UN DRAMA FANTÁSTICO

VOXPRESS.CL.- Aprovechando el vuelo populista que dio el Óscar al filme criollo 'Una Mujer Fantástica', la ex Presidenta, a días de dejar su cargo, puso suma urgencia al proyecto de ley sobre Identidad de Género que se halla en el Congreso.

La iniciativa legal forma parte del paquete de normas que Bachelet prometió oficializar durante su administración sobre diversidad sexual. Su otro sueño, el del matrimonio homosexual, se encuentra en la sala de espera.

Así como el fenómeno de la homosexualidad surgió con gran fuerza hasta forzar el Acuerdo de Unión Civil (AUC) y la llamada 'Ley Zamudio', ahora es el turno de la comunidad transgénero.

Su dramática realidad se ha acentuado con la revelación de innumerables casos de personas que viven penosamente por haber nacido con el sexo equivocado.

El número de ellos no es menor e incluso hay establecimientos educacionales que decretaron libertad de acción a sus alumnos para acceder al baño correspondiente a su sexo y no al de su definición corporal.

En términos generales, la ley de Identidad de Género está aprobada en un 50%, porque no halló dificultades en lo concerniente a los mayores de edad (18), a quienes se les simplifica su opción y acción de cambiar de sexo.

La ex estilista y maquillador Daniela Vega, protagonista de la cinta premiada por la Academia de Hollywood como mejor película extranjera, reconoció que el elogiado filme "sirvió para cambiar la percepción de muchos chilenos sobre nuestra realidad", pero admitió su desazón porque en su cédula de identidad aún aparece como Daniel.

El proyecto en discusión parlamentaria evitará ése y muchos otros contratiempos a este tipo de seres.

Sin embargo, los legisladores continúan sin ponerse de acuerdo sobre una solución para los transgénero menores de edad. La iniciativa del anterior Gobierno establece que en estos casos son los padres quienes deben resolver respecto a una eventual intervención quirúrgica.

La situación de estos menores constituye un verdadero infierno al interior de sus hogares, al ser obligados a comportarse y usar vestimentas que no corresponden a sus reales inclinaciones. Es digna de considerar la cantidad de suicidios de adolescentes que se ven impedidos de vivir su realidad tal cual hormonalmente la sienten.

En su desesperación, ellos piden que se les deje decidir su cambio de sexo, pero se estrellan con el frío estatus legal que, por ser menores, les prohíbe decidir, conducir, ver filmes para mayores, usar tarjetas bancarias, salir sin permiso al extranjero y, como éstas, muchas otras limitaciones.

Con ese cúmulo de restricciones ¿cómo se les puede permitir tomar una decisión tan radical y definitiva como es cambiar su sexo? Allí, en la incierta madurez de los menores, es donde radica la disyuntiva que tiene estancada a la ley.

Ahora bien, si ello implica un escollo absolutamente válido desde cualquier perspectiva, también surge como una dificultad enorme el nivel cultural de los padres, lo que pone en duda su equilibrio para asumir una decisión de cambio de sexo para siempre de un hijo.

¿Cómo atenuar la existencia de los menores transgénero a la espera de llegar a los 18 años, cuando puedan asumir la trascendental decisión del cambio? Si la facilitación del proceso para los mayores de edad parece un asunto zanjado para el Legislativo ¿qué tipos de ayuda debe prestársele a los menores para que, en su desesperación, no tomen decisiones fatales?

Resulta claro que su existencia, en las condiciones actuales, es casi imposible de soportar, partiendo por el mal ambiente en sus propios hogares y por la crueldad hacia ellos de parte de sus compañeros de colegio. El ¿qué hacer? es la gran interrogante que, casi de fantasía, nadie parece estar en condiciones de responder.

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