LOS VALORES NO SON POPULISTAS


VOXPRESS.CL.- En medio de la tempestad anti-valórica originada por el 'femichismo' progresista, movimiento que quiere ir al empate con el machismo, el Gobierno se enfrenta a la discusión parlamentaria de su Agenda Valórica.

Ésta marca una confrontación de visiones morales, éticas y espirituales, con un abismo de por medio, con casi todos los partidos opositores.

Las claras divergencias de ópticas en materias tan delicadas y afines a las diversas características del ser humano, signaron el debate valórico en la campaña presidencial, y se ha profundizado durante 'el estudio' en las comisiones parlamentarias.

Es de imaginar las tremendas dificultades que pueden encontrar posturas valóricas, si en lo meramente tangible cuesta un mundo aproximarse a un acuerdo.

El gran tema aún sin consenso legislativo, por diferencias entre la Cámara y el Senado, es la situación de los menores transgénero. Semanas atrás, sostuvimos que el cambio de sexo en una edad temprana es un problema estrictamente médico y con una regulada intervención judicial.

No es ni ha sido nunca una cuestión de conciencia ni, menos, de apreciaciones con un componente religioso. Es indispensable sacar del infierno a quienes nacieron, por una falla biológica, con el sexo equivocado.

Tan claro es esto como la situación legal de los transgénero: mientras no se materialice su cambio de sexo, la persona debería continuar siendo regida por su género de nacimiento, y así, hasta ahora, consta en su documentación.

El 'femichismo' y los legisladores adscritos al libertinaje, exigien que prevalezca "el nombre social", esto es, que el Registro Civil lo modifique por su cuenta y que transforme un hombre en mujer, o viceversa.

Tan descabellada inconsecuencia no repara en la aberración jurídica que involucra: la cédula de identidad y el pasaporte oficializan a un ser real y no a uno aparente, en proceso de transformación. Sin embargo, en un hecho insólito y sin precedentes, la Corte Suprema, violando códigos y leyes chilenas, sentó un precedente que pavimenta el camino a los parlamentarios de izquierda para concretar este desatino.

Basándose en tratados internacionales, y no en la legislación chilena, falló a favor de un transgénero para que legalmente utilizara su "nombre social". Voto clave fue el del presidente del máximo tribunal, el progresista Haroldo Brito.

En la víspera de la Cuenta Pública, el Ejecutivo retiró desde el Congreso el proyecto de adopción homoparental.

La adopción irrumpió con una fuerza incontrastable, luego del informe acerca del calamitoso estado en que la administración anterior entregó el SENAME. La conclusión refleja el gran anhelo de los niños residentes allí de ser adoptados, por ser la familia una prioridad para ellos.

Hasta la fecha, por ley sólo pueden adoptar un padre y una madre, y ello tras un cúmulo de inflexibles requisitos. La tendencia histórica demuestra una preferencia del matrimonio por menores de poca edad, produciéndose un rezago, en los centros del SENAME, de adolescentes.

El punto de inflexión acerca de la renuencia a preferir jóvenes no radica en los eventuales adoptadores ni en los eventuales adoptados, sino en el SENAME. Si este servicio estatal se hubiese dividido en 2011, como lo propuso el primer Gobierno de Piñera y lo archivó el segundo de Bachelet, no se produciría esta mixtura de residencia para menores en estado de abandono y cárcel para delincuentes precoces.

Mientras no se separe el trigo de la paja, será muy difícil, casi imposible, que los adolescentes tengan la opción de ser adoptados.

Pero no sólo éste es un tema de disenso. Los enfrentamientos se agudizaron con la presión del 'femichismo' de permitir, por ley y ya mismo, la adopción por parte de parejas homosexuales. Han sido públicamente conocidos los fallos de los tribunales que han confirmado la negativa del Registro Civil, ya que ambas instituciones se fundamentan en lo que imperativamente mandan el Código Civil y la ley respectiva.

Se trata, ésta, de una antigua discusión, y los progresistas se aferran al razonamiento de que "lo único que interesa es el cariño que se le brinde al niño, sin importar quién o quiénes".

No es "conservadurismo" el que un lactante, sólo de oírlas, es capaz de distinguir las voces de su madre y de su padre, y que la primera palabra que balbucea es "mamá". El motor de la humanidad ---y no es primera vez que lo decimos-- es el sexo entre un hombre y una mujer. Sin reproducción, no existiríamos.

Si el 'mujerazo' imperante por estos días pide que una fémina sola pueda acceder a la adopción es hasta discutible, por una cuestión de naturaleza humana, pero no dos madres…o dos padres.

La comunidad ha sido testigo de cómo la Ley de Aborto sólo por tres causales, desembocó rápidamente en el aborto libre y en una feroz ofensiva en contra de los médicos que se niegan a practicarlo.

Parece de total incoherencia discutir la adopción por parte de homosexuales, sin antes abordar la propuesta, aún en el aire y sin plazo de debate, sobre el matrimonio de parejas del mismo género.

Hay que recordar que para atenuar las penurias de parejas homosexuales se legalizó el AUC, Acuerdo de Unión Civil. Nadie, ni del Legislativo ni del Ejecutivo, se han tomado la molestia de averiguar la cantidad de solicitudes de disoluciones de quienes suscribieron dicho contrato. Al poco tiempo de implementado, un 25% había puesto fin al contrato.

Con ese antecedente a la vista, puede aclararse lo poco aconsejable que sería entregar niños en adopción a parejas en riesgo permanente de disolución.

Pese a no ser un personaje de una sola línea, Jorge Bergoglio, en una conferencia en el Vaticano, declaró no entender al mundo homosexual. "Todos reconocemos y respetamos su existencia, pero no comprendo porqué se lo pasa exigiendo leyes y normas diferenciadoras, reglas que ni los heterosexuales tienen".

Es comprensible y explicable la intención de La Moneda de buscarle 'las siete patas al gato' por su necesidad de llegar a acuerdos con la oposición para, así, asegurar su gobernabilidad. Pero hay asuntos en los que, simplemente, no se puede transar.

En todos los segmentos sociales del país existe una mayoría, fundamentalmente femenina, de gran apego a los valores heredados de tiempos más tolerantes que los actuales. El 'femichismo' es una moda oportunista y pasajera proveniente del exterior, impuesta por el extremismo de izquierda, luego de quedarse sin temas por los cuales hacer ruido y atacar fieramente a quienes piensan distinto.

No por un sorteo, está en la presidencia de la Comisión de Familia de la Cámara una guerrillera adoctrinada en Libia y que le pidió a un subversivo encapuchado del Frente Manuel Rodríguez que fuese el padre de su hijo. El sindicato de periodistas de TVN, donde por un tiempo cumplió labores, la hizo pedazos.

Si el punto que atora al Gobierno es la falta de votos para hacer prevalecer su Agenda Valórica, es preferible una derrota ante el progresismo libertino que transar y traicionar los contenidos que, seguro, representan el silencioso sentir de una amplia mayoría ciudadana.

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