PLAN BÉLICO MAL LLAMADO ‘ACUERDO’

No debió resultar grato al paladar de la izquierda el presuntuoso anuncio de la Presidenta en cuanto a que su Gobierno ha sido un gran aporte a “los intereses de todos los chilenos”, que fue mucho mejor que el de su antecesor y que pasará a la historia.

Hay que tener el cuero demasiado duro para dar como real lo irreal y, más aún, si los hechos demuestran lo contrario.

Chile tiene una población de impronta izquierdista y, por lo mismo, le debe dar vergüenza escuchar a su líder presentar como éxito lo que es un fracaso.

Desde su instalación y durante todo su tránsito hacia su final, el Gobierno socialista perdió adhesión y credibilidad, y de ello dan fe los bajísimos niveles de respaldo popular.

Es más, la izquierda lleva seis candidatos a la Presidencia y ninguno garantiza siquiera una remota opción de ganar en primera vuelta. Más bien al revés, se enfrenta al riesgo de que no haya una segunda.

En el entendido que la habrá, la izquierda está inserta en un debate para alcanzar un acuerdo frente a dicha instancia y, así, impedir el acceso de la centroderecha al poder.

Ninguno de los candidatos de la izquierda, ninguno de ellos, hace campaña entre sus eventuales adherentes a favor de sus propias propuestas y, excepto la abanderada del Frente Amplio, los demás no han presentado un futuro programa de Gobierno punto por punto y por áreas.

No obstante ello, dedican todo su tiempo, supuestamente dedicado a captar votos para la primera vuelta, a materializar un pacto programático para la segunda. Algo, casi de fantasía.

Uno de los factores que precipitó el prematuro fracaso de este Gobierno fue, precisamente, la escisión interna de la Nueva Mayoría y los desacuerdos tanto entre sus partidos como de éstos con el Ejecutivo.

El candidato oficialista Alejandro Guillier reconoció la existencia de diferencias ideológicas entre los referentes de izquierda que hoy compiten entre ellos por acceder a segunda vuelta. Ello genera una duda automática: ¿qué hace suponer que si no se entendieron en esta Nueva Mayoría, sobré que base van a llegar a un avenimiento para apoyar unánimemente a quien acceda a segunda vuelta?

El discurso izquierdista en este momento es el mismo de la víspera del triunfo de Bachelet, pero a poco andar se descubrió que el programa, elaborado por el PC, no fue leído por los demás. Sólo interesaba el poder por el poder.

Recientemente, el presidente del PC, Guillermo Teillier, aclaró que “por ningún motivo” su partido participará en un eventual Gobierno encabezado por la DC. No hay piso, entonces, para un acuerdo programático común que respalde al ‘candidato de todos’ en segunda vuelta.

Lo único viable en esta materia es un pacto electoral anti-centroderecha, al precio que sea, para bloquear a Piñera en segunda vuelta. Es mucho más honesto reconocerlo así, en lugar de plantear un utópico programa imposible de consensuar.

De hecho, el líder del Movimiento Autónomo, diputado Gabriel Boric, advirtió que no participará en un bloque “anti-derechista porque sí” y lo mismo opina Carolina Goic, quien, desde ya, repudia cualquiera instancia entre cuatro paredes “de espaldas a la ciudadanía”. Agregó un apéndice que no deja de ser curiosa, proviniendo de un DC: “no nos prestaremos para reunirnos a repartir cuotas de poder”.

Aunque la izquierda jamás ha sido garantía de confianza en sus pensamientos y procedimientos, tratándose de que la centroderecha no llegue a La Moneda, todo es posible. Hasta un acuerdo sobre sus desacuerdos.

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