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PACIFICAR, Y DESPUÉS NEGOCIAR

March 28, 2018

VOXPRESS.CL.- Un alboroto totalmente fuera de lugar originó en algunos sectores de la oposición 'progresista', específicamente en el PC y el Frente Amplio, el anuncio in situ que hizo el Presidente en cuanto a reformular la Ley Antiterrorista.

 

Desde la campaña presidencial se conoce  que uno de los objetivos prioritarios del Gobierno es poner fin al terrorismo en La Araucanía. Lo reafirmó tras asumir, al ubicar dicho conflicto entre las primeras tareas por hacer en la fase inicial de su administración, junto con la protección de la infancia, la seguridad ciudadana y la salud pública.

 

Incluso, durante el Gobierno socialista de Bachelet, el 'progresismo' negó la existencia de una subversión política en La Araucanía y, luego, atacó duramente al ex subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy (PS) por haberse querellado contra los guerrilleros, invocando  la Ley Antiterrorista.

 

Desde que un grupo reducido de comuneros comunistas, adiestrados por las FARC, hizo suya algunas zonas rurales de dicha Región, La Araucanía pasó a ser la más pobre de Chile, siendo rica en ganadería, trigo y fundamentalmente en el rubro forestal.

 

Dicha pobreza es consecuencia de un círculo vicioso que hay que cortar, y eso fue lo que se impuso como obligación Piñera, siendo fiel a un hecho de gran relevancia: en La Araucanía obtuvo el 63% de los votos en la elección presidencial.

 

Escuchó la voz de la gente agobiada por tanta violencia impune, de propietarios atacados o  por trabajos perdidos y, fundamentalmente, cansada de vivir día y noche con el temor a un asalto, a un incendio, a una emboscada o a un balazo sin conocer, casi nunca, a su autor o procedencia.

 

El imponer el pánico escondido tras una capucha y con armamento de guerra es terrorismo, aquí, en Francia, España o Perú.

 

En un ambiente tan hostil como es el que, desde hace años, se vive en La Araucanía es imposible que actúe con normalidad el ciclo de la productividad. Todos sus protagonistas tienen miedo, hasta de salir a trabajar, claro, menos los comuneros subversivos.

 

Voceros del 'progresismo',  que se pelean los micrófonos para poner la proa a la iniciativa presidencial, no residen en la amplia zona del conflicto  ---sino, muy distantes---, duermen tranquilos y no reciben amenazas escritas con una bala incluida.

 

Sólo se necesita una pequeñísima dosis de coherencia y buen criterio para dejar el debate restringido a los legisladores que sufren en carne propia el conflicto, del color que sean.

 

Un caudillito frentista, que representa a Santiago en la Cámara, se declaró partidario de eliminar la ley, porque "en el país no hay terrorismo", días después de que la Justicia condenara a 23 años de cárcel a quien hizo estallar una bomba en una estación del Metro.

 

La ceguera política de la izquierda, de escalar en esta dirección, puede terminar trabando cualquier solución a problemas realmente graves.

 

Entender la reformulación de la Ley Antiterrorista como una "militarización" de La Araucanía refleja una imbecilidad supina. Lo que el Presidente planteó fue una modernización de la norma, dada su antigüedad, poniéndola en un rango internacional y que implique cambios no sólo policiales, sino también jurídicos.

 

Luego del escandaloso fracaso de la Operación Huracán --con el visto bueno del anterior Gobierno--, es imposible no incorporar, ya mismo, la tecnología de punta en materia de inteligencia e infiltración para desbaratar organizaciones criminales como las que operan en La Araucanía. Conjuntamente se requiere de una Justicia menos rural y primaria para asumir y resolver casos de resonancia y de alta peligrosidad.

 

Aunque no parece ser una consigna generalizada en los sectores campesinos de dicha Región, es innegable que existen voces de reivindicación por tierras ancestrales de los mapuches. Hasta la fecha, todos los Gobiernos han intentado remediar esos reclamos con soluciones parche que son como una gota en el mar.

 

El Fisco compra caro propiedades a privados, se las regala a los comuneros, y hasta ahí llega. Al margen de que no se les brinda asesoría técnica, se ignora el destino de los predios: pueden ser bien explotado, arrendado, mal trabajado, abandonados o sus árboles cortados para ser vendidos como leña.

 

Hay mucho  ---quizás, demasiado--  por hacer en La Araucanía, pero lo primero de todo es pacificar sus campos, exterminar a los guerrilleros y reinstalar una paz duradera y que permita que la Región sea espejo de una rica productividad, como antaño.

 

La izquierda no lo percibe así. Exige una reivindicación territorial a rajatabla de 9 millones de hectáreas, con los actuales propietarios agrícolas de la Región expulsados de ella. 

 

Cualquiera democracia bien concebida no procede  con el totalitarismo 'progresista' y ni siquiera en una guerra se negocia la paz en medio de las balas.

 

Para un objetivo de tamaña envergadura como éste, los votos del 'progresismo' no están ni estarán jamás: son sus políticos los que se hallan  detrás de esta violencia en las sombras e impune. No sólo la respaldan públicamente, sino, además, la financian.  

 

 

 

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