UN PROBLEMA EXCLUSIVO DE LA MEDICINA


VOXPRESS.CL.- Si algo nunca imaginó el Gobierno antes de asumir fue que, a poco andar, sin quererlo se vería enfrentado a un apasionado debate por una ley que no era prioridad en su programa: la de Identidad de Género.

Sin ninguna opción de desentenderse del tema, el Ejecutivo y sus parlamentarios tuvieron que montarse sobre la marcha en un caballo que, para ellos, no estaba en el partidor.

Dicha ley lleva años en el Congreso y los desacuerdos son los que hoy la tienen en la Comisión Mixta. Su inesperado y fiero debate tomó cuerpo gracias al Óscar recibido por el filme 'Una Mujer Fantástica', interpretada por un transgénero, ex peluquero y maquillador, hoy actriz aficionada, Daniela Vega.

El hecho de que en su cédula y en su pasaporte figure como Daniel encendieron aún más la discusión, que tiene a medio mundo dividido en la centroderecha y compungido al cardenal Ricardo Ezzati, tratando de explicar lo inexplicable por un exabrupto suyo.

El transexualismo no es nuevo en el mundo ni en Chile, sólo que ahora está de actualidad, al mismo nivel del homosexualismo.

Los gigantescos cambios aperturistas de la sociedad chilena son los que permiten hoy conocer y convivir con la diversidad sexual. Hasta el siglo XX, los 'anormales', como despreciativamente se les clasificaba, eran escondidos, desterrados y hasta exterminados.

En el marco de estos seres protagonistas de vidas difíciles de sobrellevar, los más infelices siempre han sido los transgénero: nacieron físicamente con los aparatos reproductivos equivocados. Hombres en cuerpos de mujeres y mujeres en cuerpos de hombres.

Hasta la fecha, y proporcionalmente a su número, son pocos los casos 'normalizados' por la medicina, ello gracias a la implantación o eliminación del miembro, según el requerimiento.

En la década de los 60, en un teatro de variedades capitalino, se presentó una curvilínea vedette francesa que había sido varón, y en la de los 70 vino a jugar tenis a Talcahuano una doctora norteamericana que anteriormente fue hombre.

En la actualidad, en un hospital de Santiago, está a cargo de uno de sus departamentos clínicos una doctora que viajó al extranjero hace cuatro años para dejar de ser varón.

Sin embargo, no todo parece tan fácil desde la perspectiva de estos ejemplos. El encendido debate de estos días dice relación con el cambio de sexo de los menores de edad: sólo a partir de los 18 años, legalmente un ciudadano está en su derecho de tomar la decisión que quiera en esta materia.

No obstante, una realidad muy trágica y triste es la que viven cotidianamente los transgénero menores de edad. Sobreviven acosados por la impotencia y angustia de no poder ser realmente lo que son y sienten, y en no pocos casos sufren las drásticas imposiciones paternas de comportarse y vestir de acuerdo a su figura física. Al enfrentarse a un camino sin salida, muchos optan por el suicidio.

En Chile, los menores de 18 años están legalmente impedidos de beber y comprar alcohol y cigarrillos, ver filmes para mayores, conducir vehículos, mantener instrumentos bancarios, firmar documentos legales y salir del país sin autorización paterna. Se les considera tan faltos de responsabilidad que hasta son inimputables en la comisión de delitos.

No deja de ser una contradicción aberrante, y hasta ridícula, que estén impedidos de tantas y tan comunes acciones y se les quiera permitir que a los 10, 11, 12 o 13 años puedan tomar una decisión trascendental para sus vidas, como es cambiarse el sexo.

Ésta es la gran y única valla que hay que salvar para que estos niños y adolescentes puedan salir del infierno en que viven. Si se les concede la libertad legal de decisión se vulneraría lo que establece y ordena la norma vigente para menores de edad, de tal modo que la única instancia de solución está en la ciencia, en la medicina.

En el caso de los transgénero no existen reparos ni cuestionamientos valóricos, éticos ni morales, porque el de ellos es un problema biológico.

No parece suficiente garantía dejar en manos sólo de los legisladores seleccionar una vía de solución a dicho drama. En sus casos no hay más protagonistas que ellos mismos, porque nadie más puede graficar con exactitud el sentimiento y los costos de llevar a la fuerza una vida falsa.

La medicina chilena está más que madura y capacitada para abordar una definición caso a caso, y desde todas sus especialidades. requeridas y, luego, entregar su pronunciamiento científico a un juez que lo valide jurídicamente.

El transgénero es consecuencia de un error natural de la concepción humana; por tanto, sólo la ciencia y nadie más que ésta puede corregirlo.

Los padres, lejos, son las víctimas casi exclusivas de los menores transgéneros y es a ellos a quienes hay que pedirles el primer aporte de comprensión.

Comprensión y no compasión, como erróneamente ha sido frecuente escuchar respecto a estos menores durante el debate de la ley. Mientras no se resuelva médicamente acerca de su dramática situación, son sus progenitores los que tienen que pavimentar el camino a esa solución, permitiéndoles que lleven la vida que sienten, que desarrollen sus conductas naturales y no ficticias y que luzcan las características propias de lo que su organismo les dicta.

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