EL MENSAJE QUE SE DEBE ESCUCHAR

December 28, 2017

 

De la elección presidencial hay dos circunstancias que grafican la sensación de la ciudadanía frente a tan crucial acto democrático.

 

Una es la mesura con que Chile Vamos asumió la victoria, sin excesos ni desbordes, y la otra es la toma de conciencia de la Nueva Mayoría de que su contundente derrota fue consecuencia de sus propios errores.

 

El triunfo, categórico pero recibido con mesura por unos, y la derrota que hace tragar saliva a los otros, tienen una explicación común: el cansancio de la población con un censurable estilo de hacer política.

 

En su ofuscación, algunos de la izquierda han pretendido apuntar como culpables al candidato y,  otros, al Frente Amplio que no se hizo presente con todos sus votos.

 

Ambas impugnaciones, en todo caso, también son exclusiva responsabilidad de la propia coalición oficialista: fue ella la que ungió al peor candidato posible y ninguneó al Frente Amplio, definiéndolo como "una manga de aventureros inexpertos".

 

No hay excusas, entonces, para diversificar causas de la paliza recibida por la Nueva Mayoría, en particular, y por la izquierda, en general.

 

Es éste el mensaje que, desde ya, tiene que estar recibiendo el próximo Gobierno: tomar debida nota del cúmulo de errores que arrastraron a su debacle al oficialismo.

 

La avalancha --inesperada-- de votos opositores fue un grito de protesta en contra de la total descomposición de quienes manejaron el poder.

 

Al encarar el desafío de armar un Gobierno que no le aportará gran colaboración en el Congreso Nacional, las nuevas autoridades deben priorizar lo que no deben hacer por sobre lo que deben hacer.

 

La (ex) Nueva Mayoría, por idea y obra del PC, intentó pasar la aplanadora, imponer leyes y reformas atropelladoras de ciertas libertades y derechos universales. La contrapartida a ello es la búsqueda de acuerdos y consensos, lo que será tremendamente difícil por  el nuevo armado del Parlamento.

 

Ésta tendrá que ser una estrategia muy abierta y de cara a la población para que conozca en detalles lo que se propone y quede al tanto de quienes se niegan a colaborar exclusivamente por motivos ideológicos.

 

El Gobierno entrante tendrá que precaverse al máximo de ser creíble y confiable. La población castiga las mentiras y los engaños, las volteretas y las promesas incumplidas. Si no, que lo diga ahora la (ex) Nueva Mayoría.

 

La gente se cansó de presenciar el desfile de corruptelas por delante de sus narices, asumido por este Gobierno y por la clase política como algo normal. El primer asomo de corrupción tendrá que ser inmediatamente eliminado con la sanción pública correspondiente.

 

Ningún funcionario del nuevo Gobierno puede ser llevado a una interpelación por malos manejos y, menos, ser defendido corporativamente, como ocurrió con Javiera Blanco /DC).

 

La población se saturó de la práctica de hablar más que actuar. La sociedad actual, fruto de sus continuas mutaciones, quiere ejecuciones y no discursos.

 

Un vicio que desde tiempos inmemoriales el chileno lo condena es el nepotismo: favorecer a  parientes y familiares.

 

Es inmoral y arbitraria la cantidad de 'trenzas' que se formaron al interior de  este Gobierno, y ello no puede, ni debe, repetirse: largas listas de parentela ubicada en diversos cargos públicos.

 

Una autoridad tiene que  regirse por los méritos de las personas y no otorgarles cargos bien remunerados para contribuir al engrosamiento del patrimonio familiar. La Contraloría General de la República, de por si tiene un arduo trabajo fiscalizar como para estar distrayendo su tiempo en detectar el mal uso de fondos fiscales en sobresueldos y beneficios ilícitos para parientes, amigos y camaradas.

 

Los partidos oficialistas tienen que ser cuidadosamente pulcros  en el manejo de sus capitales: no pueden caer en negocios oscuros y hasta ilícitos. Es natural que dispongan de recursos para sus cada vez más exigentes financiamientos, pero su destino siempre tiene que ser afín con la naturaleza de la gestión.

 

La Justicia detectó irregularidades en el comando presidencial de la actual Presidenta  --esto es, mucho antes de asumir--, pero por influencias superiores posteriores jamás pudo actuar. Ése fue el preámbulo de lo que más tarde vendría, y con generosidad.

 

No hay que bucear para encontrar las causas del prematuro agotamiento que la (ex) Nueva Mayoría le provocó a la gente. Esas mismas causas tendrán que estar anotadas en la agenda de cada autoridad y de cada nuevo funcionario, consignadas  como un pecado capital que conduce invariablemente al infierno.   

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