre países están rígidamente normados por el Derecho Internacional.

Gracias a que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) se ciñó estrictamente al Derecho Internacional, no pudo satisfacer su odiosa campaña de recibir mar chileno con el simplista argumento de que "es justo tenerlo".

En subsidio, la CIJ lo premió, posibilitando una eventual discusión bilateral casera, obligando a Chile a sentarse a conversar con Bolivia, de cualquier tema, pero a conversar.

Los fallos de la CIJ suelen ser más políticos que jurídicos, pues sus magistrados dependen de la ONU, ente financiado mayoritariamente por Estados Unidos, pero con funcionarios mayoritariamente de izquierda. Aquella sentencia de 'darle una manito' a Bolivia fue un consuelo esperanzador para el socialista Morales, hoy en serios aprietos por las protestas de su población.

Una sentencia peor de ridícula y geográficamente incoherente, fue la que favoreció al izquierdista nicaragüense Daniel Ortega por sobre el derechista colombiano Álvaro Uribe.

La CIJ le dio la soberanía de unas islas a Colombia, pero el mar que las rodea se lo otorgó a Nicaragua. Es el primer caso en que un bañista toma sol en un país y se refresca en las olas de otro.

¿Cuál es la tremenda importancia de este reconocimiento que Morales acaba de hacer del Derecho Internacional? Anunció oficialmente que a días de expirar el plazo ampliado para hacerlo, su país no presentará la contrademanda frente a Chile en el juicio por el uso de las aguas del río Silala. Dijo, solemnemente, que "informes de Derecho Internacional hacen recomendable no presentarla".

Este anuncio lo menos que tiene es irrelevancia, ya que sus efectos no son pocos. De partida, es una derrota política interna para Morales, actualmente involucrado en una pugna popular por desconocer un plebiscito que le impide repostular a la Presidencia.

Fue él mismo quien, en 1999, levantó una campaña en contra de Chile, denunciando que le robaba aguas a un río boliviano, el Silala. En 2016, nuestro país lo demandó ante la CIJ para establecer que se trata de una vertiente internacional, pero llegada la hora de demostrar jurídicamente su razón, Morales ahora anuncia que no lo hará, basándose en el Derecho Internacional.

A su derrota política interna, que será estrujada al máximo por la mayoritaria oposición, debe sumarle el mal pie internacional en que ha quedado. Durante la demanda marítima contra Chile se dedicó con majadera obstinación a desconocer el Tratado de 1904, el mismo que, por respeto al Derecho Internacional, la CIJ rehusó tocar en su sentencia.

Aunque ya no quedan instancias argumentales antes del fallo de la CIJ en dicha materia, parece indispensable que sus jueces reciban información de esta inédita postura de Morales respecto al Derecho Internacional.

Ahora, luego de esta retrocedida de Morales -que poco debe haber agradado a la CIJ por la pérdida de tiempo., el Mandatario boliviano, ¡era que no!, le tendió un cebo a la Cancillería chilena, al pedirle que, ahora sin juicio, "la disputa por el Silala" se haga por la vía del diálogo, "porque compartir las aguas es un tema de derechos humanos".

Sería de una inexplicable ingenuidad acceder a la astuta oferta de este esquizofrénico. Su sola renuencia a no presentar contrademanda equivale a un retiro unilateral de la demanda, con lo cual el litigio deja de existir y Chile podrá libremente seguir haciendo uso de aguas reconocidamente internacionales.

El pretexto socialista de dialogar por tratarse de un "derecho humano", es un truco lo suficientemente manoseado y artificial como para tomarlo en cuenta.

Lo relevante de esta claudicación del Presidente boliviano es su reconocimiento a la injerencia del Derecho Internacional, conducta inédita en él y que deberá ser repuesta por Chile en el primer plano cada vez que sea necesario para neutralizar las majaderías de este infame personajillo.

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