LA ÚLTIMA PUÑALADA EN LA DC


A menos de quince días de la elección del próximo domingo, la ‘otra’ candidata de la Nueva Mayoría, Carolina Goic, recibió una feroz puñalada de parte de 12 diputados de la DC que oficializaron su muerte anticipada.

Desde que Goic se creyó el cuento y sustituyó su estrategia de ‘muñequear’ cuotas parlamentarias y de poder por una voluntariosa imposición de una inviable candidatura presidencial, la senadora marcó fatalmente su destino.

Exclusivamente por un capricho personal, presenta a esta elección a una DC atomizada, fracturada, con fuertes rivalidades y categóricamente derrotada antemano.

Pareció una hábil jugada la suya de poner en jaque una candidatura única de la Nueva Mayoría para negociar mejor la lista de candidatos al Parlamento. Pero nunca imaginó que sus aliados rehusarían sus condiciones, ante lo cual optó por una aventura personal, que desde comienzo a fin no tuvo eco ni proyecciones.

Olfateando su fracaso político, Goic tomó la peor de las decisiones: proclamarse ícono de la ética, tras lo cual se centró en un solo objetivo: lanzar puñetes para todos lados, descalificándolos…por su falta de ética.

Su éticocentrismo se estrelló de inmediato con la incredulidad general, y con la de sus pocos adherentes, que saben el historial de muchos de sus camaradas que son modelo justamente de lo contrario. Varios son aún parlamentarios y otros desean seguir siéndolo…¡con su apoyo!

En sus esbozos de programa de un eventual Gobierno nunca fue categórica ni presentó un sello claramente diferenciador del resto. En su desesperación, terminó echando mano al ‘legado’ de Bachelet, para anunciar que continuaría con su obra histórica de transformaciones.

Su voltereta de pasar a ser una contrincante de Alejandro Guillier a una sostenedora de la mismas propuestas de éste, fue el argumento a que se aferró un grupo de 12 diputados suyos para asestarle la última puñalada: 15 días antes de la elección pidieron que la misma noche del 19, la DC le diera su apoyo a Guillier para segunda vuelta.

Son los mismos que nunca quisieron una candidatura propia, sino única de la Nueva Mayoría, por sentirse ideológicamente más cerca de ésta que de la doctrina partidaria.

La bajeza en la política es rutinaria, ante lo cual nada puede sorprender. Pero lo obrado por este grupo de parlamentarios, por muy a disgusto que se hallen al interior de su partido, implica una canallada. Es un mensaje al electorado de su propia candidata, por escaso que sea, a no votarla por ser una pérdida de tiempo.

Esta vileza de los diputados no hace más que ratificar la certeza de que, del mundo DC, es poco el número que votará por Goic. Desde un principio se sabía que una amplia mayoría de las bases ----socialistas infiltrados en un partido humanista cristiano— no la quiere.

En tiempos recientes, no se conocía de una conducta pública tan siniestra como ésta, de proclamar con anticipación que su representante está derrotada. Uno de ellos –y no de los más transparentes-- anunció que “haré gestos de ir a felicitarlo y abrazarlo” (a Guillier).

Hace años que la DC venía siendo amagada por los fantasmas de un final poco feliz. Sus viejos y archiconocidos vaivenes y contradicciones la tenían, y ahora peor, a mal traer. Pero nadie imaginó que su última historia iría a ser escrita con la tinta de la traición.

Aunque no se crea, la directiva, del mismo equipo de Goic y que ha trabajado codo a codo con ella en la campaña electoral, ni siquiera reconvino a los diputados por su postura claramente atentatoria a los intereses del partido, mínimos, pero intereses al fin.

¿Qué se puede esperar de un otrora gran partido político que haya llegado a este estremecedor final? Así, con este tipo de hechos, de momento, nada.

Sólo contemplar la devastadora imagen de una solitaria mujer que, si bien se equivocó, no merece tan grosero agravio de los suyos.

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