UNA MUY MALA SEÑAL


VOXPRESS.CL.- Para ser el primer día del Presidente Sebastián Piñera en el poder, la señal enviada por los diputados de la oposición fue mala, muy mala.

Desde antes de asumir y en su discurso de la noche del domingo en La Moneda, el Mandatario entrante fue enfático en reafirmar su política de diálogo y búsqueda de acuerdo, y repitió las instrucciones a sus ministros de que, desde un principio, debían trabajar en esa dirección.

Sin embargo, de respuesta, recibió una bofetada.

El acuerdo a que temprano en la mañana dominical llegó la oposición para 'tomarse' la presidencia de la Cámara fue la peor noticia que esperaba el Presidente para iniciar su mandato.

Desde el 19 de noviembre de 2017 se supo que Chile Vamos no tendría mayoría en ninguna de las Cámaras legislativas, lo que iba a demandar la necesidad de ministros más políticos que técnicos y, fundamentalmente, negociadores. No obstante, esta intención de partir por los acuerdos como una alternativa de sacar al país de su condición casi tercermundista en que lo dejó Michelle Bachelet por su deuda fiscal, no tuvo eco en la oposición.

Ésta se limitó a palabras de buena crianza, como "seremos positivos", "no quitaremos la sal y el agua" y otras por el estilo.

Jamás fue ese su ánimo, y ello quedó de manifiesto en las angustiosas negociaciones previas al cambio de mando, cuando la Nueva Mayoría hasta temió por la fragilidad del acuerdo, y ello por dos razones: las dudas sobre la DC y el hecho de que Chile Vamos trabajó sigilosamente para dar con los ocho votos opositores que le faltaban para instalar a su propia gente en la testera de la Corporación. La candidata para la presidencia era la diputada antofagastina Paulina Núñez.

La esperanza del nuevo oficialismo de que la Nueva Mayoría, herida por la pérdida del poder, no se apropiase de la Cámara, se fundamentaba en las conflictivas relaciones de la DC con el resto del bloque y, específicamente, con el PC.

Dicha posibilidad, incluso, se acrecentó en la víspera del cambio de mando, cuando el Gobierno de Cuba impidió el acceso a su país de un diputado electo de la DC.

Es más, sectores de dicho partido, los escasos residuos del humanismo cristiano que le van quedando, hasta último minuto instaron a sus parlamentarios a no pactar con los comunistas ni con el Frente Amplio.

Sin embargo, igual lo hicieron, dando, así, los votos necesarios para que la Nueva Mayoría se quedase con la mesa, que juega un rol clave en la aceleración o desaceleración de los proyectos de ley.

Los voceros de la Nueva Mayoría y la DC festejaron eufóricos el acuerdo, y pese a que algunos intentaron bajar la presión, argumentando que se trata de un "pacto administrativo", lo indesmentible es que constituye una alianza política destinada a trabar, desde el Legislativo, la acción del Gobierno y empujarlo al fracaso.

En la autocomplaciente fiesta de despedida que hubo en La Moneda (jueves 8),, la frase más intercambiada entre los asistentes fue "nos vemos dentro de cuatro años".

Después del acuerdo que repartió los períodos --cuatro-- sólo entre parlamentarios PS y DC, hubo reales expresiones de júbilo, como "ésta es la primera derrota de la derecha", "todos los partimos progresistas estamos alineados férreamente" y, quizás la más incoherente de todas, "hemos sellado la unidad del sector".

La ciudadanía toda y particularmente la gente de sensibilidad de izquierda saben que mientras fueron Gobierno, sus partidos nunca actuaron avenidos e incluso dieron vuelta la espalda a quien ellos pusieron en La Moneda.

Ahora, en que se hallan en la adversidad y sedientos de recuperar a la brevedad el poder, dan ----según ellos-- este ejemplo de unidad…¡Qué cinismo!

Una mesa como ésta --golpe propinado al Gobierno pocas horas antes de que asumiera-- es una pésima señal para la puesta en marcha de los proyectos que "alegrarán los corazones" y sacarán al país de su estado de postración. No será fácil, sino muy complejo, buscar acuerdos con gente que acapara cuotas de poder para satisfacer sus propios intereses políticos lo más rápidamente posible.

El partido que perdió la gran oportunidad de ser bisagra de oro fue la DC que, ya definitivamente, es de izquierda, pues de centrista no le quedan ni las hilachas. Dos de sus diputados serán presidentes, repartiéndose los períodos con parlamentarios del PS.

Frescas están las circunstancias en que la DC se desembarcó de la Nueva Mayoría y las duras pugnas que tuvo con sus ex socios durante la campaña presidencial. Ello pareció el preámbulo de que el partido estaba en vías de retomar su ideario fundacional, pero terminó siendo capturado por su mayoría socialista.

Luego del 'pacto administrativo`' para dirigir la Cámara, se integró oficialmente al colectivo de "partidos progresistas", la nueva denominación engatusadora de la izquierda.

A la DC, a ésta radicalmente diferente a la de su origen, se le presentó la gran oportunidad de transformarse en un partido decisivo, clave y adquirir un rol gravitante en las próximas decisiones políticas, pero optó por el atractivo de una alianza en la que se siente ideológicamente como en casa.

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