DON ÁLVARO, EL CAREPALO


VOXPRESS.CL.- En su objetivo de tantear la disposición de los partidos opositores para integrar comisiones transversales que trabajen en los futuros proyectos de ley para los cuatro grandes pilares de la primera etapa de Gobierno, el ministro del Interior invitó a conversar a la directiva del PS, el partido opositor mayoritario en el Congreso.

Hasta La Moneda llegó la mesa socialista, encabezada por su presidente Álvaro Antonio Elizalde Soto (48), talquino de nacimiento. Él fue puesto en dicho cargo por Isabel Allende, luego de que una 'comisión' se encargara de dejar fuera a sus competidores, manipulando al Comité Central.

Su debut en el mando fue "desconocer absolutamente" que el PS había invertido sus fondos en el mercado de capitales para obtener una millonaria rentabilidad.

El ministro Chadwick les informó a los dirigentes socialistas que el Gobierno vería con buenos ojos que gente de su partido participase activamente en las comisiones de trabajo que se convocarán para materializar las leyes más urgentes, como seguridad ciudadana, SENAME, salud pública y La Araucanía. Como un atractivo adicional, les contó que en la nueva norma sobre los inmigrantes se considerarán aspectos del proyecto presentado por su correligionaria Bachelet.

A la salida de la reunión y, recordando su breve paso como vocero de Gobierno, en la puerta de La Moneda despreció todo lo conversado, calificando al Presidente de un "monologuista que no dialoga", lo acusó de "ocultar con letras chica sus verdaderas intenciones", se definió enemigo de comisiones, "porque las leyes hay que discutirlas en el Congreso de cara al pueblo" y aclaró que para el PS son más urgentes…¡la Ley de Pesca y las pensiones!

Elizalde se reveló, así, como el más genuino de los carepalos de la política actual. Martha Hildebrandt, lingüista peruana, redactora de la sección 'El Habla Culta' de El Comercio de Lima, define carepalo como la pronunciación normal de la locución sustantiva cara de palo, que significa ‘rostro inexpresivo’ y que, en sentido figurado, se aplica a personas cínicas o desvergonzadas.

Elizalde Soto es el estereotipo del responsable de que la política chilena haya llegado a niveles tan precarios y que, hoy, sea el sector peor evaluado por la ciudadanía. Desde que se recibió de abogado a fines de los 90, nunca ---¡nunca!-- ha desempeñado un trabajo que no sea en la administración pública. Tras fracasar en un intento por ser diputado, desde marzo es senador por Maule.

Fue asesor del Ministerio del Interior; jefe de Gabinete y asesor jurídico de la Subsecretaría de Desarrollo Regional; jefe de Relaciones Institucionales del Instituto de Normalización Previsional; subdirector de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO); Superintendente de Seguridad Social y ministro vocero de la Secretaría General de Gobierno, desde donde fue removido poco después de estallar el escándalo de Caval.

Casado con Patricia Roa, armó uno de las trenzas familiares más extensas de socialistas en jefaturas de servicios públicos durante el Gobierno de Bachelet, con dos hermanas, María Eugenia, directora del centro de Salud CAPREDENA, y María Soledad, jefa de departamento de recursos humanos en el Instituto de Seguridad Laboral (ISL). Su cuñado José Roa, ex director del SERNAC, fue jefe del programa Estadio Seguro, que depende del Ministerio del Interior.

El presidente socialista, tras su visita a La Moneda, puso énfasis en que las prioridades de su partido son otras "porque tenemos una cosmovisión de la cual carece el Gobierno". En esa mirada universal incluye, como urgencias, sacar adelante una nueva Ley de Pesca y mejorar las pensiones de los jubilados.

Su Gobierno socialista y del cual fue ministro ---aunque fracasado--, tuvo cuatro años para presentar una nueva Ley de Pesca y no lo hizo, y respecto a las jubilaciones realizó apenas un saludo a la bandera en las últimas semanas en el poder.

Muy suelto de cuerpo desafió al Gobierno a "discutir las leyes de cara al pueblo", el mismo pueblo al que él ignoró, cuando se opuso a la primaria interna en la Nueva Mayoría e impuso a dedo la catastrófica candidatura de Alejandro Guillier y, de paso, lapidó las aspiraciones de Ricardo Lagos. Ha evadido siempre reconocer su responsabilidad directa en la pérdida del poder por parte de la izquierda, desenlace tras el cual estuvo 'desparecido' por varias semanas.

Se niega a eventuales acuerdos con el Gobierno, porque antepone el totalitarismo: el PS, el PPD y la DC se repartieron las presidencias de 68 comisiones en el Senado y serán éstas las que manejen las prioridades, los tiempos y el futuro de los proyectos de leyes.

Para Elizalde, el `primer objetivo de "las fuerzas progresistas" es "defender el legado de Bachelet", pero dice no estar informado cuando se le pide que explique porqué durante los cuatro años de su Gobierno el presupuesto para la educación escolar disminuyó un 32%.

Es vano el intento del Gobierno de entenderse con individuos de la calaña de Álvaro Elizalde. Es senador gracias a 31 mil maulinos ----¡apenas 31 mil en un padrón regional de 489 mil!-- que votaron por él y tuvo la desfachatez de discurrir un eslogan inverosímil para su campaña, 'Un Nuevo Liderazgo', siendo que está en política desde 1994, cuando, como presidente de la FECH, atacó duramente al Presidente de la transición, Patricio Aylwin.

Para conquistar simpatía electoral se 'disfrazó' de huaso y se subió a un caballo para participar en una procesión en honor a la Virgen, siendo que no se persigna desde que fue alumno del colegio católico Luis Campino. Un carepalo donde lo pongan.

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