SOSPECHOSO, POR DECIR LO MENOS


Sospechoso, desde el ángulo que se le mire, resultó la confesión del economista jefe del Banco Mundial, Paul Romer, respecto a que Chile fue perjudicado en los dos Gobiernos de Michelle Bachelet, y beneficiado en el primero de Sebastián Piñera. por una errónea metodología en el ranking de competitividad de países difundido por dicha entidad.

Romer es un reconocido activista en contra de la macro economía.

En una entrevista al Wall Street Journal, el economista reconoció un "error en la metodología" usada por su colega Augusto López, que hizo retroceder a Chile en las administraciones de Bachelet y mejorar su ranking durante el anterior Gobierno de Piñera.

La revelación, así planteada, hipotéticamente ahuyentó a eventuales inversiones extranjeras en Chile.

La Presidenta y su séquito incondicional de colaboradores ---entendidos o no en la materia-- pusieron el grito en el cielo y --¡aleluya!-- radicaron allí la perfecta excusa para los fracasos de ambas administraciones socialistas.

El ministro de Hacienda calificó de "importante" el efecto de "ese engaño" en el resultado electoral, en tanto el presidente del PC, Guillermo Teillier, denunció que "Piñera utilizó esos datos falsos en su campaña".

El argumento oficialista fue que los inversionistas internacionales se guían por los datos del Banco Mundial para determinar donde hacer crecer sus capitales.

Ninguna transnacional en el mundo decide invertir en un lugar, ciñéndose exclusivamente a un ranking. Antes de una decisión que implican miles de millones de dólares, los mega empresarios hacen exhaustivas evaluaciones y ponen mayor énfasis en los riesgos originados por los escenarios políticos.

De haber habido macro inversionistas interesados en Chile, obviamente hubiesen desconfiado de los regímenes socialistas de Bachelet.

Mucho más que revisar un ranking en la página web del Banco Mundial, un inversor se forma la imagen de un país por su crecimiento económico, y en ambos casos de los Gobiernos de Bachelet, aquél iba a la baja sostenida.

Haberle dado tan histérica trascendencia a un funcionario de segundo orden fue ignorar la dimensión del Banco Mundial. Es una gigantesca entidad financiera con un presidente y un directorio, el cual --a las horas-- salió a desmentir a Romer, certificar la veracidad del ranking y obligar a su economista a dar disculpas por su mala intención..

Romer se arrogó la facultad personal de pedirle perdón "por el daño causado" a Chile y "a otros países". No mencionó ni se conocen cuáles son.

El Banco Mundial es una fuente de asistencia financiera y técnica para los países en desarrollo y su objetivo es reducir la pobreza mediante préstamos de bajo interés. Tiene 189 países miembros, entre ellos Chile.

Cuenta con oficinas en 109 naciones y más de 10.000 empleados. Otros 5.000 lo hacen en forma temporal.

Cada país miembro está representado en la Junta de Gobernadores. Por norma, tal misión recae en los ministros de Hacienda y/o Finanzas.

Al incorporarse como miembro, el país garantiza una suscripción de capital, pagando sólo un pequeño porcentaje de dicha garantía. El resto del dinero es amortizado a la vista. La suscripción de capital asignada es proporcional a la riqueza del país.

Siendo Chile miembro y parte de su Junta de Gobernadores sus ministros de Hacienda --con reuniones anuales--, es imposible creer que ninguno de ellos se haya percatado, en su momento, de que el Banco le estaban haciendo trampas al país.

Aunque pequeño es su aporte societario, al lado de Estados Unidos, Rusia, Japón, Reino Unido y Francia, Chile tenía, y tiene, derecho a voz para hacer ver, al menos, su extrañeza.

Hay que concluir, entonces, que los ex y actuales miembros chilenos de la Junta de Gobernadores, Andrés Velasco, Alberto Arenas, Rodrigo Valdés y Nicolás Eyzaguirre, asumieron como realista la ubicación de Chile en el ranking de competividad.

No deja de ser 'curioso' --definido de un modo misericordioso-- que tamaño 'error' haya sido difundido en una entrevista secundaria y en desconocimiento de los máximos ejecutivos del Banco Mundial.

Este solo hecho, nada más que éste, insta a creer que hubo una dolosa intencionalidad en inventar un error para ayudar al Gobierno, muy afligido por la falta de votos. Pudo significarle un empujón de no haber fallado el cálculo del Wall Street Journal en la fecha de publicación de la entrevista.

Dada las alharacas reacciones del oficialismo y sus caprichosas conclusiones, todo apunta a que debía darse a conocer antes de la segunda vuelta presidencial.

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