LA ODIOSIDAD LLEGÓ AL FIN DE SU CAMINO


Incomprensible resulta que aún teniendo por delante un espacio político productivo, sea Marco Enríquez Gumucio el único (ex) candidato presidencial que parece haber llegado al término de su vida útil.

Fue sexto entre ocho y superado, incluso, por Carolina Goic, lo que ya es mucho decir.

Apelando a su condición de fundador del partido, resulta natural que su trinchera siga siendo el PRO. Pero en las dos anteriores elecciones y en la reciente, quedó en evidencia que su movimiento, en solitario, carece de la fuerza y de a convocatoria capaces de catapultarlo a las ligas mayores de la política chilena. Una vez le alcanzó para una diputación y ahora se enfrenta a un largo espacio en blanco.

Con una clientela electoral cuantitativamente fiel, aunque en descenso veloz, Marco Enríquez tiene el derecho a seguir siendo una voz en el escenario nacional, al igual que muchos otros dirigentes partidistas.

Sin embargo, él, más que nadie, porta ahora sobre su espalda una mochila que no conoció tras sus dos postulaciones anteriores: la del rechazo popular transversal.

Antes, era un tipo algo enigmático, participativo y valiente para expresar ideas novedosas respecto a la contingencia y a la problemática de la realidad nacional.

Pero en la víspera y en el desarrollo de esta reciente campaña electoral, algo hizo clic en él ---una tuerca, dicen algunos— que del niño terrible, asumido hasta con simpatía, pasó a ser el niño desagradable, repudiado y grosero.

Ninguno de los otros candidatos que quedaron en el camino, al margen de él, tendrá obstáculos para reinsertarse automáticamente en el ritmo cotidiano de la política.

Carolina Goic es senadora, de tal modo que su estatus no se verá sustancialmente alterado, y las únicas alteraciones que vivirá son las consabidas pasadas de cuenta al interior de su partido.

Alejandro Navarro, conociéndolo, volverá al Senado como si nada hubiese pasado, consciente él de que con su postulación nada de nada iba a suceder.

José Antonio Kast retornará a su banca de diputado, muy fortalecido y notoriamente potenciado no sólo en lo personal, sino en lo político. Su discurso terminó siendo representativo para medio millón de compatriotas. Si se lo propone, hasta tendría éxito con la creación de un referente.

No existe la mínima certeza de que Beatriz Sánchez se transforme en la líder del Frente Amplio por la presencia de otros pesos pesados al interior de él, y porque, en definitiva, ella fue sólo el instrumento para llegar donde se llegó. Como tributo a su trabajo, todo apunta a que desde ya le será reservado un cupo senatorial.

El profesor Eduardo Artés seguirá en lo suyo: en su modesto y ermitaño sueno de un edén comunista que hace tiempo dejó de existir, excepto en Corea del Norte, su modelo ideal de país.

Sin embargo, ninguno de ellos se enfrentará, como Marco Enríquez, a un enemigo invisible pero terrible: la repulsa general. Eso fue lo que se ganó durante su campaña, gracias a los majaderos y vejatorios ataques a sus contrincantes.

Todos los seres humanos tienen la libertad individual de criticar y opinar sobre lo que sea. Bajo estados de presión, también pueden atacar, pero con argumentos y con respeto, sin las groserías cotidianas que salieron de su boca.

Hacer de la injuria y la ofensa personal las únicas armas para postular a una Presidencial no sólo deshonra a quien lo hace, sino lo despoja de una mínima confianza y credibilidad. Ir por la vida insultando y desprestigiando a los demás, es una bajeza. La respuesta a su conducta fueron los 300 mil votos obtenidos.

Quedó, y está, solo en el mapa político, con la carga adicional, ahora, de su postrera hipocresía de convertirse al bacheletismo a última hora, tras años de enlodar a la Presidenta y a su Nueva Mayoría. Su demencial ‘patería’ lo llevó al extremo de proponer rebautizar una estación del Metro con el nombre de Michel Bachelet…

Sin amparos ni hadas protectoras, Enríquez se tendrá que enfrentar, imaginamos, a la continuación de la suspendida investigación por su vínculo ilícito con la brasileña OAS, financista de su anterior campaña, motivo por el cual una Fiscal hasta viajó a Brasil.

Problemas de subsistencia no tendrá, como no tiene desde que el Estado pagó a su madre y a él una indemnización de US$3 millones por la muerte de su padre Miguel, fundador del MIR.

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