DEL TERRORISMO A LA CONSPIRACIÓN

January 23, 2018

 

La complicidad de este Gobierno con la izquierda ultra le está pasando la cuenta en forma arrolladora.

 

Para no originarle urticarias al socialismo internacional, La Presidenta jamás asumió una conducta firme frente al terrorismo en La Araucanía.

 

Consciente ella del respaldo que se le brinda desde el exterior a los comuneros extremistas y timorata por la permanente vigilancia de agentes de derechos humanos, dejó que La Araucanía rural se transformase en un polvorín.

 

Incluso, la justicia argentina le informó que desde ese país provenía el armamento de guerra utilizados en las acciones terroristas de comuneros subversivos.

 

Ella optó por combatir la violencia guerrillera con una estéril y fracasada mesa de negociaciones,  a la cual nunca se sentaron los extremistas.

 

Reprimidos por intereses políticos e inhibidos en su accionar por el soplonaje  de los agentes de dd.hh., Carabineros nunca pudo dar con los cabecillas de "la lucha", como éstos la llaman.

 

Ello, hasta que los extremistas dejaron su huella en la autoría de una masiva quema de camiones forestales: Coordinadora Arauco Malleco (CAM), cuyo jefe es el temible Héctor Llaitul.

 

Mientras éste era buscado en la zona, estuvo en Santiago, ofreciendo conferencias revolucionarias, invitado por universidades del Estado.

 

La PDI dio, finalmente, con el paradero de Llaitul y su banda, pero por falta de pruebas de que fueron los autores del incendio, la justicia los dejó en libertad. Lo mismo ocurrió con los 11 imputados por el crimen del matrimonio Luchsinger/McKay, con la diferencia de que la Corte de Temuco ordenó repetir el juicio, excluyendo al excéntrico y comprometido juez José Ignacio Rau, que los declaró a todos libre de culpa.

 

De esos 11, varios de ellos permanecen con medidas cautelares en espera del nuevo proceso, en tanto otros continúan sin ser ubicados "porque están trabajando de temporeros y no se sabe dónde"…

 

Cuesta imaginarse a terroristas trabajando tierras de huincas que, según ellos, se las arrebataron a sus antepasados.

 

La decidida y solitaria acción del subsecretario Mahmud Aleuy de aplicar la Ley Anti Terrorista, dio  ---al fin-- luz verde a Carabineros, cuyos funcionarios de Inteligencia detectaron contactos vía whatsapp entre el jefe de la CAM y una abogada de la Fiscalía y un agente de la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI).

 

En los mensajes, ambos funcionarios del Estado alertan a Llaitul sobre la operación Huracán de la PDI, que culminó con la pandilla detenida, pero sin evidencias condenatorias. Éstas se hallan ocultas o fueron hechas desaparecen.

 

Si el pavor político de la Presidenta por intervenir en el conflicto terrorista  alentó y multiplicó sus acciones, este descubrimiento conspirativo de dos funcionarios del Estado a favor de los terroristas, es de una gravedad incalculable.

 

La proclamada finalidad de los comuneros extremistas es expulsar de La Araucanía rural a todo aquél que no sea mapuche e instalar, al estilo califato del Estado Islámico, una nación "soberana e independiente". Aseguran que "para eso seguimos en la lucha".

 

Chile quedaría partidos en dos.

 

Prueba de su férrea determinación fue la violenta negativa de una comunidad mapuche de Malleco a ser censada el año pasado.

 

Mucho más allá de su ideología recibida directamente del Partido Comunista y de su formación militar en las FARC, estos subversivos buscan una partición excluyente del territorio nacional.

 

Toda autoridad nacional, de la sensibilidad que sea, debe cautelar la integridad territorial, porque así se lo ordena la Constitución. Para ello hay que actuar con determinación y proceder con dureza en terreno. Hasta el momento, nadie se ha atrevido a hacerlo.

 

Precisamente porque no se trata sólo de una aspiración política que hay que ayudarla o neutralizarla, es que se debe operar con premura y energía. El rol de 'ayudistas' de dos funcionarios del Estado, y uno, parra más gravedad, de la ANI, exige ir mucho mas allá de una querella,  como la anunciada por el Gobierno.

 

De un brinco, se ha pasado del terrorismo a una conspiración interna que hay que penetrarla y extirparla sin miramientos, y ello aunque a la Presidenta se le irrite el colon, al presenciar la seguidilla de desaguisados que están marcando el final de su paupérrima gestión.

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