EL DESPERTAR DEL ‘MONSTRUO’

Permítasenos una comparación que, a algunos, les parecerá poco feliz, pero que sus protagonistas tienen raíces comunes.

Hace años, se le dio patente de ‘monstruo’ al público asistente a la galería del anfiteatro de la Quinta Vergara para los Festivales de la Canción.

Dicho ‘monstruo’ no fue, ni es, más que la reacción ruidosamente expresada en contra de un artista o humorista. Si no era, ni es, de su gusto, con silbidos y abucheos lo acallan y lo obligan a salir derrotado desde el escenario.

Es una porción de espectadores que no se detiene a escuchar siquiera un poco de una rutina, sino impone su gusto: “no me gusta” y punto.

El ‘monstruo’ (humano, desde luego) carece de argumento, adolece de impaciencia, obedece a sus instintos más bajos y es dueño de un intransigencia similar a la de las barras bravas del fútbol, a la de los encapuchados, a la de los rayadores del transporte público, a la de los atacantes a profesores en las escuelas, a la de los fabricantes de bombas Molotov, a la de los que queman buses y levantan barricadas y al del participante en cuanta manifestación callejera se convoque para exigir el inmediato fin de la institucionalidad vigente y el reemplazo del modelo liberal por uno estatista, donde todo, absolutamente todo, sea gratis.

El ‘monstruo’ es un libre pensador, odia cualquier tipo de restricción y poco le interesa si su revolución es viable o realizable. Todo su esfuerzo lo pone en su ideología: Jorge Sharpe, alcalde de Valparaíso, y emblema ultra por estos días, demoró ocho años en titularse de abogado en una universidad porteña. Llenaba su tiempo en la difusión de su ideario político..

Tienen buena memoria y repiten de corrido los eslogan con que sus mayores, desde niños, les inculcaron el desprecio por el capital, por lo privado y por los acuerdos.

Un 25% de adolescentes y adultos jóvenes no trabaja ni estudia. Es fácil deducir de dónde obtiene recursos para una subsistencia mínima.

Es apático por naturaleza y sólo se mueve cuando lo provocan, como esta vez, en que se le amenazó con la terrible posibilidad de que gobernase la derecha. Sólo ahí salió de la apatía que lució para las municipales del 2016 y para las primarias del Frente.

Quienes se presentan en el escenario de la Quinta Vergara tiemblan de pavor ante la eventualidad de que despierte el ‘monstruo’.

El paralelo viñamarino con lo ocurrido en la primera vuelta electoral tiene que ver, precisamente, con el despertar del ‘monstruo’.

La propia gente del Frente Amplio --de lo cual hay constancias fílmicas-- reconoció, tras la encuesta del CEP, un estancamiento de su candidata y de la decepción de sus huestes, que se restaron del trabajo territorial dada la convicción de que no iban a ser realidad sus sueños.

El ‘monstruo’ se fue a dormir, desconocedor de su incidencia en la elección presidencial. Alarmada por esta situación, La Moneda irrumpió con una avasalladora campaña anti-abstención…pero con la equivocada creencia de que, con ello, afirmaría a su candidato Alejandro Guillier. En definitiva, su intervencionismo, acompañado de una gigantesca cadena en las redes sociales dio resultados: despertó el ‘monstruo’ y concurrió a votar, pero no por la izquierda oficialista, sino por la dura izquierda opositora.

Se cumplió así el vaticinio de la candidata Beatriz Sánchez, quien pronosticó optimistamente que si la asistencia de votantes era alta, ella podía pasar a segunda vuelta: estuvo a tres puntos de hacerlo.

Es tan heterogéneo e inorgánico este ‘monstruo’ que del Frente Amplio sobrevivirán a la elección sólo tres partidos, porque el resto, sin representación ni votación mínima, tiene que desparecer de acuerdo a la ley electoral.

Su componente humano quedó al desnudo la misma noche de la elección, con un festejo basado en el cántico “Piñera, escucha, ándate a la ch….”. Su objetivo ‘programático’ lo dejó en evidencia otro estribillo: “cualquiera, cualquiera, menos Piñera”.

El `monstruo’ del Festival de la Canción juzga de acuerdo a sus caprichos, y este otro anda por las mismas: su fin es decirle no a todo lo establecido, porque nada sirve y lo que existe hay que derrumbarlo por malo.

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