LA PAJA POR SOBRE EL TRIGO EN LA DC


La mal entendida "fraternidad" es la que orientó a la DC por el camino que la está llevando al despeñadero.

De un partido hegemónico, gigantesco y capaz de reinar en solitario en el poder político, es hoy una mueca de aquél, reducido a una bolsa de gatos, en la cual llevan las de ganar los más fieros.

Por culpa de esa fraternidad tan apreciada por los viejos estandartes, de "no hacer ni tener problemas", la DC está hoy en el peor momento de su historia.

En ese acendrado afán de mantener como virtud prioritaria la 'convivencia unitaria' -algo así como los clubes radicales de antaño--, los camaradas de la vieja guardia, ésos acuñados en el ideario falangista, abrieron la puerta de par en par a generaciones con otros intereses ideológicos.

Así como a fines de los 60, la paja se le fue para nutrir las huestes de la Unidad Popular, a partir de los 90 se le instaló progresivamente en su seno. Hasta podría decirse que el partido fue infiltrado, y ello ante la vista y paciencia de los herederos del ideario fundacional.

Las pruebas están a la vista: los 'cristianos' han ido renunciando en masa y a los socialistas --"progresistas"-- no les interesa que se queden.

Un diputado recién electo por Quillota, Daniel Verdessi, afirmó que “hoy a la gente no le interesan los grandes apellidos de la DC, ni Frei, ni Aylwin”.

Ésa es la trágica realidad que los auténticos decé permitieron que se instalara en el partido. El ala progresista, la mayoritaria, subordina el mérito de esos apellidos que hoy no importan, pero que tienen un espacio ganado en la historia política nacional e incluso, algunos, en la internacional.

Éste, que no es un pormenor, distingue a la gran DC de ayer con la empequeñecida DC de hoy. En la actual no hay colgajos siquiera del humanismo cristiano que llevó a sus fundadores a separar aguas del entonces Partido Conservador.

El grupo dominante hoy, que, falsamente. le prometió "aire fresco" al partido, es el mismo que se jugó en contra de su propia presidenta y candidata Carolina Goic y que exigió proclamar a Alejandro Guillier. Ahora pregona un continuismo y defensa de la 'obra' de Michelle Bachelet, tal como lo dejó plasmado en el voto político impuesto en la reciente Junta Nacional.

En las negociaciones con las corrientes más templadas del partido, el progresismo ---representado por Víctor Torres y Gonzalo Duarte-- marcó su sello en el documento: "la DC buscará acuerdos que permitan una mayor efectividad en el rol de defensa de los derechos de las personas, como fruto de la acción de los gobiernos en que hemos participado". "El partido desarrollará todos los esfuerzos para liderar el desafío, en el marco de la oposición, para impedir que se produzca algún retroceso en los derechos y conquistas que han beneficiado a los más vulnerables". Cualquiera no informado puede creer que dicho documento fue escrito en el salón presidencial de La Moneda.

Gutenberg Martínez, que intentó vanamente imponer otro contenido y otra redacción, anunció un "período de reflexión", previo a una eventual renuncia, en tanto el consejero Víctor Hernández recurrió al Tribunal Supremo decé en búsqueda de la anulación del voto "por falta de quórum".

La Junta resolvió la realización de un Congreso Doctrinario, para el cual fue propuesto Eduardo Frei para presidirlo, pero tras el voto político, éste rehusó encabezarlo.

Hay quienes confían en que una asamblea doctrinaria podría frenar el avance del progresismo al interior del partido. Ignacio Walker pronosticó que "en marzo, la DC iniciará en solitario su travesía por el desierto", dando a entender que concluyó el tiempo de las alianzas y de los pactos.

No obstante, el voto político establece claramente que se buscarán acuerdos con todos los sectores de la oposición "sin vetos", noticia que alegró al Partido Comunista.

Creer en que el Congreso Doctrinario puede retrotraer al partido a su esencia, puede ser sólo un buen sueño. El influyente ex vicepresidente y competidor a la presidencia contra Carolina Goic, el diputado Víctor Torres, aclaró que "la única y máxima autoridad del partido es su Junta Nacional. Ninguna otra instancia puede decidir o imponer algo".

Entonces, poco o nada más que hablar: la paja se separó del trigo en la DC y las reiteradas señales de izquierdización del partido hoy constituyen toda una realidad.

Los maquillajes que se intentan hacer acerca de su nuevo domicilio político son sólo para evitar que sigan las renuncias de militantes. Son meros trucos dilatadores y de distracción, como el casi cómico argumento de su secretario general: "a partir de ahora, el partido es el centro de la centroizquierda"…

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