EL CAZADOR CAZADO

May 26, 2018

 

VOXPRESS.CL.- La irresponsable e injusta condena de Jorge Bergoglio a toda la Iglesia chilena, en un convencimiento erróneo de que ésta la componen sólo los curas, recibió una contundente respuesta de una feligresa colchagüina que abrió una increíble Caja de Pandora en la diócesis de Rancagua.

Según el Censo 2017, quienes se declaran católicos en el país borden los 5 millones de personas y los sacerdotes son del orden de los 6 mil.

 

Lo que --imaginamos--   pretende hacer Bergoglio es limpiar el clero, excluyendo a todos aquellos miembros  incapaces de preservar sus votos. Debe, entonces, remitirse en sus expresiones sólo al ámbito clerical, e incluso si así lo hiciera, debiera tener sumo cuidado para no abarcar  en sus condenas   a la inmensa mayoría de ministros fieles a su  vida consagrada.

 

Comparativamente al número de sacerdotes, es de la mayoría de laicos católicos de quienes Bergoglio debiera estar agradecido, por continuar lealmente confiando, pese al  comportamiento impropio de algunos ministros, y porque están contribuyendo a sacar la basura desde bajo la alfombra.

 

Es lo que hizo la feligresa  Elisa Fernández, al denunciar la existencia de un grupo de presbíteros de distintas comunas rurales,  auto denominados 'La Familia'.

Son 14 párrocos,  recientemente suspendidos de su ejercicio sacerdotal por ejercer actividades sexuales con menores.  Se han hecho público los nombres de los presbíteros de Paredones (provincia de Colchagua), Peumo y Las Cabras (provincia de Cachapoal). En todo el territorio de la diócesis de Rancagua hay 68 curas, por lo cual los infractores son una minoría.

 

El más complicado con este escándalo, que supera en mucho al de Fernando Karadima, es el obispo de Rancagua, Alejandro Goic Karmelic (78), presidente, hasta ese momento, del Consejo de Prevención de Abusos de la Conferencia Episcopal. Tuvo que renunciar.

 

Hace año y medio, recibió la denuncia sobre la existencia y conductas de este grupo, incluso con la detallada descripción de que uno de ellos viajaba periódicamente a Santiago para tener sexo con hombres jóvenes contactados previamente.

 

Goic, tal como lo hizo Bergoglio respecto a Juan Barros, exigió pruebas. Pese a que la Fiscalía estaba llevando independientemente una investigación por una denuncia contra ellos, el obispo no movió un solo dedo hasta que canal 13 difundiera lo que estaba sucediendo en su diócesis.

 

Al margen de que, ahora sin pruebas, los inhabilitó y denunció a la Justicia, pidió perdón por su omisión. Su arrepentimiento puede ser tardío y difícilmente  le permita concretar su gran y secreto anhelo: ser cardenal.

Como bien lo saben sus colegas de la Conferencia Episcopal, Goic fue uno de los dos más jugados a favor de los denunciantes de Karadima desde un comienzo del escándalo, convencido de que con ello ganaría bonos para llegar al cardenalato.

 

Él está sobrepasado en la edad para obispo y para cardenal, pero si el Papa lo decide, puede haber excepciones en tal sentido.

En la entrevista que tuvo a solas con él en el Vaticano, uno de los acusadores de Karadima, Juan Carlos Cruz, le sugirió a Bergoglio que el reemplazante ideal de Ricardo Ezzati sería Goic. Éste calza a la perfección con la filosofía del argentino, incluso no siendo jesuita.

De los convocados por el emisario/investigador  papal Charles Csicluna, el primero en ser entrevistado fue Luis Infanti, de Aysén, de quien se asegura ser 'el tapado' de Bergoglio para el cardenalato, y el segundo en ser recibido fue Alejandro Goic, quien lo hizo en medio de una gran exposición mediática.

 

No obstante, con su deplorable desempeño ("no soy detective") en el caso de 'La Familia', Goic perdió todos los bonos con que creía contar: al desentenderse de la denuncia, pasó a ser encubridor.

 

Si durante y tras el 'vaticanazo' contra la Iglesia chilena, Goic se vio y se sintió seguro, ahora, después de la revelación de este  escándalo en su propia diócesis, debe estar contándose entre los obispos que serán removidos "a corto plazo".

 

Luego del peregrinaje a Roma sólo han quedado al descubierto ciertas pistas que permiten visualizar el futuro de algunos. El centro del conflicto, Juan Barros, viajó desde Roma a Madrid para seguir su estadía allí, donde se hallaba radicado antes del encuentro en el Vaticano. Sus habituales oficios dominicales en la catedral de Osorno están a cargo del párroco Mario Vargas.

 

De vuelta a sus respectivas diócesis, los obispos tuvieron a su cargo los oficios de una de las festividades más simbólicas de la Iglesia Católica, la Ascensión del Señor (domingo 20 de mayo). Hubo dos que, coincidentemente, se ausentaron de dicha celebración: Horacio Valenzuela, de Talca, y Tomislav Koljatic, de Linares.

Ambos, además del auxiliar de Santiago, el inactivo por enfermedad Andrés Arteaga, y obviamente Juan Barros, fueron discípulos de Karadima en El Bosque y denunciados por los acusadores como "encubridores" del ex párroco.

Para mal de sus males, el obispo de Talca fue atacado por fuego amigo. En una reunión de párrocos a que convocó en Curicó para contarles la visita al Vaticano, el presbítero Sergio García, de Villa Prat, le recordó que "privada y públicamente" le había pedido que renunciara a la jefatura de la diócesis.

 

Viviendo las mismas malas vibras que Goic se halla el cardenal Ricardo Ezzati, quien tenía "para callado" una bomba en su arzobispado de Santiago: desde enero, el Vaticano investiga a su ex mano derecha y canciller, Óscar Muñoz, quien se auto denunció como autor de abusos.

 

Todo hace presumir que la mano no se viene blanda. Otra señal de ello es que el Vaticano, tras cuatro años misteriosamente paralizado, reabrió el juicio canónico contra John O`Really, legionario de Cristo, condenado por cuatro años con libertad vigilada por la Justicia chilena. En noviembre, y despojado de la nacionalidad por gracia que se le había concedido, será expulsado del país.

 

Para que no queden dudas de su guerra contra la jerarquía eclesial chilena, Bergoglio comunicó que en su residencia Santa Marta recibirá a otros "huéspedes": cinco sacerdotes que fueron víctimas de "abuso de poder,  conciencia y sexual" por parte de Fernando Karadima: Javier Berríos, Eugenio de la Fuente, Sergio Cobo, Alejandro Vial y Francisco Astaburuaga. Irán con ellos ministros que los han 'asistido' para superar dicho trance. Este otro capítulo de la misma novela se mantuvo bajo llave hasta la visita de Scicluna, a quien le fue revelado.

El fuego amigo está llegando por todos lados, y ello por la acción de encubridores poderosos, como Goic.

 

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