FRENTE AMPLIO SE PRESENTA: ¡EUTANASIA!

VOXPRESS-CL.- El vocablo es atemorizante y fuerte: por siglos, la sociedad chilena ha asumido la eutanasia como un crimen maquillado. De hecho, todavía hay Iglesias y diferentes credos que se oponen enérgicamente a su aplicación.

A la fecha, no son pocos los que mantienen ciertos hábitos pudorosos para no referirse directa y concretamente a fenómenos de la salud humana. Hasta no hace mucho, la palabra cáncer estuvo vetada en los medios de comunicación y los decesos eran originados por "una larga y penosa enfermedad". Por estos días, se continúa llamando "accidente vascular" a un derrame o una trombosis, que, eventualmente, puede originar daños irreparables al cerebro.

Por mucho tiempo ha prevalecido la vergüenza de mencionar por sus nombres a enfermedades y estados agónicos que, en la actualidad, son casi de diaria ocurrencia en los centros hospitalarios.

La lengua española, oficialmente, tiene dos definiciones para eutanasia. La primera es "el acto de provocar intencionadamente la muerte de una persona que padece una enfermedad incurable para evitar que sufra", y la otra es "la muerte sin dolores, molestias ni sufrimientos físicos".

Estos dos cristales para una misma mirada son los que se pondrán en juego en el Congreso, tras la iniciativa del Frente Amplio (FA) de presentar un proyecto de ley que permita oficializar la eutanasia en el país.

Fue el Partido Liberal, uno de los tantos referentes que integran el FA, el autor y patrocinador de una iniciativa que, de seguro, dará motivo a un debate tan encendido y largo como el de la Ley de Aborto.

Hay que ser prudentes en cuanto a juzgar la presentación en sociedad del FA, asociando su autoría al perfil de sus militantes y de su filosofía política de radicales transformaciones. Sus dirigentes argumentan que se trata de "una ayuda al bien morir".

Hace años que sobre los legisladores viene rondando la idea de hacer realidad la eutanasia, pero, como reacción automática, siempre surgen los temores al fracaso por la férrea oposición de las Iglesias y de las fracciones más conservadores de la sociedad y, específicamente, del mundo católico.

Una percepción de este primer proyecto legislativo impulsado por el FA, puede, erróneamente, inducir a pensar que es, también, el primer reflejo de su irreverente pensamiento político. Sin embargo, las vivencias cotidianas en centros asistenciales y hasta en hogares, permite abrirle una puerta, más social que médica, a la eutanasia.

Todo conduce a creer que el proyecto contribuye a una solución a un costo humano gigantesco, a un sufrimiento irremediable y a un caos económico que deja en la calle a muchas familias.

Uno de los recursos habituales, y normales, en los centros hospitalarios para prolongar la vida a un enfermo terminal es el uso de 'respiración asistida', es decir, se le mantiene con vida artificialmente, dependiendo de una máquina que le proporciona oxígeno.

El protocolo de muerte cerebral, que posibilita las donaciones de órganos y que implica la desconexión de la asistencia mecánica ¿puede considerarse eutanasia? Es posible que quien esté clínicamente fallecido se mantenga por días o semana con vida, pero ello sólo gracias a un apoyo externo.

No pocos son los casos en que familiares directos del paciente le solicitan al médico tratante que "desconecte la máquina". ¿Es ello eutanasia? Como algunos lo interpretan como tal, hay que aclararles, entonces, que ya en el país, y casi a diario, se está aplicando este procedimiento.

Para nadie es un misterio que, discreta y reservadamente, se ejecutan acciones "aliviadoras", tanto para el agonizante como para sus familias. Una dosis extra de morfina, por ejemplo, apura un deceso.

Vinculadas íntimamente a estas experiencias son las solicitudes expresas planteadas por muchas personas a sus parientes en cuanto a que, llegada su hora, los dejen morir, sin prolongar artificialmente sus existencias.

Los autores de la iniciativa no sólo recogen las miserias del padecimientos humanos, que a veces llega a ser dolorosamente insoportable, sino captan las severas consecuencias de ser acompañantes de enfermos irrecuperables o terminales.

En la escala social chilena, la mayoría de los peldaños carece de recursos para afrontar situaciones tan devastadoras como son las enfermedades catastróficas.

Definitiva y categóricamente, la eutanasia debe dejar de ser asumida como un acto criminal. Quien lo interpreta así, debe hacer un esfuerzo para entender la realidad de la otra cara, la humanitaria.

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